El Cultivador

29 cultura cannábica implementar también diferentes técnicas de cultivo para conseguir cogollos más aireados que facilitan el desprendimiento de las glándulas durante el lavado. Las glándulas de los tricomas son porosas, y una de las razones por las que las plantas emiten estos compuestos aromáticos durante su desarrollo es porque les ayuda a disminuir la temperatura de sus hojas. De esta forma, ocurre un ciclo diario en el que, durante las horas de luz, la evaporación de compuestos volátiles es mayor que durante la noche, cuando estos se siguen produciendo, hasta llegar a su punto álgido en los momentos antes del amanecer. Por esto, como las plantas han estado generando compuestos aromáticos durante toda la noche, en cultivos de interior se recomienda cosechar en los momentos antes de que se enciendan las luces. Para cultivos de exterior, de forma idónea, sería hacerlo de madrugada, o una vez que haya desaparecido el rocío de la mañana, antes de que el sol empiece a dar luz y calor intensamente. Sabiendo ya cuándo es el mejor momento para hacerlo, decidir el día de cosecha es algo que depende mucho sobre todo de los gustos personales de quien cultiva. Sin embargo, lo que aquí se busca es que las plantas estén en su mejor momento, cuando todavía no han comenzado a morir, que es lo que, por el contrario, sí que se quiere cuando se van a cosechar flores para secarlas. Lo que queremos, entonces, es que la mayor cantidad posible de glándulas sean de color blanquecino, tratando que el número de cabezas de color ámbar sea mínimo o nulo. No hay que precipitarse, ya que, de la misma forma que al recolectar y comer un tomate verde, este no sabe igual que un tomate maduro. Cosechar cannabis para este proceso, cuya resina no haya madurado del todo, donde las glándulas sean en su mayor parte transparentes, nos proporciona un hachís al que le faltan sabores. El color ámbar de las cabezas de los tricomas se debe a la oxidación y transformación de los compuestos aromáticos que hay en su interior, por lo que, cuantas más glándulas ámbar, más sabores curados, con menos frescura. Es obvio que una planta cortada con 55 días de floración, frente a esa misma cortada a los 75 días va a proporcionar una resina muy diferente, con distintas propiedades, también en cuanto a cómo responden las glándulas frente a la fricción. En definitiva, para lavar material congelado en fresco se trata de encontrar el punto óptimo de maduración de la mayor cantidad de tricomas, para así cosechar más compuestos activos. Cosecha y congelado Cuanto menos tiempo pase desde que se cortan las plantas, hasta que estas entren al congelador, mejor. A la hora de cosechar, la idea es eliminar por completo las hojas grandes que tienen muy pocos tricomas y cortar las puntas de las hojas más cercanas a las flores. Para desmenuzar cada rama, empezamos a cortar cogollos desde abajo, cortando por los tallos y dejando las flores divididas en trozos algo más pequeños que una bola de ping pong. Esta división en pequeños trozos facilita el proceso de lavado, ya que, en el caso de no deshacer los cogollos que son muy densos y congelarlos tal cual, al lavarlos, es más difícil extraer todos los tricomas que se encuentran sobre todo en sus partes internas. Para congelar flores frescas se pueden usar recipientes de metal, de cristal, de plástico o bolsas zip, por ejemplo. Es importante intentar que los cogollos se aplasten lo mínimo posible. Aunque las pérdidas por manipulación no puedan evitarse, cuantos menos tricomas queden pegados al recipiente, mejor. El tiempo de congelación variará dependiendo de nuestro congelador, su temperatura y la cantidad de material, pero 24 horas suelen ser suficientes. Materiales necesarios y opcionales Hay muchas formas de lavar, pero vamos a explicar cómo hacerlo de una forma sencilla y con lo básico, luego cada cual utilizará lo que tenga disponible y a mano. Los materiales para utilizar no son muchos y son asequibles: un cubo de 50 litros, que podría ser opcional; la olla de lavado de 25 litros; otra olla de 7 litros, o en su defecto un cubo, que hará de depósito de agua limpia, y hielos, para un pulverizador a batería con lanza. Además, también necesitamos un par de cubos o tres, donde irán las bolsas de lavado, y otro cubo al que previamente habremos quitado la base, que nos ayudará a recoger mejor el hachís de las bolsas. También usaremos un cucharón o espumadera de metal; para agitar, un par de cucharas soperas para recoger el hachís, y un vaso con agua y hielo para enfriarlas. Por último, dos pares de guantes de vinilo o nitrilo para aislarnos del frío, pero seguir teniendo tacto; un termómetro para líquidos; un kit de bolsas de lavado, y unos cuantos trozos de malla de 25µ m (µm=micrómetros, micras o micrones). La malla de 25 µm se compra por metros y conviene tenerla para ir recortando trozos de diferente tamaño según lo que necesitemos. Hay quien dispone de un cuarto frío, refrigerado con un sistema de aire acondicionado trucado, pero, en su defecto, está la opción de lavar de noche, Izquierda: antes de empezar a lavar. Derecha: diez minutos después se aprecian las glándulas flotando en el agua Con una cuchara, también congelada, ayudamos a que las partículas más pequeñas pasen por los agujeros del colador sin forzarlas demasiado Se aprecia alguna cabeza intacta, pero lo demás es resina apelmazada, tricomas rotos cuya resina se junta en pequeños trozos lavando material fresco se consigue un hachís más rico en compuestos aromáticos

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