14 cultivo exterior Cultivar plantas adaptadas a climas húmedos y resistentes a los hongos, como sativas (NLD) de cogollos no muy densos, es una ventaja fundamental laBotrytiscinerea, también conocida como moho gris. Este hongo aprovecha cualquier debilidad estructuralde la planta, como lesiones o cicatrices, para penetrar en los tejidos vegetales y avanzar rápidamente, colonizando el interior de los cogollos. Las heridas producidas por insectos, la falta de aireación entre ramas o la acumulación de agua en las flores densas son oportunidades ideales para su desarrollo. Una vez que la planta está infectada, la botrytis degrada los tejidos, estropeandolos cogollos y dejándolos completamente inaprovechables. Esta enfermedad puede arruinar toda la cosecha si no se detecta a tiempo, especialmente en condiciones de humedad relativa alta y temperaturas cálidas, de entre 18 y 26°C. Otro riesgo habitual en otoño, aunque algo menos agresivo, es la persistencia del oídio. Este hongo, común durante la primavera y el final del verano, puede prolongar su ciclo si las temperaturas son templadas y la humedad se mantiene alta. Aunque suele afectar más a las hojas, si no se controla a tiempo puede alcanzar los tallos e incluso a las flores, disminuyendo su calidad. Además de los hongos, en esta etapa del ciclo conviene vigilar la aparición de plagas oportunistas. Las orugas, por ejemplo, son especialmente problemáticas en septiembre, cuando las polillas o mariposas nocturnas aún están activas y depositan sus huevos en nuestras plantas. Las larvas suelen esconderse en el interior de los cogollos, alimentándose de los tallos que los unen a la planta, y provocando que se sequen antes de cortarlos. Además, las heridas que causan para alimentarse facilitan el acceso de patógenos como la botrytis. A su vez, plagas como ácaros y trips, aunque menos activas con el descenso de temperaturas, pueden sobrevivir en ambientes templados y causar daños si no se han controlado durante el verano. Por último, cabe señalar que los cambios bruscos de temperatura entre el día y la noche, tan característicos del otoño, pueden provocar cierto estrés fisiológico en las plantas. Este no siempre se puede apreciar simple vista, pero suele traducirse en un cultivo más débil y vulnerable frente a enfermedades. Si a esto se suma un exceso de agua en el sustrato por lluvias persistentes, el riesgo de asfixia radicular se incrementa, comprometiendo aún más el desarrollo final del cultivo.Adicionalmente, las tormentas pueden provocar que las ramas se rompan con facilidad, cediendo al peso de los cogollos mojados y los Si se prevén fuertes tormentas, es mejor cortar que arriesgarse a perder la cosecha
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