62 voces conscientes Muchas escenas en las cuevas prehistóricas son escenas de éxtasis chamánico Yo no practico como un chamán mongol, por ejemplo, sería incapaz de hacerlo, así que hago lo que sé hacer mejor. ¿Y qué sabes hacer? Crear puentes, ayudar a la gente a tener la oportunidad de abrir una puerta por sí misma. Para mí el chamanismo es un camino de desarrollo personal. Hay también el nivel colectivo, que es muy importante. Has hablado de las raíces europeas del chamanismo europeo, ¿cuáles son? Se pueden ver en las cuevas prehistóricas. Hay un trabajo de un historiador francés, Jean Clottes, que ha sido muy importante para demostrar que muchas escenas en las cuevas prehistóricas son como escenas de éxtasis chamánico. Por ejemplo, hay muchas figuras antropomorfas, que la gente que se dedica a la prehistoria llama “el chamán”, “el brujo”, pero para mí no es tanto el chamán sino el más allá. Cuando conectas con los espíritus, puedes encontrar este tipo de figuras. Por supuesto, para mí lo que se ve en las cuevas es el resultado de una historia muchísimo más larga y antigua. Después, a lo largo del tiempo, tenemos toda la cultura celta o escandinava, llena de cosas chamánicas, pero, para mí, la abuela que va a rezar a la fuente hace chamanismo, y eso todavía hay gente que lo hace. A veces, cuando voy a pasear por el bosque en Francia, encuentro trocitos de tela colgados de una rama de un árbol, para mí eso es chamanismo, porque alguien ha dedicado tiempo para hacer, no únicamente un acto, sino un diálogo con algo más sutil, y da igual lo que la persona pensaba en ese momento, si lo hacía para ella o para honrar al espíritu del lugar, eso es, para mí, la base del chamanismo. ¿Cómo llegaste al chamanismo? Hace mucho tiempo, una amiga me invitó a una semana chamánica en el bosque del suroeste de Francia, en Les Landes. En aquel entonces yo era más un chico de ciudad que de naturaleza, me daban miedo los bosques, y para mí el peor de los bosques era este. Me lo pensé, porque tenía miedo, pero como tenía mucha confianza en mi amiga y ya conocía su alma, dije que sí. Al llegar conocí al chamán del lugar y le compartí que estaba en el peor lugar que pudiera imaginar para mí. Él no dijo nada. Al día siguiente o a los dos días hicimos algo sencillo, no recuerdo los detalles, y durante esta sesión fue como si los espíritus me cogieron y quitaron la piel para devolverla al revés, ahí cambió todo. Recuerdo salir de la yurta e ir directamente al bosque y desnudarme, como un autómata, fui caminando desnudo por el bosque y conectando con los animales. Hablé con un ciervo, con un saltamontes, con hormigas… Era como ver y sentir de repente el mundo real. Y desde entonces no he parado de recibir iniciaciones, de vivir aventuras, de transformar lo que había que transformar, de acoger lo que había que acoger... han sido años de aprendizaje intensivo, dedicaba mi alma al asunto, con la ayuda de los espíritus y de este chamán que se convirtió en amigo. Y sigo aprendiendo, no hay fin en este camino.
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