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Los 'coffee shops' holandeses venderán marihuana legal cultivada por el Gobierno

Para muchos, pensar en Holanda es hacerlo también en cannabis. Sin embargo, a pesar de lo que comúnmente se cree, la planta no pasa por sus mejores momentos en el país. Mientras que su venta en los tradicionales ‘coffee shops’ sí es legal, el cultivo aún no. Aunque puede que por poco tiempo. El pasado 7 de octubre la alianza de Gobierno formada entre el centro y la derecha anunció la puesta en marcha de un plan de cultivo gubernamental que permita abastecer legalmente a los famosos cafés.

Aunque todavía se desconocen muchos de los detalles del proceso para establecer estos cultivos, el Ejecutivo, encabezado por el primer ministro Mark Rutte, ha querido mostrarse cauteloso en su implementación. Por eso, en una primera fase, el plan se pondrá en marcha en un número limitado de 6 a 10 municipios que deberán inscribirse voluntariamente para participar. Por el momento ya están interesados los de Breda y Eindhoven, ambos en la provincia de Brabante Septentrional, en el sur del país, donde el mercado negro de marihuana les afecta en especial. 

El Gobierno espera que formen parte de este proyecto piloto medianas y grandes ciudades, con el fin de saber cómo funcionarían el cultivo y la entrega de manera controlada en diferentes poblaciones. Una vez finalizado este experimento, los resultados serán evaluados antes de que Ámsterdam tome una decisión definitiva para instaurar estas medidas.

Por lo pronto, la unión de ‘coffee shops’ ha acogido la noticia con alegría; aun así, se muestra a la espera de más información para saber si verdaderamente resultará beneficioso tanto para sus negocios como para los consumidores de la planta.

Este anuncio se enmarcó dentro de un plan de políticas públicas que se prolongará durante los próximos cuatro años y que también contempla medidas para la reducción de las emisiones de carbono o el control de la inmigración, entre otras.

Medidas controvertidas y pensadas para frenar el mercado negro

En febrero de este año, el Congreso holandés aprobó un proyecto de ley destinado a regular el cultivo de cannabis. En él se contemplaba que el Gobierno pudiera conceder licencias de cultivo con el fin de que las autoridades vigilen la superficie ocupada, el volumen de las cosechas y su transporte. Además, se instaba a los propietarios de los ‘coffee shops’ a adquirir el cannabis a los cultivadores legales.

Este proyecto, al igual que las nuevas medidas del Gobierno, no solo pretende poner fin al mercado ilegal y a la delincuencia que lo rodea, sino que también es una forma de controlar la calidad de la marihuana puesta a la venta. El cannabis cultivado ilegalmente puede contener sustancias nocivas como pesticidas prohibidos, ya que nadie lo regula. Con ello, el nuevo Ejecutivo da los primeros pasos en pro de la salud de los consumidores. Sin embargo, el camino que se ha recorrido y el que aún falta no parece fácil.

Tras siete meses de intensas negociaciones tras los comicios, por fin los holandeses cuentan con un gobierno que no sea en funciones. El primer ministro Mark Rutte, del partido liberalconservador VVD, tiene el apoyo de los democristianos de la CDA, el liberalprogresista D66 y los calvinistas de la Unión Cristiana. Así, se prevé una legislatura inestable, que también afectará a la regulación cannábica.

El D66 siempre se ha mostrado comprometido por regular el cultivo, mientras que la mayoría de los miembros del VVD, un partido que ha estado en contra en numerosas ocasiones, votará por la aprobación del proyecto de ley en el Congreso. Por su parte, los dos partidos cristianos no lo ven con buenos ojos e incluso argumentan que es totalmente nocivo para la salud.

También la fiscalía pública se opone a la medida, argumentando que este experimento entra en conflicto con los tratados internacionales. Incluso asegura que la mayor parte de la marihuana cultivada en los Países Bajos se destina al extranjero, por lo que la producción regulada no tendría ningún impacto sobre la salud de los holandeses.

Por su parte, las investigaciones científicas apoyan la legalización a favor de la salud y los derechos humanos. Según un estudio de la Universidad de Radboud de 2015, las solicitudes para el cultivo regulado y el comercio de cannabis recreativo a menudo se basan en argumentos relacionados con la salud individual y pública, la seguridad de los ciudadanos y la lucha contra la delincuencia, es decir, las llamadasobligaciones positivas de derechos humanos.

Ahora bien, sus autores, el profesor Piet Hein van Kempen y la profesora Masha Fedorova, fijan una serie de condicionantes para justificar la legalización del cannabis en pro de los derechos humanos. Por ejemplo, será necesario que su aprobación cuente con el apoyo público y sea resultado de un proceso democrático nacional o que el propio Estado desaliente el uso del cannabis.

El consumo en los ‘coffee shops’: del auge a la persecución

A lo largo de su historia, los ‘coffee shops’ holandeses han sido muy populares dentro y fuera del país. Estos establecimientos donde está permitido comprar y consumir marihuana comenzaron a surgir a partir de los años 70. Entonces un vacío legal les permitía poner a disposición del público la planta siempre y cuando se no consumiera en la calle. Desde entonces su fama no paró de crecer convirtiéndoles en lugares de culto para los fans del cannabis.

Sin embargo, en 2004 las cosas comenzaron a cambiar y las leyes pusieron el foco sobre los ‘coffee shops’, lo que sin duda les ha perjudicado. Según datos del Ministerio de Seguridad, en la actualidad quedan en torno a 570 establecimientos de este tipo en todo el país, nada que ver con los 1400 que había a mediados de los 90.

En la actualidad, una persona mayor de 18 años puede adquirir hasta 5 gramos de cannabis para uso personal en ‘coffee shops’ de Holanda. En Ámsterdam también se vende a los turistas extranjeros, mientras que en el resto del país depende de cada ayuntamiento. Además, en su ‘stock’ no pueden tener más de 500 gramos.

En enero entró en vigor una nueva ley que limita el espacio entre un colegio y un ‘coffee shop’ a unos 250 metros. Así, unos 20 establecimientos de Ámsterdam tuvieron que cerrar, a lo que se unió la clausura de otros 30 debido a una campaña del ayuntamiento para depurar las zonas más problemáticas del famoso Barrio Rojo. A pesar de esta persecución,la capital holandesa sigue siendo el municipio con más ‘coffee shop’ por persona (uno por cada 4900 residentes) y en torno al 25 % de los turistas la visitan para conocer su cultura cannábica.

Ahora, las nuevas medidas del Gobierno que quieren controlar el cultivo muestran un nuevo aperturismo hacia la planta que, sin duda, no solo servirá para controlar el mercado negro, sino que ayudará a velar por la salud de sus consumidores como nunca antes.

Fuente Lamota.org

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