Consumo responsable: los peligros del ‘dabbing’ y cómo puede exponernos a toxinas cancerígenas

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El origen del ‘dabbing‘ se sitúa en los años 60 en Estados Unidos. Entonces, de una manera muy rudimentaria, los usuarios marihuana disfrutaban de los concentrados de cannabis utilizando el ‘método del cuchillo caliente’. Esto consistía en calentar el filo de un cuchillo, poner sobre él una muestra de aceite de cannabis y disfrutar del vapor que se desprendía con una caña o botella. Hoy, esta técnica de inhalación de concentrados se realiza con pipas de agua e instrumentos especializados que comenzaron a llegar al país norteamericano a partir del nuevo siglo y, más adelante, conquistaron Europa y el resto del mundo.

En los últimos años, el éxito del ‘dabbing’ se ha acrecentado, especialmente por su alta capacidad de producir un efecto rápido y potente. Sin embargo, no siempre es una técnica que se lleve a cabo correctamente, y esto puede producir sustancias peligrosas para los consumidores.

Un estudio presentado por la Sociedad Estadounidense de Química ha planteado los riesgos para la salud de esta práctica, al exponer a sus usuarios a niveles elevados de toxinas. A través de un análisis sobre cómo los productos químicos del cannabis concentrado se degradan con el calor, descubrieron que algunos de estos preparados, expuestos a altas temperaturas, desprendían compuestos tóxicos y cancerígenos.

Para esta técnica se utilizan los conocidos como ‘dabs’. Estas dosis concentradas de cannabis se obtienen a partir del THC y otros cannabinoides usando solventes como el butano o el dióxido de carbono, lo que da forma a aceites pegajosos. El BHO (también llamado aceite de hachís de butano, en sus siglas ‘Butane Hash Oil’) es uno de los más conocidos, aunque son populares asimismo las ceras, los ‘shatters’ (concentrados que a temperatura ambiente son sólidos, transparentes y frágiles como el cristal) o el ‘budder’, que tiene apariencia de crema. En estos compuestos se encuentran los primeros riesgos, al estar elaborados con productos inflamables; sin embargo, si el proceso está perfectamente regulado y se apuesta por productos acreditados y de calidad, no hay problema.

Ahora bien, el principal riesgo que estos investigadores encontraron en su análisis fueron las malas prácticas en la forma en que se consume. Para ello, se precisa de una especie de pipas de agua conocidas como torres y diseñadas especialmente para el ‘dabbing’. Estas torres pueden ser principalmente de dos formas, según la parte donde se caliente el concentrado. O bien contarán con un clavo hecho de titanio, cuarzo o vidrio, o con una especie de pequeña sartén de metal que se calentarán con un soplete. Tanto el clavo como la sartén están recubiertas con el fin de conducir el humo generado por el preparado a través de los orificios del cristal.

Además, se deberá utilizar un ‘dabber’, es decir, una pequeña varilla de metal o vidrio que se usará para colocar el concentrado sobre el clavo o la sartén caliente. Así, tan pronto como el aceite toque la superficie a alta temperatura, comenzará a vaporizarse rápidamente y generará el humo para el consumo. Es en este momento cuando se debe extremar la precaución, según estas últimas investigaciones estadounidenses, con Robert Strongin como principal autor.

Al igual que comentaba en estudios anteriores sobre los cigarrillos eléctricos, Strongin se centra en el proceso de combustión: cuando los terpenos del cannabis se someten a temperaturas extremadamente altas, peores son los componentes que producen, llegando incluso a ser irritantes, tóxicos y hasta cancerígenos.

En las simulaciones realizadas por estos científicos, aquellos concentrados que fueron sometidos a un calor mucho más alto de lo normal creaban vapores con niveles altos de metacroleína, un irritante que también se encuentra presente en los cigarrillos de tabaco cuando se fuma. También se halló acroleína, otro irritante asociado con mayores probabilidades de sufrir cáncer de pulmón, y benceno o benzol, otro compuesto que, aunque está presente en nuestro aire, en cantidades altas se ha relacionado con las causas de la leucemia.

“Los resultados de estos estudios indican claramente que el ‘dabbing’, aunque se considere una forma de vaporización, puede aportar toxinas al consumidor”, recogen en sus conclusiones. Sin embargo, esto, como hemos indicado, solo ocurre a altas temperaturas. Aun así, advierten que “la dificultad de los usuarios para controlar la temperatura les puede poner en riesgo”. Por ello, será necesario vigilar y controlar el calor al que sometemos nuestro cannabis antes de consumirlo.

¿Cómo evitar los peligros del ‘dabbing’?

Para la mayoría de los expertos la solución pasaría por regularizar el cannabis. Esto dejaría en manos de profesionales acreditados la producción de sustancias tan complicadas como el BHO y acabaría con muchos concentrados caseros que no guardan ningún tipo de control. Incluso evitaría muchos incendios domésticos y explosiones que resultan de la producción de este.

Además, cuando el BHO es casero, puede contar con un problema añadido: una mala purga. Esto significa eliminar los solventes e impurezas que han formado parte de su elaboración y que, en ningún caso, deben quedar en él para su consumo. Esta purga consiste en someter al aceite a presión atmosférica, que disminuye el punto de ebullición de cada uno de sus compuestos y permite eliminar algunos en frío y sin dañar el resto.

Para realizar esta operación de forma segura es necesario contar con un horno al vacío que, en muchos casos, está fuera del alcance de los consumidores debido a su elevado precio. Por ello, una vez más, hacerlo de manera profesional y con las herramientas adecuadas nos garantizará un BHO más puro, seguro y sabroso. Sin duda, en un ambiente profesional, todo ello se podrá controlar mucho mejor.

De igual modo, a la hora del consumo, si el aceite se somete a altas temperaturas pueden ocurrir riesgos como los anteriores comentados. No utilizar el aparato durante mucho tiempo, esperar a que la sartén o el clavo se enfríe del todo antes de volver a utilizarlo o controlar que nuestras herramientas no estén oxidadas son algunas de las pautas que podemos seguir para asegurarnos que ninguna sustancia nociva llegará a nuestro organismo. En definitiva, no se trata de otra cosa que realizar un consumo responsable que nos permita disfrutar de la planta al máximo.

El efecto que se siente durante el ‘dabbing’ no es comparable con la vaporización o combustión de flores secas, sino que resulta mucho más potente y con un elevado grado psicoactivo inmediato. Esto también se debe tener en cuenta, sobre todo si es la primera vez que ejecutamos este método. Incluso los consumidores más veteranos deben extremar la precaución, debido al intenso efecto que les producirá nada más inhalarlo.

Ante todo ello, Strongin y sus colegas científicos aseguran que es necesario un mayor número de investigaciones en torno al ‘dabbing’ y los posibles impactos de un consumo no controlado. Sin duda, aún queda mucho por contar sobre una práctica que no para de sumar seguidores dentro y fuera de Estados Unidos.

Fuente Dinafem.org

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