El Cultivador 11

68 pensamiento psicodélico que el consumo tenga que ir obligatoriamente asociado al pensamiento psicodélico, sí es cierto que popularmente psi- c o d e l i a y e n t e ó g e n o s comparten paquete. La literatura, por su parte, había sido un soporte perfecto para expresar los anhelos y ex- periencias fruto de las andanzas por los terrenos más oscuros de la mente. Anteriormente, en esta misma publicación, se repasaban los escritos de Carlos Castaneda, por ejemplo, −acerca de su aprendizaje de formas y rituales que incluían peyote y otros enteógenos, con un indio y a q u i e n e l d e s i e r t o mexicano− o de Lewis Carroll –autor de Alicia en el País de las Maravillas , obra de refe- rencia de la Psicodelia en la cual se desarrolla un viaje a un lugar paralelo e ilógico en el que se incluye el consumo de sustancias transformadoras−. Comprenderéis así, que las artes visuales se configuran también como soporte idóneo para representar aquello que los enteógenos revelan. No es la primera vez que la cultura popular se hace eco de estas inquietudes. En una afamada serie norteamericana, uno de sus protagonistas entraba en trance cuando consumía heroína, vislum- brando el futuro y representán- dolo en sus cuadros. En inicio, sin heroína y sin trance, no habí a c l ar i v idenc i a . Sin embargo, con el desarrollo de la trama, llegaba a concluirse que ese estado clarividente del artista podía ser autoinducido sin necesidad de ninguna sustancia, siendo esta un simple pero potente detonador. El caso de nuestro protago- nista de hoy es un tanto peculiar. Salvador Dalí, a pesar de negar consumir sustancia alguna, fue bautizado por Timothy Leary −el sacerdote del LSD− y los hippies de San Francisco: primer pintor del LSD sin LSD . Aunque Dalí pronto se desvinculó de aquellos psico- nautas americanos, lo cierto es que su obra demuestra compartir su interés con ellos: investigar, trabajar y expresar- se en función de sus estados alternos. Dalí era afamado represen- tante del Surrealismo. André Breton, precursor de este estilo, publicó en 1924 El Manifiesto surrealista . En él afirmaba las máximas que perseguían: “se propone expresar verbal- mente, por escrito, o bien de otra manera, el funcionamiento rea l de l pensami ento, en ausenc i a de todo cont rol ejercido por la razón, fuera de cualquier preocupación estética o moral" La obra de Salvador Dalí no puede encuadrarse en el arte psicodélico que se desarrolló desde mediados del siglo XX pero, como se hace obvio, el Surrealismo y el arte psicodéli- co parecen compartir inquie- tudes, como la intención de sortear las barreras de la razón. En esta línea, comentó Dalí a propósito de su obra: “El hecho de que yo en el momento de pintarlas, no entienda el significado de mis cuadros no quiere decir que no lo tengan; al contrario su sig- nificado es tan profundo, complejo, coherente e involun- tario que escapa al simple análisis de la intuición lógica". (Conquista de lo irracional) Como se puede observar Salvador Dalí era otro “navegante de la mente” más en su búsqueda de superar límites perceptivos. Un psico- nauta más, si hacemos caso a aquellos que no creen que el pintor se abstuviera de Su significado es tan profundo, complejo, coherente e involun- tario que escapa al simple aná- lisis de la intuición lógica

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