El Cultivador 1
13 años), desde mi humilde punto de vista no sería co- rrecto legalizar el consumo de cannabis sin una previa edu- cación de la sociedad, una erradicación de la combina- ción tabaco+cannabis y aun- que teniendo en cuenta que el cannabis no es una droga neurotóxica (es decir que no aniquila neuronas, a diferen- cia del alcohol y el tabaco que si que lo hacen) y sabiendo que hasta los “veintipocos” años, no termina de formarse nuestro cerebro, recomendar su uso a partir de los 21 años para alejarnos así un poco de la supuesta “mayoría” de edad a los 18 para drogas como ta- baco y alcohol y erguirnos como lo que deberíamos ser, una industria “responsable y madura”. Precisamente con esas ideas y con esa intención de partici- par en esta industria, volé a Oakland y me matriculé en el primer curso, lo que se lla- maba “Classic Semester” (Se- mestre Clásico) tenía una duración de 2 meses y medio, repartido en 13 clases de 2h30m una vez por semana. La primera parte, teórica, en la que nos enseñaban las pau- tas legales para dirigir una “Medical Cannabis Dispen- sary” (Dispensario de Canna- bis Medicinal), así como clases de ciencia sobre el can- nabis, vaporización, extrac- ciones, horticultura avanzada con Ed Rosenthal, cocina can- nabica y demás asignaturas, eran bastante completas y con un CD y un archivador con apuntes sobre las mismas. Las segundas partes de las clases se llamaban "Grow Lab" (Laboratorio de Creci- miento) tenían una duración de 50 minutos, y estaban im- partidas por Chris McCathe- ran, un avezado cultivador que vivía en Oakland y cuyas preciadas flores verdes esta- ban a la venta para los alum- nos en la “Student Union” (Unión del Estudiante), un local de la universidad aco- gido a la “Measure Z” (Me- dida Z) aprobado por la ciudad, que hace que la venta privada, cultivo y posesión de cannabis para mayores de 21 años, sea la menor de las prio- ridades para los agentes del orden público y permite y or- dena el cobro de tasas y la re- gulación del mismo. Mis primeros días en Cali- fornia fueron un poco caóti- cos, entre echar de menos a las personas que aquí dejaba, la agradable vida madrileña, y el dichoso cambio horario, pero por fin llegó el primer día de clase, no quería llegar tarde así que fui con tiempo y me pasé por la “Student Union”, donde a parte de poder comprar cannabis había una mesa de billar, un proyector donde se veían los partidos de fútbol americano, buena música, algún que otro bong y como no un “Volcano” donde poder vaporizar y dis- frutar de los aceites esenciales de la planta sin tener que maltratar los pulmones. Para hacer algo de tiempo cogí un enorme periódico, y me senté en una de las mesas a intentar leer algo. Al poco tiempo, un chico joven, con gafas y una especie de mo- chila entró a la sala, yo seguía sentado en la mesa, y mi- rando de reojo, vi como de aquella mochila sacaba un bong de unos 40 cm de largo y se ponía a dar una calada tras otra. Al rato intrigado, seguí mirando hasta que me dijo que si quería probarlo y claro negarse uno no pudo. Se llamaba Jake, me estuvo ex- plicando que aquello que con- sumía era un aceite concentrado de cannabis ex- traído con gas butano para lo que era necesario el uso de una pieza que iba acoplada al bong, un “Vapor-Skillet”, que es como una “sartencita” de titanio que debía calentar con la ayuda de un soplete, hasta ponerla al rojo vivo y luego acercar una gotita del aceite con una varilla de metal, que al tocar la “sartencita” se va- porizaba, a la vez “solo” había que absorber del bong y dis- frutar de los efectos. Era mi turno, y tras 4 días sin consumir cannabis iba a ser mi primera vez en Califor- nia, y sinceramente fue algo increíble, un bombazo, mu- chísimo sabor, una calada de- masiado grande quizás, la garganta y las vías respirato- rias completamente abiertas, como si hubiese hecho vahos con Vicks Vaporus, estuve un largo minuto sin producir pa- labra, simple y llanamente por que no podía, intentando contener las lagrimillas de los ojos pero con una sensación alucinante en mi interior. El efecto no había hecho más que empezar y quedaba cada vez menos para la clase, me entró muchísimo hambre y, tras pasar por una Pizzería para comprar una ración gi- gante de pizza y una bebida, entramos por fin en la univer- sidad. Yo estaba bajo los efectos de aquella súper calada, subimos al piso de arriba y entramos al aula en la que íbamos a tener la clase, la sala era bastante grande, tenía dos pantallas y proyectores, un escenario en el medio y una capacidad para unas 100 personas. A pesar de todo, decidí sentarme en las mesas del principio, dejé mis cosas en la primera mesa y fui a dar una vuelta por el edificio. Entré a otra sala, más chi- quitita, pero mucho más inte- resante, había unas cuantas plantas madre bajo un foco de 1000 vatios, en una estantería con distintas baldas con sen- dos tubos fluorescentes, en las que había clones, plantas más chiquititas y plantas en estado vegetativo, había tam- bién una sala de floración Es por tanto muy im- portante dar a conocer y popularizar las distintas formas de consumir cannabis 58 Cultura Cannábica
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