Canadá sufre problemas de abastecimiento tras legalizar el cannabis

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Los 13 modelos regulatorios de las provincias causan confusión en empresas y consumidores
Los proveedores dicen que un exceso inicial de oferta hubiera provocado pérdidas millonarias

Ciudadanos de Montreal hacen cola para comprar cannabis.Ciudadanos de Montreal hacen cola para comprar cannabis.

Canadá competirá con California por ser el mayor mercado de marihuana legal del mundo, pero lo hará desde un punto de partida bastante más complejo. En solo un año, la décima economía del mundo ha tenido que encajar las piezas del gigantesco puzzle regulatorio que se deriva de su sistema federal. Las 10 provincias y tres territorios del país han tenido autonomía para fijar sus propias reglas en el nuevo mercado del cannabis, para llegar a acuerdos con los productores y establecer sus sistemas de venta al público. La empresa sigue siendo un proyecto en construcción, casi dos meses después de que la legalización entrara en vigor. Los problemas de abastecimiento son la norma en todo el país, una sequía que está empujando a los consumidores al mercado negro justo cuando se pretende acabar con él. Dicho de otra forma: la maría es legal en Canadá, pero tienes que tener suerte para encontrarla. 

La escasez de oferta ha obligado a imponer restricciones en muchas regiones, lo que sumado a la progresiva puesta en marcha del sistema está generando frustración entre los consumidores. En la provincia de New Brunswick, la mitad de las tiendas han tenido que cerrar temporalmente, mientras en Quebec han pasado a abrir únicamente cuatro días a la semana. Ontario, la región más populosa del país, solo tiene venta por correo hasta el mes de abril y, en British Columbia, el granero verde del país, el único dispensario operativo está a más de 350 kilómetros de Vancouver. “Necesitamos más yerba”, clamaba hace unos días el dueño de la única tienda en Labrador City, donde la mercancía desaparece diariamente en unas horas. 

Los productores

Al engranaje le falta aceite. Solo el primer día en que se abriera el mercado legal, el sistema de venta online de Quebec registró 30.000 compras. “Hemos tenido que crear un sistema nacional de distribución en solo un año. Se nos dio una tarea hercúlea. Aunque hemos llegado bastante lejos, faltan meses para arreglar los desajustes. Los productores previmos que habría problemas de abastecimiento y se han cumplido”, dice a EL PERIÓDICO Jordan Sinclair, vicepresidente de Canopy Growth, la segunda mayor compañía mundial de cannabis en términos de capitalización y el proveedor que más acuerdos ha cerrado con las provincias canadienses. “La industria lo acepta porque nos da margen para crecer. El peor escenario hubiera sido un exceso inicial de oferta. Demasiado cannabis en el mercado hubiera provocado pérdidas millonarias”. 

La nueva industria espera generar cerca de 4.300 millones de euros en ventas para 2020 y decenas de miles de puestos de trabajo, una cifra que aumentaría hasta los 14.000 millones una vez comience la venta de comestibles, bebidas e infusiones de cannabis en 2019. Consumidores no le faltarán. El 43% de los canadienses ha probado la marihuana y el 16% la consumió en los últimos tres meses, según estadísticas oficiales. Pero para que se cumplan las previsiones el Estado tendrá que arrebatarle el negocio al crimen organizado y la miríada de dispensarios ilegales que operan en todo el país, un proceso que ya se ha iniciado. El mercado negro generó el año pasado 3.500 millones. 

Las licencias

Por el momento Canadá sigue en fase de prueba y error. Aunque la legalización empezó a tomar forma durante la campaña electoral del 2015, cuando el Partido Liberal de Justin Trudeau prometió prometió acabar con la prohibición, no fue hasta diciembre del 2017 cuando el Gobierno federal y las provincias llegaron a un acuerdo para compartir los impuestos de la venta del cannabis. El pacto sirvió de bajada de bandera para la naciente industria. No había vuelta atrás, pero sí mucha prisa por levantar de la nada un nuevo sistema, fijar los estándares de calidad o los criterios para competir en el mercado. “Al Ministerio de Sanidad le costó mucho tiempo conceder las licencias, indispensables para cultivar, procesar y distribuir los nuevos productos”, dice Robert Perreault, uno de los principales asesores de la provincia de Quebec en el proceso de legalización. Hasta ahora se han concedido 134 licencias, pero hay más de 600 esperando a ser evaluadas. 

A los retrasos burocráticos se sumó la dificultad de acceder a la financiación bancaria, dadas las reticencias iniciales de los bancos a participar en la nueva industria, lo que obligó a muchas compañías a recurrir a los inversores privados. Tenían también que navegar el laberinto legal derivado de 13 modelos regulatorios distintos, tan confusos para las empresas como los consumidores. Algunas provincias han creado monopolios estatales para la venta y la distribución. Otras tienen modelos híbridos, más abiertos a la iniciativa privada. En algunas se ha restringido totalmente la publicidad del cannabis. En otras no. Muchas permiten fumar en la calle, pero no todas. Tampoco se ha estandarizado el derecho a cultivar en casa, que no todas permiten, o si quiera la edad de consumo, que oscila entre los 18 y los 19 años.

El alcohol, el modelo

“Lo que estamos tratando de hacer colectivamente es crear un sistema equivalente al sistema nacional de distribución de alcohol, que ha tenido un siglo de experiencia para madurar. Con el cannabis hemos tenido que hacerlo en seis meses”, dice Sinclair desde Canopy Growth. Aunque algunos se harten y vuelvan temporalmente a sus viejos camellos, el nuevo sistema legal tiene los cimientos para prosperar. Es solo cuestión de tiempo, se insiste desde Canadá.

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