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La delicada tarea de hablar a los niños sobre marihuana

Los niños tienen una manera diferente de asimilar los conceptos y con ellos no vale cualquier lenguaje. Sin embargo, esto no significa que haya que evitar temas controvertidos. A medida que el cannabis está más presente en la sociedad y los debates políticos, los pequeños serán más conscientes de su existencia y harán preguntas. Según expertos y madres que ya han pasado por ello, no hay que temer contestar a sus dudas. La educación les ayudará a tomar decisiones cuando sean adultos.

Las falsas creencias sobre el cannabis están desapareciendo poco a poco del pensamiento de la sociedad, sobre todo en aquellos países donde el uso de la marihuana se ha convertido en una práctica legal. Por eso, como ocurre con otros muchos temas presentes en el día a día, es normal que los niños hagan preguntas y quieran saber qué es esa planta con propiedades excepcionales que, posiblemente, alguno de sus familiares cultive en casa y consuma por ocio o por motivos de salud.

“Los niños van a tener preguntas sobre el cannabis a medida que su presencia cultural y su acceso aumentan”, nos explica Allison Ray Benavides, trabajadora social y fundadora del Grupo de Apoyo al Cannabis Pediátrico de San Diego (California). También es madre del pequeño Robby, al que diagnosticaron una rara forma de epilepsia intratable cuando solo tenía tres años, en 2013. Gracias a un tratamiento con un concentrado de CBD, los ataques se han reducido enormemente, así como los efectos secundarios de otros medicamentos que disminuían su calidad de vida.

Ahora, la estadounidense ayuda a otros padres en situaciones similares. Aconsejar sobre cómo tratar el tema con los niños forma parte del asesoramiento: “Necesitan información honesta y práctica. Queremos que sean capaces de tomar decisiones cuando sean adultos, basadas en la educación”, asegura Ray. Por eso, es importante “crear un lugar seguro para explorar juntos los beneficios y riesgos de usar cannabis, así como considerar los valores personales y familiares”, prosigue.

Explicar a los niños de corta edad las características del cannabis y las particularidades de su consumo recreacional y medicinal no es tan sencillo como hablar de ello con un adolescente o un adulto y lleva asociado dificultades distintas. Según varios psicólogos expertos en educación e infancia a los que hemos consultado, lo ideal sería esperar a que alcancen una edad en torno a los 12 años, cuando ya “pueden diferenciar situaciones de otra manera” y asimilar que el cannabis está reservado para los adultos. Desgraciadamente, Ray no pudo esperar tanto, por eso asegura que, aunque no ve necesario que todo el mundo hable a su hijo de tres años sobre el cannabis, la conversación puede adelantarse si “se convierte en algo relevante en su vida”. Y añade: “No creo que haya que marcarlo como una ‘importante charla’ obligatoria que haya que tener a una determinada edad”.

A la hora de encarar esta situación, es aconsejable que los padres sean sinceros con sus hijos, aunque “adaptándonos a su lenguaje y su capacidad de entender ciertas cosas”, además de basar las apreciaciones en el pensamiento de los niños, su manera de aprender y la mejor forma de hablar con ellos. No hace falta mentirles, pero hay que tener en cuenta que “no tienen la capacidad de razonamiento de un adulto”. A diferencia de sus mayores, los niños basan su razonamiento en conceptos concretos y sus análisis son más simples: se sustentan, principalmente, en dicotomías del tipo “sí o no”, sin considerar otras posibilidades intermedias más complejas, por lo que ciertas cuestiones pueden causarles confusión.

Los cuentos como herramienta para los padres

Afortunadamente, existen algunos recursos que ayudan a los progenitores en esta delicada tarea: “Los cuentos y los juegos son una buena opción para tratar temas complicados”, indican los expertos. El libro infantil ‘The Gloops and the Special Plant’ (‘Los Gloops y la planta especial’, en español), del autor J.R. Fox, es un buen ejemplo. En la contraportada puede leerse el resumen de la historia: “Donde viven los Gloops, crece una planta muy especial. Esta planta no siempre ha sido bien entendida. De hecho, había una vez unos antiguos reyes que querían eliminar la planta para siempre ”.

