Aprovechamiento de los “restos” después de la cosecha (II)

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Por Neal C. Borroughs

Hash con algunos restosHash con algunos restos

Como os adelantábamos en el número anterior, el ser humano ha desarrollado un sinfín de formas de extracción y aprovechamiento de las partes de la planta que sobran después del manicurado, después de extraer la flor, esa parte de la planta que pondremos a secar, y posteriormente a curar, antes de ser consumida.

Estos procedimientos van desde la extracción de los tricomas que aún albergan las partes más cercanas a la flor hasta el aprovechamiento de la práctica totalidad de los “restos” mediante la elaboración de jabones, la ornamentación, la revegetación, etcétera. Los procesos que culminan con la obtención de tinturas, maceraciones y extractos en alcohol son otras prácticas muy utilizadas, además de las formas en que se presentaban la mayoría de productos farmacéuticos hace unas décadas.

Tamizado y purificación

En lo que se refiere a la extracción de tricomas, y continuando con el tema del tamizado que habíamos introducido en la primera parte de esta serie de artículos sobre el aprovechamiento de la cosecha, debemos explicaros en qué consiste el proceso de “purificación”.

La resina que obtenemos después de la selección y el tamizado que os explicábamos en el anterior artículo no es pura. Sea cual sea el tamiz, contendrá materia vegetal, polvo y tierra.

Como también os explicábamos en el artículo anterior, las impurezas de menor tamaño que las glándulas pueden separarse por medio de un tamiz de poro fino. Para la purificación se usan tamices con poros de un diámetro de entre 50 y 70 micras. Entonces, después de realizar el primer tamizado, hacemos una segunda criba con el tamiz de purificación. Las glándulas de una formación madura, junto con otros restos de un tamaño similar, quedarán sobre el tamiz, mientras el polvo, las glándulas inmaduras y los restos vegetales lo atravesarán.

Es obvio que este proceso implica que descienda la cantidad y aumente la calidad. No todo el mundo considera que esta pérdida de cantidad les beneficie, por lo que cada cual tendrá que preguntarse qué prefiere: calidad o cantidad. También debemos tener en cuenta que si vamos con cuidado de que las hojas secas no se pulvericen durante un primer tamizado, tendremos menos materia vegetal mezclada con la resina.

Si no queréis haceros con dos tamices de diferentes tamaños, podéis utilizar el tamiz que normalmente se usa para una primera extracción -de entre 135 y 150 micras- para realizar la purificación. Las glándulas de resina son redondas y pesadas, por lo que normalmente atraviesan el tamiz mucho antes que las impurezas.

Realizando el tamizado varias veces con poros de estos diámetros (135 – 150 micras) de forma suave y calmada, con mucho cuidado, haremos que quede sobre el tamiz la gran mayoría de impurezas vegetales. Cada vez que se realice un tamizado completo, se separarán los restos de flores, hojas y estigmas y las glándulas quedarán lo más limpias posibles.

Lógicamente, si realizamos el proceso de esta forma no obtendremos una resina tan pura como si lo hacemos con diferentes diámetros de poros. Aun así, se pueden obtener calidades muy similares con paciencia y buen hacer. Además, esta forma economizada de tamización conlleva la ventaja de separar los contaminantes de tamaños similares a las glándulas, algo que resulta imposible en el caso del tamiz de poro más fino.

hash primera calidadhash primera calidad

Si somos de esa clase de personas que nos gusta la perfección y la clasificación, podemos llevar la purificación un poco más allá y realizarla mediante diferentes tipos de tamices. Esto permitirá que clasifiquemos la resina obtenida por el diferente tamaño de sus glándulas. Ligada a la separación por tamaños se produce la separación por calidades, ya que las glándulas maduras, en su óptimo estado de extracción, serán las de mayor calidad y tendrán un tamaño concreto. Para hacer esto, deberíamos utilizar tamices de seis tamaños diferentes: 150, 130, 110, 90, 70 y 50 micras. Si los colocamos en serie, unos encima de otros, nos permitirá la separación glandular inmediata, y en el fondo del tamiz de 50 micras se recogerá el polvo y la materia vegetal pulverizada.

Recordad que es mucho más fácil tener cuidado a la hora de la extracción, para introducir la menor cantidad de contaminantes posibles, que realizar luego una purificación exhaustiva. El proceso de purificación mediante tamiz es pesado y trabajoso cuando existe una gran cantidad de residuos mezclados con las glándulas, y es muy difícil obtener un grado alto de pureza.

La temperatura ambiente

Algo que también debemos tener muy en cuenta es la temperatura ambiente. Si la temperatura es elevada, la resina se ablanda y se pega a cualquier superficie que entre en contacto con ella. Con el frío, o una temperatura ambiental medianamente baja, se endurece y evitamos que tenga esta consistencia pegajosa. Los principales lugares productores de hachís con climas templados realizan la extracción mediante tamizado en invierno, cuando el clima es frío y seco.

Aunque es un tema en el que no nos vamos a detener en exceso, puesto que lo desarrollaremos posteriormente en la extracción con agua, debéis tener en cuenta la existencia de la extracción de hachís a temperaturas bajo cero. A estas temperaturas, las glándulas son totalmente sólidas y se reduce -hasta la práctica supresión- esa tendencia pegajosa. Esta congelación implica la congelación de la humedad; esto implica que la resina se desprenda y no se adhiera a nada.

