El control biológico de nematodos

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Como hemos visto en el artículo anterior los nematodos son los organismos pluricelulares más numerosos que existen en el suelo y de los cuales se estima que podrían haber unas 20000 especies diferentes. Su importancia en nuestros ecosistemas es muy grande ya que pueden presentar densidades de población de varios millones de individuos por metro cuadrado. Además de actuar como parásitos de plantas y animales (incluido el hombre) también se alimentan de hongos, bacterias, protozoarios y de otros nematodos.

Por Víctor Bataller Gómez

              Los nematodos fitoparásitos también tienen depredadores que sirven para controlar sus poblaciones y microfauna y microflora del suelo que actúan como antagonistas o reguladoras de sus actividades fisiológicas. Todos estos organismos útiles deben cumplir con varias características:

no deben ser patógenos de plantas o animales

deben tener la capacidad de adaptación a diferentes condiciones ambientales en el suelo

deben ser competitivos y para ello tienen que contar con un alto nivel de reproducción que les permita obtener rápidamente poblaciones altas

deben disponer de una gran capacidad para sobrevivir en épocas adversas.

              A todos éstos “agentes biocontroladores” que son formulados para su uso en cultivos se les conoce como bioplaguicidas (bioinsecticida, biofungicida, bionematicida,…). Junto con ellos se utilizan técnicas agronómicas destinadas a aprovechar al máximo las ventajas que la naturaleza nos aporta y en su conjunto al uso de todos estos medios se le conoce como control biológico que se define como el control de plagas y enfermedades presentes en los cultivos mediante el uso de organismos junto con otras sustancias naturales de acción fitosanitaria.

              Como podemos suponer, en condiciones naturales los nematodos no deberían presentar un gran inconveniente, pues su control es una cuestión de equilibrio y proporcionalidad entre nematodos (muchos de los cuales pueden llegar a ser beneficiosos para nuestros cultivos) y otras especies que constituyen la microbiología de cualquier ecosistema. Pero durante décadas las prácticas sistemáticas y totalmente irresponsables para el control de plagas y enfermedades basadas en productos químicos han originado una serie de problemas que han supuesto miles de millones en pérdidas y la desaparición de muchos cultivos en zonas agrarias totalmente dependientes por culpa de la proliferación desmedida de nematodos.

              Uno de los causantes de este gran problema es el uso del bromuro de metilo (CH3Br), un gas incoloro e inflamable que es obtenido tanto de forma sintética como natural, concretamente lo obtienen en el océano algas del género Laminaria y en tierra plantas del género de las Brassica (coles, espinacas,…). En la industria se obtiene a partir de la mezcla de metanol con ácido hidrobrómico, o bien por reacción del bromo con metanol en presencia de fósforo rojo. En el pasado era usado como fungicida, acaricida, raticida o herbicida de premergencia ya que se usaba para desinfectar suelos, fumigar cereales o proteger mercadería almacenada y desinfectar depósitos y silos en forma de gas, incluso combinado con dióxido de carbono o dibromuro de etileno. También era usado como disolvente en la extracción de aceites de origen vegetal.

              El bromuro de metilo es una de las sustancias que figura como responsable de la degradación de la capa de ozono en el Protocolo de Montreal (1989), pero como no cuenta con un sustituto se sigue empleando masivamente. Por si no fuera poco el daño ambiental que produce, también es muy peligroso para los seres vivos. Si se respira una alta concentración en poco tiempo produce dolor de cabeza, mareos, vértigos, vómitos y debilitamiento generalizado que luego puede acompañarse de delirios, convulsiones, etc… Más tiempo de exposición causa bronquitis y neumonía. También es muy irritante para la piel y los ojos.[ En concentraciones a partir de 1600 ppm (menos de dos gramos por litro de sangre) provoca la muerte. El bromuro de metilo es casi inapreciable por su olor y no se advierte su presencia hasta que sean muy altas sus concentraciones. Los síntomas aparecen después de horas y duran semanas. El bromuro de metilo es explosivo si se mezcla con metales alcalinos y alcalinotérreos y polvos de metales como el aluminio.

              La Unión Europea ha adoptado una serie de normativas que han obligado a una reducción importante en la producción, suministro y aplicación de bromuro de metilo, excepto en el uso para cuarentena y embarque de frutas y hortalizas donde prácticamente no se han reducido las autorizaciones desde 1991. Donde mayor ha sido la reducción en su uso es en países como Alemania, Suiza u Holanda, en esta última el uso del bromuro de metilo está totalmente prohibido, únicamente se permite su uso pero de una manera muy restrictiva en las cuarentenas. Pero donde más presente está el problema es en los países subdesarrollados que se niegan a rebajarlo considerablemente ya que es un tratamiento relativamente barato, sobre todo si se adquiere producto fabricado en países asiáticos. Se tiene previsto que en pocos meses su uso quede reducido el 50%, pero lo que todavía no está claro es el año en el que se prohibirá totalmente su uso.

              Otros productos químicos utilizados como nematicidas son:

              Metilisothiocianato: este producto y los productos que lo generan son bastante efectivos en el control de este patógeno de suelo. Para aplicarlo se debe preparar el suelo para que esté húmedo. Los más utilizados son Dazomet, Metham Sodio y Metham Potasio. Son productos que afectan de forma considerable a las propiedades químicas y físicas del suelo, sobre todo el Metham Sodio que provoca un gran aumento de la salinidad. Curiosamente alteran el medio para que sea más favorable a los nematodos pero lo compensan con la acción insecticida del compuesto químico. Con ello se consigue una dependencia exclusiva a este tipo de productos porque el suelo queda en unas condiciones óptimas para la proliferación del nematodo.

