Prensa Cannábica Gratuita – El Cultivador

Cómo cultivar variedades medicinales II

Estructura Básica del Cultivo

En ocasiones nos encontramos con que, lo que a primera vista debería resultar evidente no lo es tanto a la hora de la verdad, y con más frecuencia de lo que cabría esperar complicamos lo mas sencillo sin darnos cuenta de que todo lo que necesitamos es pararnos un momento, respirar y mirar a nuestro alrededor para verlo todo mucho más claro. Esto sucede cuando estamos acostumbrados a cultivar para un determinado fin y en un momento dado nos vemos obligados a cambiar o adaptar nuestros hábitos de cultivo.

 Texto y Fotos: Luis Hidalgo

 Cualquier cannabicultor con experiencia, tanto de interior como de exterior, que haya cultivado en distintos entornos y bajo diferentes circunstancias, habrá podido percibir a lo largo de los años de cultivo un “fenómeno” que se produce cuando plantamos cannabis de manera “domesticada” o “no silvestre”: la capacidad adaptativa de la planta de la marihuana y su regularidad a la hora de reproducir sus comportamientos ante los mismos estímulos, hace que tras unas cosechas en un determinado entorno todo se vuelva como “automático” o rutinario.

De alguna forma, al cabo de 8 ó 10 cosechas trabajando con esquejes de la misma madre se acaban aplicando una serie de “reglas” en el cultivo, después de haber comprobado claramente que usando esas rutinas de trabajo, alimentación, riegos y prevención de plagas conseguimos nuestros objetivo, que usualmente no es otro que conseguir la máxima producción de la mejor calidad en el menor tiempo posible. Y decimos “usualmente” porque precisamente el cultivo de cannabis para uso medicinal es, en muchos aspectos, distinto al que se realiza con fines de autoconsumo sin más, lo que actualmente se define como uso “lúdico”, el cual requiere distinta metodología que el cultivo para producción de semillas; y lo mismo sucede si estamos probando los cruces de un proyecto de mejora.

 

Cuando hablamos de tipos de cultivo nos referimos más bien al objetivo que pretendemos conseguir con ese cultivo en concreto: Si vamos a producir cogollo, tendremos que centrar todo el sistema en que la planta llegue sana y con buena estructura a la floración y conseguir que a partir de unos 30 ó 40 días desde el inicio de aquella, enfoque todos los recursos disponibles a la producción de cálices / flores. Si vamos a producir cannabis medicinal, daremos prioridad a la continuidad del suministro, ya que es perjudicial para el enfermo interrumpir su tratamiento por falta de material base, indispensable para realizar el posterior proceso que le proporcione su medicamento basado en cannabis.

Los medios para conseguir el fin

Los Amigos de Cannabis Magazine que hayáis seguido esta serie desde el principio seguramente ya sabréis de lo que estamos hablando. La segunda prioridad en el cultivo de cannabis medicinal es mantener estables los niveles de cannabinoides a lo largo el tiempo. Podría parecer que este factor debería ser el más importante, sin embargo, como veremos más adelante, la relativa facilidad para “manipular” algunos de los cannabinoides principales como el THC, el CBD, el THCV e incluso el CBN y transformar unos en otros o bajar o subir su concentración, nos permite realizar un “ajuste fino” tras los procesos de homogeneización y esterilización.

Si además contamos con los tres lotes o categorías de cannabis que mencionábamos en capítulos anteriores (números 110-113) que incluyen los tres “perfiles tipo” de cannabinoides, en realidad contamos con un margen relativamente amplio y seguro, dentro del cual el cannabis producido será perfectamente válido para ser procesado en base a las indicaciones relativas a la patología o patologías que se vayan a tratar.

Así que todo esto nos lleva a una conclusión clara: es absolutamente necesario disponer de un espacio para mantener nuestras propias plantas “madre” o donantes de esquejes. Ya damos por sentado que el cannabicultor medicinal sabe y comprende la necesidad de cuidar al extremo la higiene en los espacios de cultivo así como la cuestión de la prevención de plagas y aún más allá, del control incluso de la mínima presencia de cualquier agente patógeno, ya que en el momento en que comience la proliferación, sobre todo de insectos, también empieza la cuenta atrás para perder la cosecha por exceso de contaminación de distintas materias sólidas que pueden provenir de restos de huevos, larvas muertas, excrementos, pedazos visibles a ojo de queratinas de los diferentes cambios de estado morfológico, sin contar con otros contaminantes como las telas que tejen algunos ácaros como la araña roja, o la melaza que usa la mosca blanca para fijar sus huevos en el envés de la hoja.

Algunos de estos contaminantes son muy difíciles de separar del cannabis en bruto, esto es, antes de homogeneizarlo, lo que impedirá su uso como cannabis medicinal. Otros pueden estar presentes en cierta medida, pues son susceptibles a los procesos de esterilización posteriores o son inocuos para la salud y podrían considerarse como “excipiente”. En cualquier caso, lo mejor es evitar su presencia, y la única manera es la higiene, la prevención y la observación.