La extracción bajo cero, cuando no es mediante agua, no está al alcance de todo el mundo; menos aún de aquellos cultivadores que se encuentran en climas cálidos o templados de tendencia cálida.

La forma más cómoda de realizar una extracción bajo cero es introducir un tamiz motorizado en un congelador. Si realizamos este proceso, debemos tener en cuenta que, cuando sacamos la resina del congelador, esta se humedecerá ligeramente debido al típico efecto de condensación. Antes de guardar la resina debemos secarla totalmente para evitar su degradación. La forma de secarla es dejarla al aire en un clima seco, con un desecador o con cristales desecantes, como el conocido sílica-gel o el cloruro cálcico.

Sin embargo, lo más importante, y el motivo por el cual traíamos a colación el tema calor, es que evitemos las temperaturas altas durante la extracción y la purificación, puesto que de lo contrario dificultaremos notablemente estos procesos. Degradaremos el hachís y volatilizaremos aceites esenciales que son imprescindibles si queremos obtener un producto de calidad, con un olor y una potencia adecuados.

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El prensado

Después de la extracción y la purificación es inevitable que nos detengamos un poco en el proceso del prensado. No es imprescindible realizar este procedimiento, pero nos ayudará a conservar la resina en el mejor estado posible durante periodos medios y largos de tiempo.

Lo cierto es que si esperamos mucho para consumir esta resina -realicemos o no el prensado-, la calidad irá decreciendo de la misma forma que pasa con las flores de marihuana cuando se supera el año desde el momento óptimo para empezar a consumirla, después de un apropiado secado y curado. Aunque, eso sí, en unas condiciones climáticas y de conservación óptimas, el hachís puede aguantar más tiempo que los cogollos en ese estado propicio de consumo.

El prensado es una práctica tradicional que, en los países productores de hachís, normalmente se realiza gracias a la exposición de la resina al calor. Este calor facilita considerablemente el proceso, pero también hace que la calidad descienda considerablemente.

Si la temperatura sobrepasa ciertos parámetros se daña el hachís, con lo que se reseca y se degrada el THC. Es un problema mucho mayor que el del calor ambiental mencionado, puesto que las temperaturas suelen ser más altas y difíciles de controlar. Por ello es mejor, aunque mucho más complejo, hacerlo en frío. De esta forma no sólo mantenemos los olores que se volatilizarían mediante el prensado con calor, sino que mantenemos la potencia.

De la misma forma que ocurría con el calor ambiental, la exposición a altas temperaturas para facilitar el prensado provoca la evaporación de los aceites esenciales, y la resina pierde elasticidad y se endurece, con lo que empeora su textura. Si se trata de una resina fresca de buena calidad, con el calor que le proporcionan nuestras manos es más que suficiente para moldearla. La resina envejecida se seca y pierde elasticidad, pero si la calentamos acercando la llama de un mechero -por ejemplo- la secaremos aún más y provocaremos que se pierda la práctica totalidad del aroma, además de degradar o destruir parte de la resina.

Por lo que llevamos dicho, debemos olvidarnos del modo en que manipulamos habitualmente el hachís comercial, cuando se trata de resinas obtenidas por tamizado. Si el hachís es de alta calidad, el prensado será mucho más sencillo. Es decir, si habéis realizado el tamizado de forma correcta, si habéis obtenido una resina pura, ésta se cohesionará muy fácilmente.

Si disponemos de una prensa mecánica, nos ayudará notablemente a obtener un hachís de mayor calidad. Las prensas mecánicas ejercen una fuerza que hace que algunas glándulas se rompan y esparzan su contenido, cohesionando aún más las otras glándulas, que permanecen intactas, envueltas por el contenido de aquellas que se rompieron y protegiendo el THC de cualquier tipo de degradación.

En el caso de glándulas que permanecen enteras, es muy recomendable volver a prensar el hachís con la mano antes de ser consumido. Proceder de esta forma, aunque parezca que apenas puede ayudar, romperá algunas glándulas, mezclará su resina y permitirá obtener una textura homogénea. Algunos aceites muy volátiles se liberan y mejora notablemente el sabor, con lo que se consigue un humo más denso, con más cuerpo y potencia.

Este es un hecho que pasa desapercibido para muchos cultivadores y consumidores experimentados. El prensado es una práctica que no sólo ayudará a que se conserve mejor el hachís elaborado de forma tradicional, sino que, a la hora de consumirlo, el prensado manual mejorará notablemente la experiencia.

hash prensadohash prensado

Son este tipo de detalles los que marcan la diferencia entre un consumo poco sensato y el consumo recomendado. Existen ciertos conocimientos que son prácticamente imprescindibles a la hora de adquirir un producto que puede llegar a valer, en mercados como el holandés, hasta 50 €/gr, o a la hora de consumir uno que hemos elaborado nosotros mismos o nuestros allegados.

Personalmente, os puedo confesar haber probado los mejores materiales mediante el consumo de hachís casero elaborado a través de diferentes tipos de extracción. Estos productos me han proporcionando, de lejos, efectos muchos más potentes que cualquier variedad de marihuana.

En lo referente al tema del sabor y la degustación ya nos adentramos en un terreno mucho más subjetivo, y yo diría que son experiencias diferentes, aunque ambas sumamente placenteras.

En los próximos números continuaremos hablando de la extracción del hachís mediante diferentes prácticas como el Ice-O-Lator, el tipo de extracción por agua que mencionábamos con anterioridad en este artículo, para, posteriormente, adentrarnos en otros tipos de aprovechamiento.

 

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