El Cultivador 11

vendedores (proveedores de cannabis medicinal). Para continuar con el tema de las interacciones con los gobiernos locales, el señor Raich nos introducía el asunto sobre la obtención de las licencias comerciales. El privilegio de hacer negocio dentro de una determinada jurisdicción requiere el pago de unas tasas que son distin- tas dependiendo del lugar en el que nos encontremos. El gobierno local tiene el deber de preguntar en el im- preso de solicitud de la licen- cia qué tipo de negocio es aquel que queremos abrir y nos recordaba de nuevo su consejo de “ser discretos”. A su parecer, no es una buena idea utilizar las palabras can- nabis, marihuana, cáñamo u otros sinónimos para explicar que tipo de empresa vamos a fundar. Su recomendación por lo tanto era la de usar algún tipo de eufemismo para describir nuestro futuro negocio, algo así como hierbas medicinales, curaciones holísticas, medici- nas homeopáticas... Nos su- gería, en definitiva, que fuésemos creativos y que eli- giéramos bien a la hora de poner nombre a nuestra em- presa. El señor Raich trató, segui- damente, la cuestión de la pu- blicidad. Según él, la publicidad es la antítesis de ser discretos, por lo que según él lo más seguro es no publi- citarse. Sin embargo, ya que hay muchas publicaciones de todo tipo que están llenas de anuncios de dispensarios de cannabis medicinal y empre- sas relacionadas, nos aconse- jaba hacerlo de forma apropiada y en los sitios ade- cuados. En caso de hacer uso de la publicidad generalista, nos recomendaba quitar impor- tancia a los efectos del canna- bis y buscar la analogía con otra de las drogas legales, el alcohol. Los anuncios de alco- hol hablan de si “sabe genial”, de la amistad, de si “vas a ser único” por beber una u otra bebida pero lo que no dice ninguno de esos anuncios es por ejemplo: “Bebe nuestro vodka, te pondrás muy borra- cho y rodaras por el suelo”. Por lo que Robert nos aconse- jaba que no cometiésemos el error de anunciarnos con fra- ses como: “Compra nuestro cannabis te dejará muy fu- mado”. Seguidamente nos introdu- cía algunos ejemplos que, bajo su punto de vista, eran mucho más adecuados. Nos mostraba una revista local en la que había un anuncio de un dispensario de San Francisco en el que las palabras más grandes del mismo eran “Gi- ving back to our community” (Retribuyendo a nuestra co- munidad) u otro de un dis- pensario de Sacramento en el que había un calendario donde estaban programadas las actividades (gratuitas) que se llevaban a cabo durante dicho mes: clases ajedrez, fit- ness, masajes, yoga, grupo para veteranos (militares que han servido en el ejercito), días de voluntariado, etc. Como Mr. Raich nos decía, si un paciente está buscando un 77 cultura cannábica No es una buena idea utili- zar las palabras cannabis, marihuana, cáñamo u otros sinónimos para explicar que tipo de empresa vamos a fundar

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