58 activismo Una regulación integral del cannabis podría generar en España entre 2.000 y 3.000 millones de euros anuales en ingresos fiscales contra los clubes y grow shops, impulsada por algunos ayuntamientos, amenaza con desmantelar un ecosistema que durante años ha funcionado sin apenas conflictos. Regular no es promover, es proteger Quienes se oponen a la regulación del cannabis suelen utilizar un argumento falaz: que legalizar sería “fomentar el consumo”. Pero la experiencia internacional demuestra lo contrario. En Canadá, Uruguay o algunos estados de EE. UU., la legalización no ha disparado las tasas de consumo, pero sí ha reducido los daños asociados al mercado negro, ha incrementado la recaudación fiscal y ha facilitado el acceso a productos controlados y seguros. Regular no es invitar a consumir, sino establecer normas claras para que quien decide hacerlo lo haga con garantías. Es proteger al menor, al paciente, al consumidor responsable, al trabajador del sector y al agricultor. Es acabar con el negocio del narco y construir una alternativa democrática, transparente y ética. Un potencial económico que España está desperdiciando España tiene el mejor clima de Europa para cultivar cannabis. Tiene tierras fértiles, una tradición agrícola sólida y una industria incipiente que ha resistido incluso en condiciones de alegalidad. Sin embargo, mientras otros países legislan y atraen inversión, aquí seguimos penalizando el emprendimiento en este ámbito. Según estimaciones de expertos, una regulación integral del cannabis podría generar en España entre 2.000 y 3.000 millones de euros anuales en ingresos fiscales, crear decenas de miles de empleos y dinamizar sectores como el turismo, la investigación, la agricultura ecológica o la cosmética natural. ¿De verdad podemos permitirnos ignorar esta oportunidad, especialmente en un contexto de crisis económica y desempleo juvenil? El papel del activismo: no hay marcha atrás Frente al inmovilismo institucional, el activismo cannábico sigue siendo el principal motor del cambio. Asociaciones de pacientes, colectivos de cultivadores, abogados, investigadores, periodistas especializados y usuarios organizados continúan presionando para que España deje de ser una potencia en la sombra y se convierta en un país regulado, libre y sensato. La lucha no es solo por el cannabis, es por un modelo de sociedad que respete la autonomía individual, la salud pública, la justicia social y la evidencia científica. La regulación del cannabis no es el final del camino, pero sí un paso imprescindible para construir una democracia más honesta, coherente y valiente. marketing.lasers@ya.ru (depositphotos) Shufuu (depositphotos)
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