Cómo cultivar Haze (II)

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Datos Básicos de Procedencia

Para poder comprender el porqué unas variedades reaccionan de una forma y otras de manera diferente ante los mismos estímulos es necesario y fundamental conocer los orígenes y ancestros de dichas variedades. Además, a partir de este conocimiento, también podremos entender cómo los criadores y bancos de semillas intentan mejorar desde hace décadas las primeras líneas Haze consideradas como clásicas o pioneras.

Texto y Fotos: Luis Hidalgo

Thai floreciendoThai floreciendo

Como decíamos en la presentación de este nuevo curso de cultivo especializado, las líneas Haze originales siempre se han reconocido por cuatro características inconfundibles: Larga floración, baja producción, aromas muy peculiares y muy alta psicoactividad. Bajo esta perspectiva, está claro que los puntos a mejorar son los dos primeros, y eso es lo que llevan intentando los responsables de las genéticas de cannabis para autocultivo a nivel mundial desde hace ya cierto tiempo.

Estos intentos, con mejores o peores resultados, suelen encontrarse siempre con un “techo” o barrera prácticamente imposible de superar, pues es inherente a la “personalidad” del cannabis y el equilibrio intrínseco de su sistema, que provoca que al aumentar la presencia de una determinada característica inevitablemente se rebajan las otras en algún sentido.

Domesticación y Mejora

Así pues, primero se domesticaron las líneas originales que componen las Haze originales, es decir, Thai, México / Colombia e India, teniendo en cuenta que estas líneas se encontraban en un estado cercano al silvestre, habiendo comenzado un proceso de domesticación en sus lugares de origen pero de una manera muy rudimentaria y básica.

Como ya hemos comentado en varias ocasiones, la creencia general es que las semillas fueron transportadas desde sus lugares de origen a USA principalmente por militares que regresaban al hogar tras diferentes campañas de guerra, y que, sorprendidos por los efectos de la marihuana de aquellos lares, no dudaron en llevarse un recuerdo en forma de semillas con la esperanza de poder cultivarlas en su país.

Una vez que se comenzaron a cultivar en un entorno bastante diferente al original, incluso antes de descubrirse las técnicas de cultivo “sinsemilla”, enseguida se pudo ver que eran líneas muy asilvestradas y difíciles de manejar, con comportamientos semejantes al de una “mala hierba”, con producción bajísima y unos tiempos de floración capaces de desesperar al más paciente. Sin embargo, los especiales y únicos efectos que provocaba, así como esa curiosa característica de dejar “fijado” en la mente el aroma y el olor de su combustión hizo que algunos cultivadores más recalcitrantes se empeñaran en domesticar aquellas líneas puras. Más tarde se mezclaron e hibridaron para dar como resultado aquellas Haze originales que, aunque aún de larga floración y no muy alta producción, ya podían considerarse “rentables” para el autocultivo, primero en exterior en California, y más tarde en interior bajo luces artificiales.

Como comentario, decir que dejando a un lado juicios éticos, lo cierto es que el movimiento de europeos y americanos las zonas de las líneas componentes de la Haze original provocó y aún lo hace hoy en día, una hibridación de las variedades autóctonas produciendo su mezcolanza actual, quedando sólo a salvo los cultivos más recónditos o inaccesibles.

Concluyendo este apartado, podemos decir que cuando cultivamos una variedad que lleva Haze en su nombre (suponiendo que también la lleve realmente en su genética), sus parámetros generales de cultivo serán más cercanos a los de las líneas puras que la componen cuanto menos hibridada se encuentre con otras líneas ajenas a esas áreas geográficas. Por este motivo, vamos a conocerlas.

Las tres zonasLas tres zonas

La parte Thai

Dentro de las 4 líneas puras que componen la Haze, unas se encontraban más asilvestradas que otras, pues tradicionalmente no se trataban igual, dependiendo de la cultura agrícola de cada zona del mundo. De todas ellas, podemos decir que la parte Tailandesa fuera quizá la menos domesticada, y si bien es difícil hoy en día acceder a las zonas de producción, actualmente aún se diferencian tres fenotipos Thai claros, dos de ellos pertenecientes a un solo genotipo. Así pues, comenzaremos con ella.