La fuente de la vida

Por si quedaba alguna duda, recordamos que en España no está permitido el uso terapéutico del cannabis como tal, es decir, ni en formato ”cogollo” ni en ningún otro que no sea un medicamento homologado por el Ministerio de Sanidad y Consumo y por la Agencia Nacional del Medicamento. Pese a esta importante premisa se sabe que hay un número importante de pacientes que están consumiendo la sustancia con esa finalidad, normalmente como complemento de su medicación “oficial”, y en algunos casos llegando a sustituir alguna medicamento concreto.

Como comentábamos en el número anterior, hasta el día de hoy, el principal problema radica en la carencia de un control médico real y en consonancia con el tratamiento general establecido para la casuística de un paciente concreto y su patología, y no como algo marginal y aislado. Si a lo anterior añadimos la variabilidad en principios activos de la planta (ver números anteriores) hacen muy difícil un control suficiente que permita una buena dosificación y un seguimiento de su uso.

Es por esto que con la información que facilitamos en esta serie no se pretende otra cosa que, mediante unas normas y metodologías de autocultivo concretas y específicas, se consiga reducir los riesgos asociados al consumo de cannabis por parte de aquellos pacientes que libremente hayan decidido cultivarlo y utilizarlo con finalidades terapéuticas, en un intento de ofrecer datos realistas y objetivos sobre la planta del cannabis, su cultivo y proceso para uso medicinal y los efectos que produce, dejando claro que en ningún momento estamos efectuando apología del cannabis, ni pretendemos incitar a nadie a su consumo, siendo la única pretensión el ofrecer información fácil de comprender para un uso responsable.

Sin entrar en otras valoraciones y mientras las autoridades sanitarias decidan dar un paso de normalización y asuman que la mejor manera de eliminar riesgos y controlar tanto la calidad de la planta como la actuación de los pacientes, es ubicándola en los circuitos sanitarios legalmente establecidos y bajo control médico y farmacéutico, para lo cual resulta indispensable que la presentación del cannabis medicinal “casero” y las garantías que presente en cuanto a las concentraciones de cannabinoides y la relación entre ellos permanezca estable a lo largo de un tiempo razonable, equiparándose y pasando, al menos, los mismos controles de calidad que cualquier otro medicamento.

Así pues, a la hora de realizar un cultivo de cannabis para uso medicinal debemos tener siempre presente estas premisas, en todas y cada una de las etapas del cultivo y en todos los medios que vayamos a utilizar en él. Volviendo al tema principal de este capítulo y siempre desde esta perspectiva, hay que asumir que tenemos que mantener plantas madre, y este debería ser el primer objetivo, pues ellas serán la fuente de la “futura” medicina del enfermo, por lo que habrá que prever un espacio para ellas. Estas plantas madre tampoco son iguales que las que se utilizan para el cultivo “normal” que suelen ser más grandes y con más necesidad de recursos, atención, y tiempo

Madre SÍ hay más de una

En nuestro caso necesitaremos tres madres, una por cada uno de los perfiles de cannabinoides descritos, pero en realidad no necesitaremos muchos esquejes por cosecha, ya que el consumo medicinal suele ser mucho más bajo en cantidad que el lúdico. Si por ejemplo pensamos utilizar medio metro cuadrado para el cultivo,  podremos poner de nueve a doce plantas dependiendo de su tamaño, así que hablamos de tres o cuatro esquejes de cada madre por cosecha, para lo que habrá que contar con el doble como mínimo y alguno más como medida de seguridad por si no enraízan todos o tenemos cualquier problema con ellos hasta que llegue el momento de florecerlos. En total, podríamos necesitar unos diez de cada madre.

Esto se traslada directamente al tamaño de las plantas madres, más cercano a lo que conocemos como “bon-sai”  que a lo que cualquier cannabicultor reconocería como una madre, necesitando muy poco volumen para la raíz, esto es, el tamaño de la maceta, pudiendo conservarlas durante años con muy poco mantenimiento. Podemos asegurar que con medio litro de maceta es más que suficiente para cada madre, e incluso menos, por lo que el espacio para éstas se podría ubicar casi en cualquier sitio, un cajón alto, una despensa, o un pequeño y discreto armario de cultivo.  Con unos 100 Watios de luz es más que suficiente, lo que quiere decir que unos fluorescentes normales o compactos servirán perfectamente, con una baja temperatura y muy poco consumo. Lo único indispensable para mantener en estado vegetativo nuestras madres es que reciban de 18 a 24 horas de luz.

En definitiva, los recursos para mantener las plantas madre que proporcionarán al enfermo los esquejes necesarios para su cultivo medicinal son muy pocos, tanto en espacio como en luz, tierra, agua y tiempo de mantenimiento. Dichas madres pueden ser cultivadas en casi cualquier lugar, y decimos “casi” porque, como ya sabemos, el lugar donde se ubiquen ha de estar perfectamente limpio y desinfectado, aislado del exterior y/o con filtros para evitar la entrada de insectos, polvo ni ningún agente potencialmente contaminante (pelos de animales, pequeños trozos de fibras sintéticas, polvo…)

En el próximo capítulo continuaremos con las plantas madre y cómo mantenerlas perfectamente sanas durante meses. También explicaremos cómo ”extraer” dichos esquejes de las madres, sin olvidarnos de la parte técnica, en la que introduciremos los sistemas de esterilización más utilizados en la actualidad. Hasta entonces, un saludo.

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