              Hidrocarburos halogenados: son utilizados en algunos cultivos donde no se autoriza el bromuro de metilo. Destacan el Dibromuro de Dietileno, muy eficaz contra los nematodos, se aplica por inyección al suelo en forma líquida y es muy tóxico e irritante; la Cloropicrina que es muy eficaz sobre todo contra hongos pero no tanto contra nematodos y se inyecta en el suelo para luego cubrirlo con una lámina de plástico; es tan tóxico que sólo se puede aplicar por empresas autorizadas para ello exclusivamente; por último tenemos el Dicloropropeno que destaca por ser muy tóxico e irritante, se inyecta en el suelo y es quizás el mejor nematicida de los tres.

              Pero sin duda nuestro propósito es enseñaros técnicas y productos que sean útiles y no contaminen y puedan crear problemas de salud. Anteriormente citamos a los Bioplaguicidas (los veremos con gran atención en el próximo artículo) y previamente haremos un recorrido por las técnicas culturales más eficaces para el control de nematodos. Hay que tener en cuenta que algunos suelos han sido previamente tratados con alguno de los nematicidas químicos que hemos citado anteriormente por lo que para restablecer un equilibrio que nos garantice el control natural de los patógenos de suelo son necesarios varios años.

              Rotación de cultivos: método usado tradicionalmente para prevenir el ataque de ciertos patógenos de suelo como los nematodos y los hongos. Intercalar los cultivos es muy recomendable para los suelos ya que alternando cultivos mejorantes, medio exigentes y muy exigentes se consigue no agotar los recursos necesarios usados como alimento. También con el cambio de hospedador se puede dificultar el desarrollo o multiplicación de ciertos patógenos selectivos que atacan a unas especies de plantas más que a otras, con lo que se rompe el ciclo vital del parásito.

              Cultivos de cobertera: la siembra de cultivos para abono verde o de leguminosas (que fijan el nitrógeno atmosférico gracias a las bacterias del género Rhizobium), son muy favorables porque impiden el desarrollo de malas hierbas y rompen el ciclo de los patógenos ya que no encuentran los hospedadores adecuados.

              Utilización de sustratos: como el caso de la “lana de roca” que no permite la proliferación de muchos de los patógenos presentes en un suelo. Tiene el inconveniente de que aquellas enfermedades que sí pueden prosperar en sustratos artificiales o preparados, típicos de cultivos hidropónicos, pueden desarrollarse con mayor velocidad. Esto nos obliga a no bajar la guardia nunca y desinfectarlo siempre que se vaya a implantar un cultivo.

              Épocas de siembra: cambiar la época de siembra se utiliza sobre todo para que la planta hospedante no coincida con un determinado patógeno en el suelo y para ello hay que conocer las condiciones medioambientales óptimas de ambos.

              Encharcamiento: si aplicamos sobre un terreno una cantidad de agua lo suficientemente grande como para saturar todos los poros del suelo con agua se perderá el oxígeno, elemento indispensable para la mayoría de los patógenos. El inconveniente será el crecimiento posterior de malas hierbas por lo que no se recomienda en cultivos de porte bajo.

              Manejo óptimo de la fertilización: si la planta no dispone del alimento necesario sufrirá una serie de carencias y la hará más susceptible al ataque de patógenos, pero también excesos de algunos elementos como, por ejemplo, el nitrógeno harán más apetecible a la planta para los nematodos y los pulgones.

              Enmiendas orgánicas: cuando se adicionan enmiendas orgánicas aumentan las poblaciones de microorganismos que son beneficiosos y que además desarrollan una competencia con los patógenos, disminuyendo la población de éstos. El Bachumus Eco es uno de los productos más indicados para tal fin porque garantiza un mínimo de 400 gramos de materia orgánica por litro, totalmente asimilable por la planta y que es un eficaz sustento nutritivo para la microfauna y microflora del suelo. Sus fulvatos favorecen la asimilación de otros minerales como el fósforo y sus aminoácidos aportan fortaleza ante las condiciones adversas. Al aumentar la biodiversidad se tiende a alcanzar un equilibrio biológico que garantiza la presencia de nematodos fitopatógenos pero en unos niveles poblaciones nada problemáticos. A su vez corrige los desequilibrios químicos en el suelo con lo que las condiciones óptimas para el desarrollo de algunos nematodos perjudiciales, tales como la salinidad, desaparecen y evitan una superpoblación de los mismos

              Solarización: El método consiste en hacer aumentar la temperatura del suelo cubriéndolo con un plástico transparente durante varias semanas para aumentar las temperaturas hasta niveles letales para los patógenos del suelo. Para que el efecto sea mayor se suele aplicar humedad previamente para que se genere vapor de agua dentro del plástico. También consiste en aplicar una serie de labores con maquinaria que deje las capas más profundas del suelo expuestas a los rayos de sol. La solarización controla numerosas especies de hongos del suelo, es muy eficaz contra los nematodos y las malas hierbas. Este método es muy efectivo para determinadas condiciones ambientales en épocas de máxima radiación, como en los veranos de climas mediterráneos y continentales. En un trabajo expuesto por el científico del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Manolo Bello, en la Universidad de Cartagena en donde se comparaban distintas técnicas para el control de nematodos en cultivos de viña en la localidad murciana de Jumilla, la técnica de Solarización se manifestó como la más eficaz, por encima incluso que los tratamientos con productos químicos. En tal estudio quedó patente la viabilidad de la Solarización como sustituto a los tratamientos químicos. De hecho muchos defensores de los tratamientos químicos reconocen que la técnica de la Solarización combinada con la aplicación de Metham Sodio a dosis bajas es muy recomendable, pero con el tiempo la Solarización ha demostrado por si sola ser un método muy viable como nematicida.

Tratamientos Bio-Ecológicos SA.

 

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