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Cómo puede ayudar el cannabis en el tratamiento de los efectos del sida

Este 1 de diciembre es el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, la fecha reservada en el calendario para concienciar y educar sobre el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, una enfermedad causada por la infección del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Aunque cada año disminuye la cifra de personas de afectadas por este síndrome, en el 2016 un total de 1,8 millones de personas se infectaron, lo que equivale a una contaminación cada 17 segundos en promedio, una cifra alarmante.

El problema principal al que se enfrenta el mundo entero es que aún no existe una vacuna contra el VIH o un medicamento que cure el sida. Por si fuera poco, los tratamientos que tienen que seguir las personas seropositivas durante toda su vida para impedir que el virus se propague tienen un precio elevado y, en algunos casos, producen efectos secundarios. Además, no están al alcance de todos. Por estos motivos, muchos pacientes deciden recurrir a la marihuana para sentirse mejor, reducir su dolor crónico e incluso aumentar su apetito. No en vano, una investigación publicada en 2007 por la revista ’Neurology’ y disponible en la web demostró que el consumo de marihuana puede disminuir algunos de los dolores que sufren a diario los enfermos de sida. 

Disminuir el dolor

Según las informaciones publicadas por la Cruz Roja española, los efectos del VIH pueden variar en función de cada persona. De hecho, algunos infectados ni siquiera notan ningún síntoma hasta pasados unos años. Sin embargo, el virus va debilitando el sistema inmunológico lentamente y, cuando está muy deteriorado, se produce una pérdida brusca de peso superior al diez por ciento, fiebre o sudoración nocturna, fatiga persistente y aguda y fuertes dolores en ciertas zonas del cuerpo. 

Como sabemos, la planta del cannabis contiene principios activos con potencial terapéutico para aliviar el dolor, estimular el apetito, disminuir la náusea y atenuar la presión ocular, por lo que puede ser una gran ayuda para reducir algunos efectos más negativos.

En el caso concreto del dolor, el consumo de marihuana aumenta el porcentaje de pacientes que experimentan una disminución del malestar, según señala un estudio publicado por el ‘Journal of the American Medical Association’ en 2015. Entre los más de 400 componentes químicos de la planta, los hay que actúan con fines terapéuticos, como el cannabidiol (CBD) y el tetrahidrocannabinol (THC). Respecto a este último, algunas investigaciones han demostrado que este principio activo altera el sistema nervioso central para bloquear las señales de dolor que se transmiten desde el cerebro. Por ello, muchas personas eligen la marihuana como complemento natural y efectivo al tratamiento recomendado por el médico.

Para superar la depresión y abrir el apetito

La desnutrición, aunque no afecta a todas las personas seropositivas, es más frecuente en la población de infectados por el VIH y puede tener consecuencias muy graves para su organismo. Su máxima expresión es el Síndrome de consunción (‘Wasting syndrome’), definido como una pérdida involuntaria de masa superior o igual al 10 % del peso habitual, acompañada de fiebre (intermitente o constante) o diarrea crónica. ¿Cómo pueden ayudar los cogollos a las personas que pierden peso de manera alarmante y no tienen apetito? El THC presente en la planta, al ser consumido, interactúa con el organismo y estimula las ganas de comer.

Además de sentir hambre, al consumir la marihuana nos invade un sentimiento de placer, de euforia, de bienestar. Incluso después de unas horas de haber fumado o ingerido la planta, seguimos disfrutando de un estado de embriaguez. Aunque sea por un rato, nos olvidamos del resto del mundo, abandonamos los problemas y nos dejamos llevar por la alegría y el disfrute. 

No hay que subestimar los efectos de un buen ‘viaje’, ya que algunas de las consecuencias más severas derivadas de una enfermedad sin cura son psicológicas, y la marihuana puede ayudar a superar la depresión y la ansiedad. Según un estudio del Centro Médico Universitario de Utrecht (Holanda), el THC repercute en el cerebro alterando nuestra manera de percibir imágenes o emociones negativas. Esto significa que el cannabis nos puede dar el impulso que necesitamos para ver las cosas desde otra perspectiva más positiva y a afrontar las adversidades con otra actitud.

Lo primero es la prevención

El primer contagio oficial de VIH se diagnosticó en 1980 en San Francisco (Estados Unidos). Un año después apareció en España, en Barcelona. En esa época no había redes sociales, ni móviles con Internet, ni campañas que alertasen de lo importante que es tomar medidas para evitar el contagio. 

En estas últimas décadas se ha avanzado mucho en el conocimiento sobre la propia enfermedad, lo que ha permitido eliminar falsas creencias y cambiar la percepción que tiene la sociedad sobre el problema. De hecho, gracias a la difusión de información y a las campañas de prevención, se han logrado desterrar algunas de las etiquetas y estigmas que pesan sobre la población infectada y se ha conseguido lo más importante: reducir la mortalidad. No obstante, se necesita un esfuerzo extra para llegar al objetivo impuesto por la ONU para el 2020: que solo haya 500.000 nuevos casos en adultos frente a los casi dos millones que se suman anualmente desde 2003.

Según informa Cruz Roja España, lo primero que hay que hacer a fin de alcanzar este propósito es aclarar algunos de los aspectos claves sobre el contagio de la enfermedad. Para prevenir, es necesario saber que el VIH se transmite por vía sexual, sanguínea o maternoinfantil. Así, para que el virus entre en el organismo ha de contactar con un fluido infectante, como la sangre, el semen, las secreciones vaginales o la leche materna. 

Fuente Lamota.org

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