Cómo producir tus propias semillas en un espacio reducido y con un consumo de energía mínimo (III)

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Retomando la segunda parte de esta serie de tres artículos os recordamos que adquirimos diez semillas regulares de Northern Lights de Sensi Seeds Bank, para elegir nuestro parental masculino y una semilla feminizada de BlueBerry de Dutch Passion Seed Company, una de Brasil Amazonia de World of Seeds (que nos ofrece lo más cercano a variedades puras, provenientes de diferentes lugares del planeta y de crianza verdadera) y una de BubbleGum de Serious Seeds (la única variedad de la casa que está declaradamente mejorada sobre sí misma y no es un híbrido), para ser polinizadas.

Por Neal C. Borroughs

El espacio y las circunstancias elegidas para realizar estos cruces fueron un armario específicamente fabricado para el cultivo de 60x60x140 cm, una bombilla de 125 w CFL de bajo consumo, específica para crecimiento, y una de 150 w CFL de bajo consumo para floración, un extractor de unos 180 m3/h y un pequeño ventilador dentro del armario.

Ya hemos hablado, un poco, de genética, de tipos y fenotipos, del proceso de selección, del parental masculino y femenino, de los tiempos de entrada y salida del armario (refiriéndonos a periodos vegetativos y de floración) de la correcta alimentación de las plantas durante el proceso de gestación y de otras muchas cosas. Ahora, para finalizar con esta serie de tres artículos, nos centraremos en la polinización, gestación, recolección y conservación de nuestras semillas.

Dadas las circunstancias en las que basamos nuestro proyecto, las dimensiones y la cantidad de plantas de las que disponemos, lo lógico sería hacer una polinización masiva.

La polinización masiva consistiría en dejar que el macho eclosione su flor cerca de las hembras. Con una buena ventilación (como la descrita anteriormente) no tendremos ningún problema, el proceso sucederá por sí mismo. Lo ideal es que hayamos controlado los tiempos de floración como hemos descrito en el anterior artículo para usar este método. Así nos aseguramos tener unas hembras preparadas para la gestación.

También podemos poner el macho en la puerta del armario, dejando a las hembras dentro, y dirigir un ventilador grande directamente hacia el macho, provocando que el polen desprendido se introduzca en el armario.

Si nos decantamos por una polinización selectiva (polinizar unas ramas y otras no) debemos hacerlo en un espacio más amplio y con la luz apropiada para que las no polinizadas produzcan flores adecuadas para su posterior consumo.

Dado que no es la situación que aquí nos ocupa lo describiré a grandes rasgos. Con la polinización selectiva lo primero y más importante es que debemos aislar al macho en cuanto muestre síntomas de ser, efectivamente, un ejemplar masculino. Después, debemos recoger el polen. Para hacerlo disponemos de varias opciones pero recolectar la rama de flores masculinas justo antes de que eclosionen o poner receptáculos bajo las flores para que cuando estas se abran depositen en ese lugar el polen, son las mejores, siendo la última, el único método con el que nos aseguramos la recolección del polen en su momento óptimo pero también con el que se corre mayor riesgo de polinización accidental.

Tanto para la polinización selectiva como para la masiva debemos buscar que nuestras plantas muestren la mayor cantidad de pistilos frescos. El momento en que los pistilos están preparados para la gestación varía enormemente entre genotipos por lo que es un factor que tampoco debe obsesionarnos, a partir de las dos semanas comenzarán a estar preparados. Cuando veamos que la planta muestra suficientes pistilos (supuestamente cada par nos dará una semilla) y frescos (blancos, esponjosos, bien formados y, normalmente, estirados) es el momento de polinizar. En el caso de la polinización selectiva, llenaremos bolsas de plástico de polen y cubriremos las flores femeninas con ellas.

En el caso de la polinización masiva debemos variar ligeramente los tiempos anteriormente descritos para polinizar en el momento óptimo o, si no podemos hacerlo, dejar que las cosas sucedan por sí mismas. Obtendremos menos semillas pero, probablemente, seguirán siendo suficientes.

Desde que realizamos la polinización hasta que tenemos semillas bien formadas, preparadas para la recolección, suelen pasar unas seis o siete semanas. En el caso de la polinización masiva, como el macho está varios días esparciendo su polen, debemos ser observadores y recoger las semillas según su apariencia.

Habitualmente las semillas se desarrollan con el cáliz ligeramente abierto por lo que podemos ver cómo la semilla va cambiando. Cualquiera puede reconocer, fácilmente, semillas adecuadas para la recolección. Son similares a las que compramos, de un color oscuro, gris o marrón, y con motas. También podemos observar una ligera separación entre el cáliz y la semilla.

