El Cultivador 0

31 cultivo básico teoría el cultivo para autocon- sumo estaría penado como mucho con una sanción admi- nistrativa, es difícil hacer comprender a un juez que esos 2 ó 3 kilos de cogollo seco manicurado que van a quedar de esas diez plantas que tenemos en el balcón no van a ser vendidos, sino dis- frutados por uno mismo. O que esas ocho plantas de 3 metros que están en la parcela son de cinco personas en un cultivo compartido. Y aunque al final “no pase nada” y “sólo” hayamos recibido una sanción administrativa en forma de multa de hasta 6.000 euros cobrable a través de embargo de cuenta banca- ria si así lo estima oportuno nuestro amado Ministerio de Economía y Hacienda, habre- mos pasado por el escarnio de haber sido tratados como tra- ficantes con un laboratorio de marihuana, todo nuestro ve- cindario cambiará su actitud hacia nosotros pues unos nos dejarán de hablar y otros nos acosarán pues creen que ven- demos o tenemos hierba y querrán que les suministre- mos material. Si nuestra fa- milia no estaba al tanto, la crisis está asegurada. Si lo es- taba pero no le gustaba, ya tendrá los argumentos nece- sarios para prohibir o vetar posteriores cultivos. Incluso se ha llegado a dar el caso de que aún siendo el proceso anulado y la acusación sobre- seída, la persona imputada ha tenido que abandonar su tra- bajo y su residencia, pues la vida en su entorno social se convertía en insostenible a causa de la presión ejercida por la vecindad. Por estos y otros motivos, desde que el cultivo de canna- bis es ilegal en prácticamente todo el mundo occidental, los cannabicultores han buscado la forma de plantar de una manera mas o menos “silves- tre” y lejos del lugar de resi- dencia con el fin de conseguir una abundante y barata cose- cha de exterior sin los riesgos de cultivar en el domicilio propio. A esta forma de culti- var se la ha denominado desde siempre como “cultivo de guerrilla”, por sus especia- les características. Arriba es abajo Con certeza, mas de un cul- tivador novel que haya leído hasta aquí pensará: “Pero bueno, para sembrar unos ca- ñamones en el campo, ¿hacen falta instrucciones?” Si lo desea, es muy sencillo realizar una prueba acercándose a cualquier río o campillo cer- cano y poniendo algunas se- millas de cáñamo industrial, de las de alimento para cana- rios. Si vuelve al cabo de un par de meses y la planta sigue allí, puede considerarse extre- madamente afortunado. ¿Por qué? Pues por que el campo no es hoy en día como hace treinta o cuarenta años. Ya no estamos hablando de los factores abióticos o no producidos por seres vivos, como el viento, la lluvia, la se- quía o la calidad del terreno, sino que además de animales y plagas nos encontramos con que es realmente difícil en- contrar un lugar relativa- mente oculto y por el que no pase nadie en un momento dado. Buscadores de setas, pescadores, naturalistas, fa- milias, chavales en bicicleta y una miríada de personal con los objetivos mas dispares in- vaden campos, faldas de montañas, montes y vegas de ríos. En el lugar aparente- mente más recóndito de re- pente aparece un furtivo o se escucha a una pareja ha- ciendo el amor. Y que decir de los agentes del Seprona que recorren incansablemente las tierras y vegas de todo el terri- torio nacional a pie, lancha y helicóptero en sus encomia- bles misiones velando por el respeto a la naturaleza, y se encuentran con aquellas matas verdes de tres metros. Por eso, la denominación “cultivo de guerrilla” expresa todo su sentido ya que tendre- mos que luchar contra innu- merables dificultades e imprevistos de todo tipo, ade- más de realizar grandes es- fuerzos físicos y mantener una determinada “línea de pensamiento” desde que co- menzamos la campaña hasta que cosechamos que condi- cionará y modificará sin duda nuestro estilo de vida. Por supuesto, si salimos victoriosos de la batalla, la recompensa es realmente dulce y nos hará olvidar las “Pero bueno, para sem- brar unos cañamones en el campo, ¿hacen falta instrucciones?”

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