El Cultivador

57 genética además de escoger una genética que conozcamos de antemano y sepamos que funciona bien en nuestra zona, tendremos que basarnos en características como su capacidad productiva, su tiempo de floración, su efecto, su facilidad de cultivo, etc. Sin embargo, si la finalidad de la selección fuese producir semillas, además de valorar estos aspectos, hay tener en cuenta que la opción más sencilla es trabajar con variedades estables que muestren poca variabilidad en sus fenotipos, como las landraceso las IBL. Escoger híbridos complica mucho las selecciones posteriores, ya que la descendencia será muy variable. Ni siquiera los F1 son buenos para este fin, ya que estos suelen mostrar un vigor resultante de su hibridación que no tiene porqué transmitirse a la descendencia. Un ejemplo muy ilustrativo de este caso es el de las variedades fast (híbrido F1 de una planta autofloreciente y otra fotodependiente), que suelen mostrar en su mayoría un gran vigor y una buena capacidad productiva en muy corto tiempo, pero que no son aconsejables para cruzar por incorporar el gen o genes de autofloración en su genotipo, aunque pueden ser excelentes madres para obtener esquejes. Una vez hayamos escogido variedad, tendremos que proceder a cultivarla para poder conservar el mejor ejemplar posible. El número de ejemplares a cultivar varía en función de cuánto queramos afinar la selección. Si la intención es obtener una planta para hacernos nuestros propios esquejes, bastará con germinar unas veinte semillas para su cultivo. Aun así, cuantas más cultivemos, más podremos perfeccionar la selección. Obviamente tendremos que guardar una copia de cada uno de los ejemplares que estemos cultivando, ya que solo cuando hayamos podido comprobar los resultados finales, podremos decidir cuál es el mejor. Aunque lo ideal es guardar la planta original que fue criada desde semilla, hay cultivadores que prefieren conservar un esqueje, ya sea por una cuestión de espacio o porque no tienen intención de cultivar la variedad durante mucho tiempo. Durante el cultivo, deberemos analizar cómo se muestran las plantas ante las condiciones de nuestra sala. Los primeros aspectos a valorar los podremos apreciar durante la fase de crecimiento. Uno de los rasgos más importantes a considerar es la capacidad de desarrollo vegetativo. Si la idea es obtener esquejes para su posterior cultivo en indoor, debemos tener en cuenta que un crecimiento excesivo suele ser un engorro y que uno deficiente suele acompañarse de poca producción. También valoraremos la estructura, fijándonos en la distancia internodal para descartar aquellas plantas en la que sea demasiado larga o demasiado corta, y la robustez, evaluando la dureza y grosor si la finalidad de la selección fuese producir semillas, hay tener en cuenta que la opción más sencilla es trabajar con variedades estables que muestren poca variabilidad en sus fenotipos

RkJQdWJsaXNoZXIy NTU4MzA1