Los protagonistas de este texto cargado de bonitas ilustraciones son una niña, Molly Gloop, su familia y la comunidad en la que habitan. El cuento ahonda en la historia de la prohibición del cannabis, así como en sus usos industrial y medicinal y los prejuicios sociales que rodean a la planta. Los “antiguos reyes” de la historia extendieron el rumor de que los amantes de esta planta especial son feos, perezosos y malvados.

Consciente de la delicada situación que los padres abordan, Fox ha reservado un espacio en la página web del libro donde dedica algunos consejos a los progenitores que quieran hablar sobre cannabis con sus hijos. Recomienda explicarles que la planta no es para niños, porque “sus cuerpos son pequeños y puede sentarles mal” y advertirles de que solo “los mayores pueden decidir si el cannabis es útil para ellos”, por lo que tendrán que esperar hasta ser adultos.

Además de la historia de Fox, hay otros ejemplos de libros infantiles sobre cannabis, como el titulado ‘If a peacock finds a pot leaf’ (‘Si un pavo real encuentra una hoja de hierba’), cuya autora, Morgan Carman, consume cannabis por motivos de salud. Por eso su obra cuenta la historia del pavo real Peter, que tiene depresión y mejora cuando prueba una planta muy especial. Se lo enseña entonces a otros animales, amigos suyos, a los que el mismo vegetal alivia dolores y ayuda a dormir mejor. 

Pero el primer manuscrito para niños sobre marihuana medicinal se titula ‘Mommy’s funny medicine’ (‘La divertida medicina de mami’), de los escritores Russell Barth y Christine Lowe. El cannabis terapéutico está legalizado en cada vez más países, donde algunas madres se dedican precisamente a distribuir la planta como una terapia entre los enfermos que lo necesitan. Ellas se enfrentan también a la difícil tarea de explicar a sus hijos en qué consiste su profesión, qué venden, y además deben prever que otras personas con prejuicios pueden dedicar comentarios inadecuados a los niños.

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Chanda Macias, que regenta un establecimiento de este tipo en Fort Washington (Meryland), lamenta que “tener hijos cuando trabajas en esta industria es un tabú”. Le ha explicado a su retoño de menor edad, con solo seis años, que trabaja en una especie de farmacia y que distribuye un tipo de medicina; así evita que en el colegio le discriminen o hablen de ello otras madres o profesores.

“Los niños aprenden por modelado, aprendizaje social”, explican los psicólogos. Esto quiere decir que “aprenden más de lo que ven y se les dice”, por lo que habría que explicarles bien la situación y los detalles. Por eso, ofrece como posibilidad la elegida por Macias cuando se trata del cannabis de uso terapéutico: hablarles sobre “una medicina o algo similar”, porque los niños saben lo que es un jarabe o unas pastillas, aunque indicándoles las restricciones.

Otro libro infantil que trata con un cuento el asunto del cannabis es ‘It’s just a plant’ (‘Es solo una planta’), cuyas páginas narran la historia de cómo unos padres hablan a una niña sobre marihuana, incluyendo personajes como un médico y un policía para abordar los temas legales y de salud. Su autor, Ricardo Cortés, indica que su obra “anima a los padres a explorar este tema y a responder a las preguntas que los niños tengan sobre ello, recordándoles siempre que probar ‘la hierba’ es una experiencia para adultos responsables”.

Para el pequeño Robby, “el cannabis es solo otra de sus medicinas”, cuenta Ray. “Es una planta, y no hay ningún tabú sobre ello y no tenemos que tener miedo de hablar sobre el tema cuando surja”, indica esta trabajadora social. Con la educación adecuada y una conversación con un lenguaje bien escogido, los niños pueden comprender las propiedades de esa “planta especial”. A medida que crezcan, “irán aprendiendo más sobre otras razones por las que las personas la consumen” y podrán decidir sobre ello cuando sean adultos.

Fuente Dinafem.org

 

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