Durante la formación las semillas están pegadas al cáliz y aunque pueden mostrar partes marrones son de un color más verdoso. Como podemos leer en los libros recomendados al final de estos artículos, una buena forma de saber si estamos realizando una recogida en el momento adecuado es germinar algunas, o presionarlas ligeramente entre los dedos índice y pulgar. Si no pudieran soportar la presión, no es el momento adecuado, al igual que si no germinan adecuadamente la mayoría de ellas.

En nuestro caso no hay problema de que las semillas caigan fácilmente de sus cálices, puesto que las plantas índicas suelen condensar más sus flores (aún en las circunstancias de bajo consumo que nos ocupan). Pero si estáis realizando este proceso con plantas sativas, debéis tener cuidado pues algunas pueden caerse.

Si usáis sodio es muy probable que las flores se condensen tanto que tengamos que ayudar a la semilla a salir apretando ligeramente los cálices y rascando ligeramente la semilla para eliminar la materia vegetal pegada.

En lo que se refiere al uso y conservación, existen multitud de teorías, unas que afirman que lo natural sería que la planta brotara de inmediato, o con tiempos cortos desde su caída del cáliz hasta su eclosión y otras que afirman que lo óptimo sería dejar que estas semillas se sequen ligeramente en un lugar fresco, de humedad controlada, oscuro y ventilado e, incluso, que se conserven en un congelador durante uno o dos meses, imitando el proceso invernal.

La Cannabis Sativa L. y sus subespecies son plantas que se han adaptado a la práctica totalidad del planeta y las semillas, que podemos adquirir hoy en día, son resultados de cruces selectivos practicados durante años, partiendo de estas plantas. Por lo que la “naturalidad” del proceso ha llegado a puntos muy cuestionables e incluso con prácticas no del todo “naturales” obtenemos cosechas muy agradecidas. Recordemos que todo el cultivo en interior es un proceso recreado por el cultivador.

Los primeros fundadores de casas de semillas fueron viajeros obligados e introdujeron las mejores razas puras, de diferentes partes de planeta, a un juego genético que ha ido complejizándose profundamente con el tiempo. Hoy día podemos adquirir semillas que proceden del cruce de otras semillas que florecían en climas completamente diferentes. Debemos recordar que en algunos de estos climas climas ni si quiera se concibe el frío.

Lo más probable, si seguís la mayoría de consejos que os hemos ido indicando, es que tengáis una considerable cantidad de semillas de buena calidad. Estas semillas son perfectas para medianos y grandes cultivos, nosotros las hemos llevado a exteriores peninsulares con resultados muy productivos y, en casos puntuales, excepcionales calidades.

Siempre es un placer llevar a cabo estas prácticas pues hacen que te sientas parte del proceso selectivo y que juegues un papel mucho más importante en el propio cultivo.

Nosotros presumimos, humildemente, de nuestras propias “razas” de marihuana y disfrutamos regalándolas a nuestros allegados e introduciéndolas, cada año, en los cultivos destinados a nuestro consumo, aunque sean solo unas pocas. Guardando esquejes en estado vegetativo mientras las plantas florecen y buscando alguna hembra “inigualable” con la que volver a comenzar el juego.

LIBROS RECOMENDADOS:

*DJ Short, Cultivating Exceptional Cannabis: An expert breeder shares his secrets (Quick American a division of Quick Trading Co, New York, 2004)

– Este pequeño y asequible libro nos ofrece una visión sencilla y directa de la genética vegetal en su segunda mitad. “El arte de la selección”, la herencia genética, los tipos de cannabis y las variedades originarias son algunos de sus temas.

*Green, Greg. The Cannabis Breeder’s Bible (Green Candy Press, Canadá, 2005)

– Esta extensa, detallada y muy recomendable publicación, con 237 páginas y multitud de fotos, ilustraciones y diagramas nos dará una visión compleja y adecuada para cualquier tipo de tarea de cruce, incluso a un nivel avanzado. Greg Green es también el autor de The Cannabis Grow Bible. Un gurú del cultivo y la mejora genética.

*Cervantes, Jorge. Marihuana: horticultura del cannabis. La biblia del cultivador médico de interior y exterior (Van Patten Publishing, 2007)

– En el capítulo decimosexto, sobre crianza, Chimera, un consagrado conocedor de la biotecnología y ciencia de las plantas en el mundo cannábico, nos ofrece una visión sencilla pero detallada, llena de todo tipo de imágenes en color, sobre la crianza. Una completa y más que suficiente introducción al entorno del criador y las casas de semillas.

 

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