46 activismo El activismo cannábico Historia, logros y desafíos Desde sus raíces contraculturales hasta su profesionalización en el siglo XXI, el activismo cannábico ha sido una pieza clave en la transformación del debate global sobre las drogas. En este artículo analizamos cómo ha evolucionado el movimiento en distintas regiones del mundo y cómo en España, a pesar de la represión legal, ha florecido una comunidad combativa y diversa que lucha por una regulación justa del cannabis. por Manu Hunter Orígenes del activismo cannábico: entre la contracultura y la resistencia política El activismo cannábico tiene sus raíces en los movimientos sociales de los años 60 y 70, particularmente en Estados Unidos. En aquel entonces, la criminalización del cannabis se percibía como una herramienta de represión política, dirigida contra minorías étnicas y sectores contraculturales. Figuras como Allen Ginsberg o grupos como el Youth International Party (Yippies) comenzaron a reivindicar el derecho a consumir cannabis como parte de una agenda más amplia de desobediencia civil. En paralelo, otros países como Países Bajos adoptaron posturas más tolerantes. A finales de los 70, Ámsterdam ya contaba con los primeros coffeeshops que funcionaban bajo una política de tolerancia pragmática. El activismo allí se enfocó menos en la confrontación legal y más en la normalización social. En América Latina, la historia fue distinta: el cannabis fue incluido en las campañas antidroga promovidas desde Estados Unidos, especialmente a través del Plan Cóndor y la posterior “Guerra contra las drogas” de Reagan. El activismo se desarrolló en contextos de represión intensa, y a menudo se entrelazó con el movimiento por los derechos humanos. El auge del activismo medicinal: ciencia, pacientes y derecho al alivio Durante los años 90, el activismo cannábico ganó un nuevo argumento de peso: la evidencia científica sobre sus beneficios terapéuticos. El caso de la activista Mary Jane Rathbun —más conocida como “Brownie Mary”— en San Francisco, quien repartía dulces con cannabis a enfermos de sida, generó una ola de simpatía pública. Fue un punto de inflexión: la compasión superó el estigma. California legalizó el uso medicinal en 1996. Desde entonces, muchos movimientos centraron sus esfuerzos en el ámbito sanitario, presentando el cannabis no solo como una sustancia recreativa, sino como un medicamento legítimo. Esta estrategia resultó eficaz para captar apoyos más amplios: médicos, farmacéuticos, investigadores y pacientes se sumaron a la causa. El activismo medicinal ha tenido un papel crucial en países como Canadá, Israel y Uruguay. En el caso de Uruguay, la legalización total del cannabis en 2013 fue precedida por campañas que ponían el foco en la salud pública y el control estatal como forma de disminuir el narcotráfico. El activismo del siglo XXI: redes globales, feminismos y derechos civiles Con la llegada de internet y las redes sociales, el activismo cannábico se globalizó. Colectivos de distintos países empezaron a compartir estrategias, organizar encuentros internacionales y generar discursos comunes. En este contexto surgieron figuras como Marc Emery en Canadá, o grupos como ENCOD (European Coalition for Just and Effective Drug Policies), que han hecho presión desde Bruselas. En América Latina, RedLatCann o Mama Cultiva han aportado una mirada feminista y comunitaria, priorizando el derecho al autocultivo y el rol de las mujeres como cuidadoras y activistas. El activismo cannábico tiene sus raíces en los movimientos sociales de los años 60 y 70, particularmente en Estados Unidos
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