El Cultivador 11

69 pensamiento psicodélico enteógenos; o si comprende- mos, como el psicólogo Dr. Ellot Cohen del Instituto británico de Psicosomanáutica, que para serlo no es necesario consumir ninguna sustancia. Todo el espíritu surrealista estaba imbuido de esta máxima. Ahondar en el in- consciente y sacar a la luz lo más recóndito de la mente humana era el objetivo. Para ello, comentaban que era el automatismo , la guía del pen- samiento sin mediación de la razón, su vía, su origen. Esta idea coincidía, y no casual- mente, con el desarrollo de la psicología en el siglo XX. En 1922, Dalí había descubierto y devorado los estudios e inves- tigaciones que Sigmund Freud iba publicando. Para entonces, el psicoanalista austriaco se había convertido en ídolo de los surrealistas. Sin embargo, parece que el icono al que tanto se habían aferrado les había proporcio- nado falsas ideas. La lectura de La interpretación de los sueños (1900) , de Freud, fue un gran hito en la vida de Dalí e impactó a todos los surrea- listas. Adoptaron sus ideas y comenzaron a componer sus obras en base a sus sueños. Sus cuadros se plagaron de imágenes oníricas. Pero no se dieron cuenta de que habían caído en la trampa de la razón. Si bien los sueños eran manifestaciones inconscien- tes, el mero hecho de recurrir Este parecía el error del Surrealismo: habían basado su trayectoria como movimiento en la anulación de la lógica, para finalmente verse perdidos en ella

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