En todo el área de origen, la climatología es del tipo tropical húmedo, con constantes lluvia torrenciales lo que hace que el suelo en general sea muy fértil, cultivándose principalmente el arroz, aunque también se explotan los bosques produciendo sándalo, ébano y caucho.

Podemos encontrar tres estaciones claramente diferenciadas: caliente y seco de febrero a mayo con temperaturas de 34º y 75% de humedad relativa, lluviosa y soleada de junio a octubre con temperaturas de 29º y 87% de humedad y frío de noviembre a enero con temperaturas que oscilan entre 32º y por debajo de los 20º con menos humedad. Solamente en el Norte y Noreste las temperaturas son algo más frescas por la noche.

Tailandia se ve afectada por los monzones, aunque la dirección de los vientos varía también dependiendo de la estación climática. Mientras que de abril a octubre los vientos cargados de humedad son en su mayoría de componente Sudeste; durante el resto del año estos vientos son algo más secos y soplan desde el Noreste. En el interior las temperaturas son por lo general más altas que en las zonas de costa, excepto los puntos de montaña de máxima altitud.

Las precipitaciones anuales son de unos 1.525 mm/m2 en el Norte, Oeste y zona central subiendo hasta los 2.540 mm/m2 o incluso más en la parte tailandesa de la península de Malaca (de donde proviene la denominada “Malaca Thai”) y, por último de unos 1.270 mm en la meseta de Jorat. La mayor parte de las precipitaciones se dan en la estación estival, entre los meses de junio y octubre

Debido a la adaptación durante cientos de años a los fuertes vientos y lluvias torrenciales así como de la altísima humedad relativa del aire unido a temperaturas siempre por encima de los 20 grados centígrados, excepto en zonas de alta montaña, el aspecto de la línea tailandesa básica que consideramos es la proveniente de las montañas de Chiang Mai y Lam Pang que es largo fino y desgarbado, con finos y flexibles tallos y ramas abiertas. Las hojas presentan una coloración que va desde el verde oscuro de las plantas del Norte hasta el más claro y brillante del Sur, mostrando de 9 a 13 finísimos y largos foliolos, con un diente de sierra muy marcado. Los cogollos se forman muy lentamente con tamaño bastante grande de cáliz y gran densidad de tricomas sobre estos. Las semillas que producen suelen tener una forma algo aplanada y ovoide y de un tamaño medio, casi sin dibujo y con un tono tostado.

Su cultivo en nuestro país solo es posible en exterior en el Sur a ser posible en invernadero, pues en interior son absolutamente indomables, con floraciones interminables y producciones ridículas. Como la adaptabilidad de esta línea es altísima, nos encontramos con que las hojas empiezan a ensanchar en el momento en que la humedad baja del 65% y a multiplicar su número por dos o por tres por debajo del 60%. Esto provoca una mayor cantidad de materia vegetal en detrimento de la producción de flores, así como un descenso notable en los altos contenidos de THC, que es lo que caracteriza a esta línea junto con sus aromas y sabores a maderas e inciensos mezclados con cítricos, característicos componentes del aroma “Haze”.

Estos aromas si que se mantienen, aun siendo cultivadas en interior, por lo que las hace muy recomendables para el cruce, la hibridación y la crianza, y de hecho, existen en el mercado de las semillas comerciales innumerables variedades que contienen en su composición plantas tailandesas, precisamente por la transmisión hereditaria tanto de aromas como de niveles de cannabinoides. Esta fuerza o “personalidad” genética es lo que la categoriza como línea base.

En la próxima entrega continuaremos con este viaje a través de la neblina de las “Haze”. Hasta entonces, un saludo.

 

 

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