28 arte cannabico De los miedos a la propaganda: los años treinta y cuarenta La historia del cannabis en el cine comienza, paradójicamente, en el terreno del moralismo más rancio. En plena campaña de Harry Anslinger y la Oficina Federal de Narcóticos contra la marihuana, surgieron películas de propaganda que buscaban “educar” a las familias estadounidenses sobre los supuestos peligros de la hierba. La más famosa fue Reefer Madness, una cinta tan exagerada que, décadas después, acabaría siendo rescatada como comedia involuntaria en pases de medianoche. Jóvenes estudiantes se volvían asesinos despiadados después de fumar, las chicas caían en desgracia y la marihuana era retratada como una droga demoníaca. Aquel cine cumplió su función: reforzar el estigma y asociar la planta con la delincuencia y la degeneración. Pero ya en esos años se filtraba otro relato paralelo. El jazz, con su cultura nocturna, llevaba la marihuana a los clubes, y algunos filmes de serie B la mostraban como parte del ambiente urbano. Sin pretenderlo, el cine sembraba la semilla de una doble lectura: la marihuana como amenaza, sí, pero también como elemento de una vida alternativa y bohemia. El giro de los sesenta: psicodelia y contracultura en la pantalla Hubo que esperar a los años sesenta para que el cannabis apareciera en el cine con otro brillo. La revolución cultural, la guerra de Vietnam, el movimiento hippie… todo ello se coló también en las películas. Easy Rider (1969) es el mejor ejemplo. Dos moteros recorriendo las carreteras infinitas de Estados Unidos, fumando marihuana y buscando un sentido distinto a la vida, se convirtió en un emblema de la contracultura. En esa película, fumar no era un chiste ni un crimen: era un gesto de libertad frente al sistema. La psicodelia también tuvo su espacio. Películas experimentales jugaron con colores, música y secuencias alteradas que evocaban los estados de conciencia ampliados. El cannabis, junto a la LSD y otras sustancias, aparecía como símbolo de un nuevo horizonte cultural. Los setenta: el nacimiento de la comedia stoner A finales de los setenta, el cine cannábico encontró su propio género: la comedia stoner. Y sus pioneros fueron Cheech & Chong, dos cómicos chicanos que convirtieron el humo en carcajada. Up in Smoke (1978), estrenada en España como Los chicos de la mota, fue un éxito inesperado: con muy poco presupuesto, se convirtió en fenómeno cultural y abrió la puerta a una saga de películas delirantes donde la marihuana era la verdadera protagonista. Por primera vez, los fumadores aparecían como antihéroes simpáticos, vagos pero entrañables, enfrentados a un mundo rígido que no los entendía. El humor cannábico se expandió El cannabis no solo ha sido fumado: ha sido pintado, cantado, filmado y celebrado como símbolo de rebeldía y creatividad
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