7 noticias Colorado, por su parte, aprobó en 2022 la Proposición 122, que permite no solo el uso clínico, sino también el consumo personal despenalizado y el cultivo doméstico. Este enfoque mixto —regulación terapéutica más libertad individual— ha sido observado con interés por otros estados, que ven en él un modelo replicable con margen para la adaptación local. Lo que sorprende es la diversidad ideológica de los territorios implicados. En Texas, el exgobernador republicano Rick Perry se ha convertido en defensor abierto de la ibogaína como tratamiento para veteranos con trastorno de estrés postraumático. “Mi reputación no vale más que sus vidas”, declaró en un discurso que fue recibido con una ovación. Utah, un estado profundamente conservador, aprobó por unanimidad el uso hospitalario de psilocibina y MDMA para fines de investigación. Hoy en día, al menos 22 estados están estudiando iniciativas similares. Organizaciones como MAPS (Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies) insisten en que este proceso debe ir acompañado de investigación científica rigurosa y armonización legislativa. Su codirector, Ismail Lourido Ali, plantea que el modelo ideal debe basarse en cuatro pilares: aprobación médica por parte de la FDA, regulación estatal, despenalización del uso personal y reconocimiento de prácticas espirituales tradicionales. Solo así, afirma, podrá construirse un marco legal realista, seguro y respetuoso. Sin embargo, no se trata solo de una cuestión médica. El componente espiritual y de autonomía personal está cada vez más presente en el debate. La abogada Allison Hoots, especializada en usos religiosos de plantas psicoactivas, defiende que seguridad y libertad no son excluyentes. Algunas propuestas legislativas, como la que se discute en Nueva York, contemplan el uso legal de psilocibina tras la realización de un curso educativo breve, lo que garantiza una base mínima de conocimiento sin restringir el acceso. En la práctica, los estados pioneros ya están ajustando sus leyes sobre la marcha. Colorado ha modificado tres veces su marco normativo para adaptarlo a los retos reales, y durante la apertura del congreso en Denver, el gobernador Jared Polis firmó el perdón masivo de condenas por posesión de psilocibina, en lo que se interpretó como un gesto de justicia reparadora y coherencia política. Mientras tanto, el bloqueo federal persiste. Psilocibina, MDMA e ibogaína siguen clasificadas como drogas de tipo I, lo que limita su estudio y aplicación clínica. Pero los ensayos controlados empiezan a acumular evidencia: eficacia en el tratamiento de la depresión resistente, el TEPT o las adicciones, todo con perfiles de seguridad favorables. Esta nueva base de datos empírica presiona a la administración federal para que revise sus criterios, aunque el impulso real viene de los estados. Lo que comenzó como una excepción en dos territorios se está convirtiendo en una ola de reformas sin precedentes, que avanza sin esperar a Washington. La regulación psicodélica en Estados Unidos no solo está en marcha: se está diseñando desde abajo, con pragmatismo, sensibilidad social y un compromiso cada vez más amplio con el derecho a sanar, explorar y elegir. gustavofrazao (depositphotos) adroach (depositphotos)
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