El Cultivador

14 cultivo exterior Un clima seco provoca una evaporación acelerada del agua en el sustrato y en las hojas puede llegar a favorecer la producción de resina, una temperatura extremadamente alta es contraproducente y afecta negativamente a la cantidad y calidad de la cosecha. Además, el tipo de calor también influye. Un clima seco provoca una evaporación acelerada del agua en el sustrato y en las hojas, mientras que uno húmedo reduce la capacidad de transpiración de la planta, pudiendo verse favorecida la proliferación de hongos si no corre el aire. En ambos casos, el equilibrio hídrico se ve alterado y la planta necesita más recursos para mantenerse estable. Conocer estos síntomas y entender por qué se producen es el primer paso para anticiparse a los daños y prevenirlos. En las siguientes secciones, veremos qué decisiones puedes tomar para evitar que tus plantas sufran cuando el sol aprieta de verdad. Elección del emplazamiento y la genética Uno de los factores más determinantes para proteger el cultivo del calor extremo es la planificación inicial: elegir bien dónde cultivar y qué variedad sembrar puede marcar una gran diferencia cuando llegan los días más calurosos del verano. El emplazamiento es clave, por lo que, si vivimos en una zona muy calurosa, conviene escoger un lugar del terreno o terraza que reciba luz directa durante las horas más suaves (mañana o tarde) y que, siempre que sea posible, esté parcialmente protegida durante el mediodía. Esto puede conseguirse con la ayuda de elementos naturales como árboles, setos o cañas, o bien colocando estructuras artificiales, como mallas de sombreo o toldos retráctiles. También es importante tener en cuenta la circulación de aire en áreas con una elevada humedad ambiental. Aunque parezca contradictorio, un lugar demasiado cerrado puede acumular calor y humedad, generando un microclima aún más estresante para las plantas. Lo ideal es buscar un equilibrio entre sombra y ventilación natural, asegurando que el aire fluya libremente alrededor del cultivo. No obstante, en el caso opuesto, si cultivamos en un sitio donde el clima es seco, será conveniente protegerlo de las corrientes de aire, ya que este favorecerá la deshidratación. Por otro lado, la genética puede jugar un papel fundamental en la tolerancia al calor. Algunas variedades están mejor adaptadas a climas cálidos y secos, mientras que otras, pueden sufrir más bajo el sol abrasador. Las landraces procedentes de regiones como Afganistán o Marruecos han evolucionado para resistir temperaturas altas y condiciones adversas, por lo que sus híbridos suelen ser una buena opción para quienes cultivan en zonas con veranos extremos. Si vives en una región especialmente calurosa, conviene apostar por plantas resistentes al estrés térmico. Una buena idea es consultar en foros online o con otros cultivadores experimentados de tu zona para elegir las genéticas más adecuadas según el clima y tus preferencias. Sombreado y protección física Cuando las temperaturas suben por encima de lo que las plantas pueden tolerar, el sombreado se convierte en una de las herramientas más eficaces para evitar daños. Aunque la marihuana necesita muchas horas de sol para desarrollarse plenamente, eso no significa que deba estar expuesta al sol directo durante todo el día, especialmente en las horas centrales, que son las más peligrosas. Una opción muy utilizada por los cultivadores en climas calurosos son las mallas de sombreo. Estas estructuras, fáciles de instalar y bastante económicas, permiten reducir la intensidad lumínica y la temperatura ambiental sin privar a la planta de la luz necesaria para la fotosíntesis. Las más recomendables son las de color blanco, que permiten que no se acumule tanto el calor, con un porcentaje de sombreo entre el 30 y el 40 %, según la zona y la orientación del cultivo. Colocarlas a cierta altura, sin que toquen directamente las plantas, ayuda a crear un microclima más estable y fresco. Además de las mallas, en terrazas y balcones se pueden emplear toldos, lonas o sombrillas de jardín durante las horas centrales del día. La clave está en que el material deje pasar algo de luz y aire, evitando crear un ambiente cerrado o con exceso de humedad. En algunos casos, se pueden aprovechar elementos naturales del entorno para generar sombra parcial: árboles frutales, arbustos o incluso muros y vallas que proyecten sombra durante parte del día. Eso sí, hay que tener cuidado de que no se conviertan en barreras para la circulación del aire, ni reduzcan la exposición solar en exceso. También podemos mover las plantas en maceta a zonas más protegidas durante las horas de más sol, si el espacio lo permite. Este método ofrece mayor control, aunque requiere tiempo y atención diaria. Hacer un círculo de tierra en la base ayuda a conservar la humedad y evitar la dispersión del agua

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