El Cultivador

Durante las marchas, es habitual ver pancartas con mensajes creativos, gente disfrazada de plantas de marihuana y puestos informativos donde se reparten folletos sobre reducción de riesgos, legislación o buenas prácticas de autocultivo. También se rinde homenaje a figuras históricas del activismo cannábico, tanto nacionales como internacionales. En este contexto, la MMM se convierte en un espacio de encuentro para quienes han sido estigmatizados durante años por su relación con el cannabis. La alegría de la celebración no oculta la gravedad de las denuncias: multas, detenciones, enfermedades sin tratar, inseguridad jurídica, miedo. Por eso, cada edición se vive con intensidad: porque la libertad aún no ha sido conquistada. Desafíos pendientes y futuro del movimiento A pesar del crecimiento del movimiento cannábico y de la visibilidad que ha alcanzado la marcha, España sigue sin contar con una regulación integral del cannabis. El retraso del Congreso en legislar sobre el uso medicinal, la criminalización del autocultivo y la presión policial sobre los CSC evidencian la distancia entre la realidad social y el marco jurídico. La falta de voluntad política ha sido una constante, incluso en momentos en los que había mayoría parlamentaria favorable a la legalización. Mientras tanto, miles de personas siguen enfrentándose a sanciones por fumar un porro en un parque o por cultivar unas pocas plantas en casa. Y los pacientes, especialmente los que sufren enfermedades crónicas, siguen sin poder acceder al cannabis de forma legal, segura y asequible. Desde el movimiento cannábico se insiste en la necesidad de un cambio urgente que pase por: ● Aprobar una ley integral del cannabis que contemple sus usos medicinales, recreativos e industriales. ● Establecer un sistema de licencias para el cultivo, distribución y venta, similar al de otros países como Alemania o Canadá. ● Incluir medidas de justicia restaurativa, que compensen los daños ocasionados por décadas de prohibición. ● Garantizar la educación en reducción de riesgos y la formación de profesionales sanitarios sobre el uso terapéutico del cannabis. En definitiva, la Marcha Mundial de la Marihuana no es solo una manifestación anual, sino el reflejo de una lucha continua que ha atravesado fronteras, prejuicios y generaciones. Desde Nueva York hasta Madrid, de Buenos Aires a Berlín, el movimiento cannábico ha demostrado que la sociedad está preparada para dejar atrás el prohibicionismo y avanzar hacia un modelo más justo, sensato y respetuoso con los derechos individuales. En España, y en particular en Madrid, la marcha se ha consolidado como una cita imprescindible del calendario reivindicativo. Cada año, miles de personas salen a la calle no solo para celebrar el cannabis, sino para denunciar las injusticias de un sistema que persiste en tratarlo como un problema, en lugar de asumirlo como parte de la solución. Porque la lucha por la marihuana es también una lucha por la libertad, por la salud, por la justicia social y por la ciencia. Y mientras siga existiendo la criminalización, seguiremos marchando. 51 activismo la Marcha Mundial de la Marihuana no es solo una manifestación anual, sino el reflejo de una lucha continua que ha atravesado fronteras, prejuicios y generaciones

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