48 activismo Durante los años 90, el activismo cannábico ganó un nuevo argumento de peso: la evidencia científica sobre sus beneficios terapéuticos El lenguaje también ha cambiado: ya no se habla solo de legalización, sino de reparación histórica, derechos humanos y justicia social. En Estados Unidos, los activistas afroamericanos han denunciado las enormes desigualdades raciales en las detenciones por posesión. En respuesta, algunos estados han impulsado programas de “equidad social” para priorizar el acceso al mercado legal a las comunidades más afectadas por la guerra contra las drogas. La situación actual en Europa: entre avances parciales y parálisis institucional Europa presenta un panorama fragmentado. Alemania legalizó el cultivo doméstico en abril de 2024 y planea establecer clubes sociales, mientras que Países Bajos sigue buscando la forma de regular “la puerta de atrás”, que tanto daño ha hecho en su política permisiva pero no integral. En Suiza y Chequia se han lanzado programas piloto de distribución regulada, mientras que Malta y Luxemburgo han aprobado modelos de autocultivo y clubes sin ánimo de lucro. El activismo europeo ha sabido adaptarse a las distintas realidades legales. En algunos países —como Bélgica, Italia o Austria— los clubes sociales de cannabis funcionan en una suerte de “alegalidad organizada”, enfrentando multas o incautaciones periódicas, pero con respaldo ciudadano. La falta de una directiva común desde la Unión Europea impide un avance coordinado. No obstante, el trabajo de las redes activistas en Bruselas y Estrasburgo ha conseguido incluir la cuestión del cannabis en el debate político comunitario, especialmente en torno a la despenalización del uso personal. El activismo cannábico en España: entre la persecución y la innovación España representa un caso singular en Europa. A pesar de la ausencia de una ley que regule el uso adulto del cannabis, el país ha sido pionero en modelos de organización comunitaria. Los clubes sociales de cannabis (CSC), nacidos en Cataluña a finales de los años 90, han sido una respuesta innovadora al vacío legal. Estos clubes operan sin ánimo de lucro, cultivando cannabis para sus socios en espacios Bsd_studio (depositphotos) Jpgon (depositphotos)
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