El estrés en el cannabis no es siempre negativo. Depende de numerosos factores y, sobre todo, del tipo de estrés al que se vean sometidas. En este artículo vamos a ver qué circunstancias estresantes pueden ser perniciosas o positivas para obtener una mejor calidad de producto.
Adaptación genética al estrés
Todos los seres vivos están preparados genéticamente para soportar ciertos niveles de estrés sin que ello implique una disminución en su calidad de vida. Es más, pueden llegar a ser muy positivos. Ciertos tipos de estrés, al igual que el veneno, pueden resultar positivos o letales. Todo depende de la cantidad. Hace años publiqué un artículo en Plantas psicoactivas en las culturas tradicionales de América (I) en el que el propietario de uno de los bancos más prestigiosos del mundo nos contaba que tenía dos plantaciones en exterior: una a 600 metros de altitud y otra a 1.600 metros. La primera producía más cantidad. Pero lo segunda, a causa del estrés térmico producido por el frío nocturno durante la floración, le daba menos productividad pero más calidad.

No debemos olvidar que las hembras del cannabis, cuando llega la floración y el final de su vida (son plantas anuales), sintiendo que no van a poder cumplir con su función vital (la reproducción), se ponen a exudar mucha más resina en la esperanza de atrapar cualquier pizca de polen macho que flote en el ambiente. A mayor cantidad de resina, más pringosa es la planta y, en consecuencia, el polen se adhiere a ellas más fácilmente.
Estrés por temperatura
Mayor cantidad de resina no implica más cantidad de THC. Es decir, la planta “coloca” lo mismo, pero con menos cantidad alcanzas el mismo efecto. Por lo tanto, es de rigor decir que es muy positivo conseguir más resina en nuestras flores. Si tenemos en cuenta que cierto frío durante la floración es positivo para la obtención de plantas más resinosas, podemos afirmar que, en estos casos, el estrés térmico padecido por las matas es bueno. Sin embargo, una vez más, podemos decir que ese frío es interesante siempre que sea durante un reducido periodo de tiempo, una fase concreta (la floración) y, por supuesto, un frío moderado.
En Cannabis Magazine publicamos hace años unas fotos de unas plantas cultivadas por mí y que estaban cubiertas de rocío helado a primeras horas de la madrugada; y, sin embargo, tan pronto salía el sol, el hielo desaparecía y las secaba completamente, ya que estaban cultivadas en un clima de seco de la Comunidad de Madrid. Pues bien, de verdad que aquellas matas me dieron una marihuana excelente. Otra cosa hubiera sido que el mismo hielo se hubiera dado en un clima húmedo. La aparición de hongos hubiera sido ineludible. Pero un poco de frío seco y durante poco tiempo, al final de la floración, aumenta la producción de resina y nos proporciona cogollos duros como rocas.
Hemos cultivado unas Jack Plant, White Kush y Kaya 47 en las Alpujarras, a bastante altura y con noches muy frescas e incluso frías. Por si esto no fuera suficiente, las hemos sometido a un importante estrés hídrico durante las últimas dos semanas. Cuando se veían las hojas muy mustias, se regaba, pero ya sólo con agua limpia, nada de fertilizantes. Cuando parecía que las plantas ya no podían dar más de sí, renacían con bastante más resina al poco tiempo de ser regadas. En tan sólo quince minutos, las hojas volvían a su turgencia habitual. Pero es que, a las 24 horas, la resina comenzaba a aparecer como por arte de magia.

En este caso hemos hablado del estrés térmico por frío. Muy diferente es el producido por el calor. Las temperaturas demasiado altas son nefastas para las plantas de cannabis. Aunque las plantas no se mueran, su crecimiento se ralentiza y la calidad final del producto suele ser mediocre. Como casi todos sabemos, en el envés de las hojas del cannabis hay unos agujeritos muy pequeños llamados estomas, cuya función es transpirar. Cuando hace demasiado calor, sobre todo durante las horas del mediodía de nuestros tórridos veranos, los estomas se cierran para evitar la deshidratación. Al cerrarse, efectivamente, se evita la deshidratación, pero la planta entra en “parón biológico”, que ralentiza y/o paraliza todas las demás funciones biológicas de la misma. De hecho, en zonas como Sevilla o Córdoba, es aconsejable poner a las plantas una especie de sombrajo que evite la incidencia de la luz solar directa durante las dos horas del mediodía.
