El Cultivador

51 activismo los abusos que han sufrido las personas consumidoras de cannabis durante las últimas décadas. Espacios donde compartir el uso de nuestra amada planta. Uno de los argumentos más sólidos a favor de los CSC es su enfoque social. A pesar de que no se contempla en las regulaciones maltesa o alemana, constituye uno de los pilares fundamentales del CSC, al proporcionar espacios donde impactar en la población diana y compartir información bajo estrategias peer-to-peer, los clubes reducen así los posibles riesgos asociados al consumo. Además, los CSC suelen incluir programas de educación para sus miembros y sus trabajadores, promoviendo herramientas para la gestión de placeres y ofreciendo información sobre los posibles riesgos. Este enfoque preventivo es una herramienta poderosa para combatir problemas como el consumo en menores de edad o el abuso. Al integrar servicios de orientación y derivación a especialistas, los CSC también pueden actuar como un puente hacia sistemas de salud pública más amplios. Aun así, esto no ha sido suficiente para que el Estado otorgue algún tipo de reconocimiento al papel que desempeñan estas entidades en la sociedad. Una regulación con propósito El modelo de CSC es mucho más que una alternativa a la prohibición. Representa una visión del futuro donde el consumo de cannabis se integra en la sociedad de manera responsable, inclusiva y sostenible. Sin embargo, para que este modelo alcance su pleno potencial, es fundamental superar los retos legales y burocráticos que entorpecen el desarrollo efectivo de esta actividad. En un momento crítico para el debate sobre el cannabis, el modelo CSC ofrece una hoja de ruta que equilibra los intereses económicos, sociales y ambientales. Al adoptar una regulación clara y coherente, el Estado español tiene la oportunidad de participar del cambio transformador que beneficie tanto a las personas como a las comunidades. Este es el momento de actuar, a fin de proteger los derechos de las personas consumidoras, velar por la no criminalización de las personas al frente de asociaciones cannábicas y fortalecer una industria cannábica justa, sostenible y equitativa. En un momento crítico para el debate sobre el cannabis, el modelo CSC ofrece una hoja de ruta que equilibra los intereses económicos, sociales y ambientales

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