El Cultivador

56 activismo Sin embargo, tras el cambio de gobierno, la situación ha dado un giro radical. En 2024, el nuevo Ejecutivo tailandés anunció su intención de revertir parcialmente la legalización y limitar el uso del cannabis exclusivamente al ámbito médico. Las nuevas leyes plantean restricciones drásticas al cultivo, la venta y la posesión, generando incertidumbre entre pacientes, cultivadores y emprendedores que habían apostado por el sector. El caso tailandés ilustra una verdad incómoda: los avances no son irreversibles. Europa se mueve (aunque lentamente) A pesar del conservadurismo institucional de la Unión Europea, algunos países están adoptando posiciones valientes. Alemania, por ejemplo, ha implementado una reforma que permite el cultivo doméstico, los clubes sociales y el uso recreativo en un marco legal controlado. Malta, pionera en la regulación de los clubes cannábicos, avanza con paso firme. Luxemburgo, Suiza y Países Bajos también han iniciado reformas parciales. Estos avances no solo responden a un cambio en la percepción social, sino también a un cálculo económico: regular el cannabis implica ingresos fiscales, empleo, desarrollo industrial y ahorro en costes judiciales y penitenciarios. Alemania estima que la legalización podría generar miles de millones en ingresos anuales. ¿Cómo puede España permitirse ignorar este potencial? La situación española: entre la hipocresía y el inmovilismo España es, paradójicamente, uno de los países más avanzados en cultura cannábica y a la vez uno de los más estancados en términos legislativos. Con decenas de miles de autocultivadores, centenares de clubes sociales y millones de usuarios, el país sigue sin una ley que regule ni el uso medicinal ni el recreativo. El drama de los pacientes medicinales En junio de 2022, el Congreso de los Diputados aprobó un informe favorable a la regulación del cannabis medicinal. La iniciativa parecía abrir la puerta a un sistema regulado, controlado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), que permitiría a los pacientes acceder a preparados farmacéuticos a través del sistema público de salud. Sin embargo, más de tres años después, no se ha publicado el decreto que hace efectiva esa promesa. España es, paradójicamente, uno de los países más avanzados en cultura cannábica y a la vez uno de los más estancados en términos legislativos Esta dejadez es cruel. Miles de personas con enfermedades como esclerosis múltiple, epilepsia, fibromialgia, náuseas derivadas de la quimioterapia o dolor crónico siguen recurriendo al mercado negro, a clubes sociales no regulados o al autocultivo para obtener un alivio que el sistema sanitario les niega. Y todo ello mientras el Estado mira hacia otro lado. Los autocultivadores: criminalizados por cultivar su medicina o su placer El autocultivo es una práctica arraigada en España. No solo representa una forma de autonomía y reducción de riesgos, sino también un acto político: cultivar es resistir a la lógica del mercado ilegal. Sin embargo, quienes lo practican siguen en la cuerda floja legal. Aunque el Tribunal Supremo ha reconocido la doctrina de consumo compartido, no existe ninguna ley que garantice seguridad jurídica a los cultivadores. Una inspección policial puede desembocar en procesos penales, incautaciones Blulz60 (depositphotos)

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