El Cultivador 0
84 historia (Gavà, Barcelona) en el IV milenio A.C. El hallazgo de restos de una cápsula de adormidera entre las piezas dentales de uno de ellos mo- tivó la puesta en marcha de un estudio para detectar el consumo de opio entre los individuos inhumados en la cavidad, deparando resulta- dos positivos en el caso de ese mismo esqueleto, que también presentaba una doble trepanación, y de otro con indicios de estrés ocupa- cional; por el contrario no se pudieron detectar restos de opiáceos en los esqueletos de una niña y una mujer, sin que por el momento se pueda precisar si el consumo de opio en este yacimiento era un privilegio exclusivo de los varones adultos, ni tampoco si su empleo guarda relación con el duro trabajo en la mina o con prácticas medicinales (Juan- Tresserras y Villalba 1999). La presencia de Cannabis queda atestiguada desde el III milenio a.C., fundamental- mente a través de restos tex- tiles (Abrigo de los Carboneros, Murcia; Kerbors, Francia) aunque ciertos ha- llazgos permiten sospechar la explotación de sus propieda- des euforizantes y estupefa- cientes. El descubrimiento de semillas carbonizadas de Cannabis en un cuenco polí- podo depositado en una tumba (kurgan) en la locali- dad rumana de Gurbaneşti hacia el III milenio A.C. in- dica que esta pieza pudo ser- vir como brasero para quemar marihuana (Sherratt, 1991) y que intencionada- mente seleccionaron ejempla- res hembra para este fin. Varios enclaves neolíticos del Norte de Europa han de- parado restos de cornezuelo de centeno ( Claviceps purpu- rea ), un hongo parasitario de los cereales con potentes componentes psicotrópicos, modernamente sintetizados para obtener L.S.D. También se han recuperado restos de ciertas especies de la familia de las Solanaceae con efectos alucinógenos caso del beleño ( Hyoscyamus niger ), la hierba mora (Solanum ni- grum) y la dulcamara (Sola- num dulcamara). No obstante creemos que seguramente se explotarían otras muchas es- pecies con propiedades simi- lares que crecían libremente en el continente europeo, por ejemplo, la belladona (Atropa belladona), la mandrágora (Mandragora autumnalis), el acónito (Aconitum napellus), la efedra (Ephedra sp.), la ruda siria (Peganum har- mala), la seta matamoscas (Amanita muscaria) y otros muchos hongos visionarios. Insistimos en que la mera presencia de estos vegetales en los yacimientos prehistóri- cos no indica necesariamente su empleo como drogas aun- que en algunos casos los ha- llazgos no ofrecen dudas al respecto. Así por ejemplo, en la cueva sepulcral del Calvari d´Amposta, en Tarragona, uno de los vasos cerámicos allí depositados, decorado según los patrones del Cam- paniforme Marítimo, alber- gaba en su interior trazas de una bebida fermentada de ce- reales en la que se detectó la presencia del alcaloide hios- ciamina (Fábregas 2001). Po- dría tratarse del residuo último de una cerveza en la que se hubiera disuelto al- guna planta de la familia de las Solanaceae, quizás beleño, con el fin de obtener una be- bida alucinógena que se ha- bría consumido en el transcurso de las ceremonias funerarias allí celebradas hacia el III milenio AC. Todas estas evidencias permi- ten defender la existencia de un consumo de drogas en Eu- ropa ya desde el Neolítico pu- diendo fecharse con seguridad esta práctica hacia el IV mile- nio A.C. (Can Tintorer) aunque no descartamos que en el fu- turo se produzcan nuevos ha- llazgos que lleven a momentos anteriores de la Prehistoria. Además, muchas veces estas drogas vegetales y ciertos ins- trumentos que pudieron servir para su manipulación y con- sumo se han recuperado en contextos funerarios y rituales lo que ha llevado a defender que estas sustancias pudieron jugar un destacado papel en las creencias religiosas de las co- munidades prehistóricas sir- viendo como vehículos para alcanzar el éxtasis con fines ri- tuales (Guerra 2005; Sherratt 1987; 1991; 1995). Referencias bibliográficas GÓNGORA Y MARTÍNEZ, M. DE. 1868. Antigüedades Pre- históricas de Andalucía, mo- numentos, inscripciones, armas, utensilios y otros im- portantes objetos pertenecien- tes a los tiempos más remotos de su población, Madrid. FURST, P. 1972. Flesh of the Gods. The Ritual Use of Ha- llucinogens. New York: Prae- ger Publications. FURST, P. 1980. Alucinóge- nos y Cultura. México: Fondo de Cultura Económica. HARNER, M. (ed). 1976. Alu- cinógenos y chamanismo. Madrid: Labor. OTT, J. 1996. Pharmacoteon. Drogas enteógenas, sus fuen- tes vegetales y su historia. Barcelona: Los Libros de la Liebre de Marzo. SCHULTES, R.E., HOFMANN, A. 1982. Plantas de los Dioses. Orígenes del uso de los aluci- nógenos. México: Fondo de Cultura Económica. GUERRA DOCE, E. e.p. “Dro- gas y rituales funerarios en el Neolítico europeo”, Actas del III Congreso del Neolítico en la Península Ibérica (Santander, del 5 al 8 de octubre de 2003). JUAN-TRESSERRAS, J. 2000. “La arqueología de las drogas en la Península Ibérica. Una síntesis de las recientes inves- tigaciones arqueobotánicas”, Complutum, 11: 261-274. JUAN-TRESSERRAS, J. y VI- LLALBA, M.J. 1999. “Consumo de adormidera (Papaver som- niferum L.) en el Neolítico Pe- ninsular: el enterramiento M28 del complejo minero de Can Tintorer”. Actes del II Congrés del Neolític a la Pe- nínsula Ibèrica. Saguntum- PLAV, Extra-2: 397-404. FÁBREGAS VALCARCE, R. 2001. Los petroglifos y su contexto: un ejemplo de la Galicia meridional. 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