El Cultivador

58 activismo En 1970, el abogado Keith Stroup fundó NORML con un pequeño apoyo de la Playboy Foundation club— que exigen vigilancia cívica. En América del Norte, persiste la incoherencia fiscal y penal federal. En España, la ausencia de una regulación mantiene en el alambre a los clubes y a los pacientes, y prolonga una inseguridad jurídica que solo favorece a los circuitos ilegales. El activismo que hemos repasado sugiere un camino: regular con evidencia, reparar el daño (expedientes y condenas) y proteger el cultivo doméstico y comunitario sin ánimo de lucro. Los hechos —de San Francisco a Bilbao, de Pretoria a Berlín— demuestran que la suma de compasión, argumentos y organización cambia leyes. El activismo cannábico es, sobre todo, la historia de personas corrientes que decidieron asumir un coste —personal, judicial, económico— para cerrar la brecha entre la experiencia social y la ley. A escala internacional, sus hazañas muestran que la regulación responsable no nace de la nada: la empujan libros, clubes, urnas, demandas y una ética del cuidado que ya no admite marcha atrás. El reto, en España y fuera, es transformar ese legado en normas claras, justas y reparadoras. Marc y Jodie Emery (Sadie C, Creative Commons 3.0) BSD_studio (depositphotos)

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