El Cultivador

6 noticias internacionales En una escena que roza lo absurdo si no fuera por sus graves consecuencias, miles de personas resultaron intoxicadas en la localidad de Lice, en el sureste de Turquía, después de que las autoridades decidieran quemar al aire libre más de 20 toneladas de cannabis incautado, en pleno núcleo urbano. La operación pretendía ser ejemplar: un golpe contundente contra el narcotráfico que dejara claro el poder del Estado. Pero la espectacularidad de la acción pronto se tornó en desastre sanitario. Durante días, un humo denso e inconfundible se esparció por las calles, las casas, los colegios y los hospitales. Los síntomas entre la población no tardaron en aparecer: mareos, vómitos, desorientación y ansiedad. Las salas de urgencias colapsaron. Las familias, desesperadas, denunciaron la situación: “Nuestros hijos enfermaron. Estamos yendo al hospital cada día”. Lo ocurrido no fue un accidente, sino la consecuencia directa de una política de drogas anacrónica, punitivita y carente de asesoramiento científico. En lugar de gestionar las sustancias con criterio médico, ambiental y social, se apuesta aún por la teatralidad: quemar la droga como símbolo de victoria, sin importar los daños colaterales. El problema no es nuevo. La destrucción pública de drogas ha sido durante décadas una herramienta propagandística de gobiernos que necesitan escenificar el control, aunque sea a costa del bienestar de su ciudadanía. Pero pocas veces las consecuencias habían sido tan evidentes como en este caso. ¿De verdad nadie pensó en la población? La pregunta resuena con fuerza: ¿en qué cabeza cabe quemar 20 toneladas de cannabis al aire libre, sin evaluar el impacto en la salud pública? ¿Dónde estaban los asesores médicos, los técnicos ambientales o los expertos en salud pública? ¿Cómo es posible que una acción de este calibre se lleve a cabo sin una mínima evaluación de riesgos? El incidente revela lo que muchas voces llevan tiempo denunciando: la llamada guerra contra las drogas no solo es ineficaz, sino peligrosa; y, en este caso, literalmente tóxica. En vez de regular con sensatez, se opta por la destrucción ostentosa. En vez de prevenir, se improvisa. En vez de proteger, se expone a miles de personas a una sustancia psicoactiva sin control, sin dosis, sin contexto. Lo que debía ser una operación policial ejemplar acabó convirtiéndose en una crisis de salud pública. En Lice, una localidad del sureste de Turquía, miles de personas resultaron afectadas después de que la policía decidiera destruir más de 20 toneladas de cannabis incautado quemándolas al aire libre, en pleno centro urbano. El caso reabre el debate sobre las políticas represivas en materia de drogas y sus consecuencias para la ciudadanía. Intoxican a una ciudad entera al quemar 20 toneladas de cannabis en Turquía mailsonpignata (depositphotos)

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