El Cultivador 0

22 cultivo básico tallos deberían partirse con un crujido sin mayor esfuerzo, así como los cogollos ya “sólidos” se desprenden con facilidad. Un buen momento para realizar una cata, pues así podremos apreciar mejor el importante cambio que se producirá tras un buen curado. Siempre es im- portante tomar notas en el mo- mento, pues con el tiempo las apreciaciones se difuminan y luego se hace difícil comparar. A partir de aquí, el objetivo es mantener un proceso lento en la reducción de humedad, otro 10% con un intercambio de gases controlado de forma que se produzcan las últimas transformaciones a nivel quí- mico en las resinas hasta llegar al punto óptimo bajo nuestro punto de vista en cuanto a la combinación de efecto psico- activo y aromas y sabores al aire y en combustión, mo- mento en que almacenaremos nuestro stock para que se mantenga inalterado a lo largo del mayor tiempo posible. El Curado Este proceso es mucho más sencillo de llevar a cabo que el secado. Para realizarlo vamos a necesitar algún tipo de reci- piente opaco y estanco, es decir, que cierre hermética- mente. Tomaremos cada una de las ramas ya secas, y con extremo cuidado iremos sepa- rando cogollo a cogollo e in- troduciéndolos en el recipiente sin apretarlos. Un bote de cristal opaco con tapa hermética puede servir perfec- tamente. Hay quien prefiere hacer un paso intermedio entre el secado y el curado, de- jando la hierba unos días en cajas de madera antes de pa- sarla a los botes, lo cual es per- fectamente válido teniendo la precaución de no utilizar ma- deras aromáticas en exceso como ciertos tipos de cedro, ya que tienden a “contagiar” su aroma a la hierba. Una vez que están los cogo- llos en el bote, este se cierra y se guarda en un lugar oscuro. Como aún se necesita un li- gero aporte de oxígeno y hu- medad para que se den lugar las últimas reacciones quími- cas en los cogollos, abriremos el bote una vez por día durante algunos minutos, para volver a cerrarlo y guardarlo transcu- rrido ese tiempo. La duración del curado es algo bastante subjetivo, pues cada cual tenemos nuestros gustos. La mejor manera de saber cuando el material está en su punto es realizar catas periódi- cas, al menos una vez a la se- mana. Así podremos notar los cambios aromáticos y las varia- ciones en la psicoactividad. Lle- gará un momento en el que estos factores serán de nuestro máximo agrado, observando el hecho de que si se continúan abriendo los botes también continuarán los cambios en el interior, por lo que llega el mo- mento del almacenaje. El Almacenaje En este momento, lo que de- seamos es que nuestra maría se conserve durante largo tiempo en las condiciones en las que decidimos que el curado se había completado, por lo que necesitamos almacenarla de forma que ya no haya esos pe- queños intercambios de gases. Lo más sencillo es un enva- sado al vacío. Existen en el mercado diferentes sistemas para este fin que utilizan bol- sas o botes, pero vamos a ex- poner una forma sencilla de transformar los mismos ta- rros que hemos utilizado para curar en tarros al vacío. Es muy simple, se trata de com- prar en la farmacia unas vál- vulas de triple vía, como las que se utilizan para los gote- ros del suero, por ejemplo. Son muy económicas y fáciles de conseguir. También utiliza- remos una jeringuilla grande de las de veterinario. Sacamos la tapa del tarro, le hacemos un agujero en el cen- tro, insertamos en él la parte de debajo de la válvula y lo se- llamos con silicona. Después de dejar que transcurra el tiempo necesario para que la silicona solidifique y pierda su olor característico, colocamos la tapa de nuevo en el tarro. A continuación, a través de la boca de salida de la válvula ex- traemos el aire con ayuda de la jeringa. Con este sistema po- demos conseguir niveles de vacío del 90% o más, con la ventaja de que tras abrir el bote para extraer material po- demos volver a hacer el vacío sin ninguna dificultad. P o r supuesto, el sistema más efi- ciente es la inmersión en algún gas inerte como el nitrógeno o el argón que desplace todo el oxí- geno del contenedor, pero su ad- quisición suele ser cara y difícil, además de la complejidad de su manipulación. Por último, una vez los botes están al vacío, los guardare- mos en un sitio fresco y oscuro. Una temperatura constante de unos 5 grados centígrados puede conservar inalterados durante años los preciados co- gollos que allí depositamos. El secado ideal sería el que consigue dejar el ma- terial con la humedad entre el 20% y 30% Lo más sencillo es un envasado al vacío

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