El Cultivador

7. Freno al racismo institucional, la violencia policial y la represión de las minorías El manifiesto denuncia con claridad que el prohibicionismo ha servido como excusa para el racismo institucional. Las redadas, controles selectivos y registros arbitrarios no afectan por igual a toda la población: se concentran en jóvenes racializados, migrantes, personas sin hogar o de bajos ingresos. Por eso, se exige el fin de estas prácticas y la fiscalización activa de los cuerpos policiales que abusan de su poder bajo el pretexto del control de drogas. 8. Participación activa de la sociedad civil en las políticas públicas Frente a negociaciones a puerta cerrada y reformas descafeinadas, el movimiento exige que las políticas públicas sobre cannabis se construyan de forma democrática y participativa, con voz y voto de las asociaciones de usuarios, los clubes, los pacientes, los investigadores, los cultivadores y la sociedad civil organizada. Una regulación impuesta sin contar con quienes conocen y viven el cannabis sería otra forma de violencia institucional. 9. Poner en el centro a las personas, no a los mercados El manifiesto es especialmente crítico con el riesgo de que la regulación se convierta en una puerta de entrada para el negocio corporativo, dejando a un lado a las comunidades que han resistido durante años. Frente al modelo puramente mercantilista, se pide una legislación que priorice la salud comunitaria, los derechos humanos y el cuidado mutuo. La regulación no puede ser solo una oportunidad de negocio: debe ser una herramienta de justicia y reparación. 10. Desmitificación cultural: el cannabis como herramienta de vida, no como amenaza Finalmente, la MMM 2025 reivindica el valor cultural, espiritual y comunitario del cannabis. Esta planta no es solo una sustancia, sino también un símbolo de resistencia, una aliada terapéutica, una tradición ancestral y una herramienta de conexión con uno mismo y con los demás. Marchar por la marihuana es también plantar memoria, soberanía y futuro. Una fiesta de libertad, cultura y resistencia Más allá de lo político, la Marcha Mundial de la Marihuana es también un evento cultural y comunitario. Música en directo, charlas informativas, performances, talleres, proyecciones de documentales y actividades para todos los públicos forman parte del programa en cada edición. Se trata de visibilizar que el cannabis es mucho más que una sustancia: es también una cultura, una herramienta terapéutica y un símbolo de resistencia. 50 activismo el movimiento exige que las políticas públicas sobre cannabis se construyan de forma democrática y participativa

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