El Cultivador

13 cultivo exterior Muchos cannabicultores prefieren el cultivo de marihuana en exterior por sus múltiples beneficios: permite aprovechar al máximo la luz solar, reduce costes al prescindir de sistemas artificiales y ofrece un entorno más natural para el desarrollo de las plantas. No obstante, también conlleva algunos riesgos, ya que estas quedan a merced de las inclemencias del tiempo, como el viento fuerte, las tormentas intensas o, cada vez con más frecuencia, las temperaturas extremadamente altas. Los mejores momentos para regar son el amanecer y el atardecer Durante la floración, el calor puede afectar al engorde de los cogollos, impidiendo su compactación y ganancia de peso En los últimos años, debido al cambio climático, las olas de calor se han vuelto más frecuentes, intensas y prolongadas en muchas regiones de España. Este fenómeno representa una amenaza importante para la salud de los cultivos de cannabis, ya que puede provocar estrés hídrico, mayor vulnerabilidad al ataque de plagas y una ralentización del desarrollo. Por tanto, si no se toman las medidas adecuadas a tiempo, la producción final puede verse comprometida, tanto en cantidad como en calidad. Por suerte, existen diversas estrategias que pueden aplicarse para minimizar los efectos negativos del calor extremo. En este artículo, vamos a repasar las más eficaces. Hablaremos de genética, riego, sombreado y mucho más, para que puedas seguir cultivando con éxito incluso en los veranos más calurosos. Cómo afecta el calor extremo al cultivo de marihuana Antes de poner en marcha cualquier medida de protección, es importante entender cómo reacciona la marihuana ante las temperaturas elevadas. Aunque el cannabis es una especie muy resistente, especialmente en exterior, también tiene sus límites fisiológicos. Cuando el termómetro se dispara por encima de los 30 °C de forma prolongada y la temperatura nocturna también es alta, las plantas comienzan a mostrar signos claros de estrés térmico. Uno de los síntomas más habituales es el decaimiento o flacidez de las hojas, que se doblan hacia abajo en forma de garra como mecanismo de defensa para reducir la evaporación. También pueden aparecer bordes quemados, decoloraciones o manchas marrones, sobre todo en las partes más expuestas al sol. En fases tempranas, el crecimiento vegetativo se ralentiza o incluso se detiene, y durante la floración, el calor puede afectar al engorde de los cogollos, impidiendo su compactación y ganancia de peso. Aunque una ligera sequía

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