Estrés hídrico
Originariamente, la mayoría de las razas autóctonas de cannabis de todo el mundo, eran de semisecano e incluso de secano puro. Los genetistas, buscando aquellas plantas que “colocasen” más, comenzaron con la hibridación del cannabis. Por supuesto, esto tuvo un efecto muy positivo en cuanto al efecto obtenido, pero la resistencia genética de las plantas se resintió, al menos en cuanto al agua. Es lo mismo que hicimos con los perros. Al principio todos los perros eran como lobos. Sin embargo, en la actualidad, la manipulación genética ha hecho que existan razas tan diferentes entre sí que parece mentira que todas ellas hayan tenido alguna vez los mismos ancestros.
No obstante, sabiendo manejar cierta dosis de estrés por sed, podemos conseguir que nuestras plantas produzcan, al igual que con el frío, una mayor cantidad de resina. Y esto sucede cuando, de nuevo al final de la floración y un par de semanas antes de la cosecha, hacemos pasar sed a la planta. Si no regamos hasta que las hojas estén mustias y esa misma noche regamos de nuevo, la planta sube como la espuma. Durante esos días de sed ha estado “salivando”, segregando resina como loca con la intención de atrapar polen macho ante la inminente muerte. En realidad, no van a morir todavía, pero nosotros les hacemos creer que sí privándoles de agua. Esto, unido al fotoperiodo otoñal y al frescor de los días, engaña a la planta haciéndole creer que se acerca su fin; y cuanta más fuerza, mayor sea la “casta” de la genética cultivada, mayor cantidad de resina extra nos proporcionará. De hecho, es aconsejable ponerse unos guantes de látex el día de la manicura final para poder obtener una cantidad de charas fuera de lo normal. Tanto los dedos como las tijeras estarán tan pringosas de resina que obtendrás un charas insuperable.
Estrés por humedad
El exceso de humedad ambiental es positivo durante la fase de crecimiento vegetativo, pero durante la fase de floración es un problema enorme. De hecho, estoy viendo lo mal que lo pasan los cultivadores de exterior en el litoral mediterráneo. Tan grave es el problema que casi todos cosechan hasta dos semanas antes de lo necesario por miedo a no poder seguir controlando el oídio y todos los demás tipos de hongos asociados a la humedad demasiado elevada. Esto es nefasto, ya que el THC se forma en un periodo de unos diez días aproximadamente. Si cosechas antes, todavía no está en su punto, y si cosechas más tarde ya ha comenzado a degradarse. La única solución aceptable es el uso de guerra biológica, porque emplear químicos en esta fase supone envenenarnos.

Es importante dejar claro que la humedad relativa del aire, es decir, la medioambiental, no tiene nada que ver con el riego en exceso del sustrato. Esto es una barbaridad que siempre acabará con el desarrollo de hongos en el sistema radicular y probablemente con la vida de la planta. Recordemos lo que acabamos de leer acerca de la naturaleza de semisecano del cannabis.
Estrés por plagas patógenas
Por desgracia, este problema es muy frecuente, tanto en interior como en exterior. Dado que el cannabis es una planta con gran especialización genética, cada vez que se ve atacada por alguna plaga, paraliza la función vital en la que estaba (crecimiento o floración) para dedicar todas sus energías a solventar el problema. Este tipo de estrés es uno de los peores y podemos acabar con plantas muertas o, en el mejor de los casos, de muy mediocre calidad.
