El Cultivador

32 arte cannabico UU. Películas y series muestran personajes que fuman sin necesidad de justificarlo, del mismo modo que alguien toma una copa de vino. El estigma se diluye y el cine acompaña ese proceso. Hoy, fumar un porro en una película puede ser un detalle de realismo, un guiño cultural o un simple rasgo de personalidad de un personaje, sin necesidad de grandes discursos. El caso español y latinoamericano: retratos cotidianos En España, el cannabis en el cine ha tenido un recorrido más discreto pero igualmente revelador. Películas como Barrio (1998) o El otro lado de la cama (2002) muestran a personajes fumando sin convertirlo en el centro de la trama, como parte de la vida cotidiana. En América Latina, directores como Luis Estrada en México o cineastas independientes Hoy, fumar un porro en el cine es un detalle de realismo cotidiano, sin necesidad de justificarlo en Argentina y Chile han incorporado el cannabis como símbolo de rebeldía o de crítica social, siempre en diálogo con contextos políticos donde la prohibición sigue pesando. Un humo que nunca se apaga Del miedo a la risa, de la propaganda al documental, el cannabis en el cine ha recorrido el mismo camino que la sociedad. Si en los años treinta fue demonio y en los setenta se convirtió en chiste, hoy es reflejo de normalidad. El séptimo arte no solo ha narrado esta transformación: también la ha impulsado. El humo que una vez llenó las pantallas de advertencias ahora es humo de libertad, de cultura y de memoria colectiva. El cine, como el cannabis, ha demostrado que lo prohibido no desaparece: se reinventa, se resiste y, tarde o temprano, encuentra su lugar en la historia.

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