Para combatir este problema es importante tener en cuenta una serie de factores. Para empezar, la elección de genéticas fuertes es muy importante. En este caso, las genéticas elegidas (Kaya 47, Jack Plant y White Kush) son de potencia probada. Concretamente las de la familia Kush están especialmente preparadas para este tipo de tratamiento, ya que, en su lugar de origen, la cordillera del Hindu Kush, las temperaturas nocturnas son bastante frías, mientras que las diurnas son muy elevadas. Lo mismo ha sucedido en Las Alpujarras. Durante el día, las temperaturas alcanzaban los 35 grados mientras que a las siete de la madrugada podían bajar hasta los 6 grados. ¡Son casi 30 grados de diferencia! Esto implica un estrés más que considerable para la planta.
Además de la elección adecuada de cada variedad, es importante darle a cada mata todo lo mejor para fortalecerla. Las plagas son depredadores y como tal se comportan. Tienden a elegir ejemplares débiles y/o enfermos. No les resulta igual de fácil combatir contra un ejemplar fuerte y vigoroso. Por lo tanto, es vital dar a nuestras niñas lo mejor en cada fase y especialmente en la de plántula.

Y, por supuesto, más vale prevenir que curar. Afortunadamente, disponemos en el mercado de todo tipo de preparados orgánicos a modo de guerra biológica. Tenemos Bacillus thuringensis y muchos más que, aplicados de forma regular, nos evitarán ataques de patógenos. Pero insisto: es esencial ser constantes en su aplicación. Si el fabricante te advierte de que debe ser aplicado una vez cada quince días, hazlo así. No te retrases ni un día ya que, tan pronto el producto pierde un poco de su eficacia, las plagas acechantes se lanzarán al ataque.
Estrés de pH
No voy a extenderme en este asunto ya que, en realidad, lo que intento dejar claro es el hecho de algunos tipos de estrés, moderados, son incluso positivos para la obtención de una marihuana de mayor calidad, aunque ello implique menor producción. En cualquier caso, sabemos que el pH superior a 7 es bastante malo para obtener una buena marihuana ya que se lo ponemos muy difícil para absorber los nutrientes, sobre todo durante la fase de floración. Sin embargo, incluso en este caso hay algo que se puede hacer para seguir obteniendo una gran hierba.
Yo he cultivado una marihuana excelente en un lugar donde el agua alcanzaba un pH de 8 y lo mismo de EC. Para combatir este problema, o bien te haces un filtro casero o te compras uno de ósmosis inversa. Pero también puedes optar por emplear una gran cantidad de sustrato, con muchos nutrientes, y regar con normalidad. El cannabis es una planta que, como todas, asimila tan sólo la cantidad de nutrientes que precisa. Aunque con un pH alto la planta no sea capaz de absorber todos en su totalidad, si cultivamos pronto y el sustrato es de calidad y con bastantes nutrientes, la planta tendrá tiempo para ir obteniendo suficientes macronutrientes para proporcionar una floración de gran calidad. Por supuesto, siempre será mejor hacer todo “de libro”. Pero quiero decir que, incluso en circunstancias desfavorables, podemos sacar una hierba de fantástica si sabemos gestionar nuestros recursos.
Preguntas Frecuentes
P: ¿Puede el estrés ser beneficioso para las plantas de cannabis?
R: Sí, ciertos tipos de estrés, como el estrés térmico controlado, pueden aumentar la producción de resina en las plantas de cannabis, mejorando así la calidad del producto.
P: ¿Cómo afecta el estrés térmico al cannabis?
R: El estrés térmico, especialmente el frío durante la floración, puede ser beneficioso, incrementando la producción de resina. Sin embargo, el calor excesivo es perjudicial, ralentizando el crecimiento y reduciendo la calidad.
P: ¿Qué es el estrés hídrico y cómo afecta al cannabis?
R: El estrés hídrico ocurre cuando hay falta de agua. Algunas plantas, al recibir agua después de un periodo de sequía, reaccionan con un aumento en la producción de resina, mejorando la calidad final del cannabis.



