El Cultivador

14 cultivo exterior De todos los elementos químicos presentes en la naturaleza, solo dieciséis resultan imprescindibles para que las plantas lleven a cabo sus funciones metabólicas el manganeso, el boro, el zinc, el cobre, el molibdeno y el cloro. Si bien muchos suelos contienen parte de estos elementos de forma natural, la aplicación de fertilizantes permite equilibrar posibles deficiencias y obtener cosechas más abundantes y de mejor calidad. Las formas de clasificación de los abonos son variadas, aunque en el ámbito de la cannabicultura suele emplearse una división práctica entre fertilizantes de origen orgánico y fertilizantes de síntesis química. Fertilizantes orgánicos Son aquellos de origen natural, tanto vegetal como animal, como el compost, el estiércol, el humus de lombriz, el guano o las harinas de hueso y de sangre, entre muchos otros. Su característica principal es que no solo aportan nutrientes, sino que también mejoran la estructura del suelo y alimentan la vida microbiana que lo habita. Gracias a la acción de bacterias y hongos beneficiosos, el terreno se mantiene fértil porque ayudan a retener el agua, mejoran la absorción de nutrientes y generan sustancias que contribuyen a una buena salud radicular. Este tipo de fertilización presenta múltiples ventajas para el autocultivo en exterior. Por un lado, fomenta un suelo vivo y fértil a largo plazo, lo que asegura la disponibilidad de nutrientes de forma equilibrada en años sucesivos. Además, su efecto también se nota en la salud de las plantas, que suelen ser más resistentes a plagas y hongos cuando se abonan con productos orgánicos. Este tipo de insumos también suelen ser más económicos, ya que muchos estiércoles pueden comprarse por sacos a un coste muy bajo. Finalmente, otra de sus ventajas es que se reduce el riesgo de sobrefertilización, ya que la liberación de nutrientes es más lenta y depende de la actividad biológica del sustrato. Sin embargo, esa misma característica puede considerarse un inconveniente: los efectos no son inmediatos, y en ocasiones resulta complicado corregir carencias de forma rápida solo con este tipo de abonos. Además, factores ambientales como la temperatura o la humedad pueden ralentizar o acelerar la descomposición de la materia orgánica. Fertilizantes químicos o minerales También llamados fertilizantes minerales o de síntesis, se obtienen a partir de procesos industriales que concentran y transforman nutrientes en formas directamente asimilables por las plantas. Pueden presentarse en formato sólido o líquido, y entre los más utilizados encontramos sales de nitrato, fosfato y potasio, además de fórmulas comerciales que combinan varios elementos en proporciones específicas. Su principal ventaja es su rapidez de acción: los nutrientes se encuentran en una forma que las raíces pueden absorber de inmediato, lo que permite corregir deficiencias o estimular el crecimiento en muy poco tiempo. También ofrecen un control más preciso sobre las dosis, lo que facilita el ajuste de la fertilización en cada fase del cultivo. No obstante, su uso continuado suele generar ciertos problemas, como la acumulación de sales en el suelo, su desgaste progresivo y la reducción de la vida microbiana. En tierra madre, esto se traduce en un terreno que, a largo plazo, puede perder parte de su fertilidad si no se llevan a cabo prácticas que devuelvan materia orgánica al ecosistema. Fertilizantes orgánicos frente a químicos: una comparativa Al enfrentarse a la elección entre fertilizantes orgánicos y químicos, los cultivadores suelen valorar una serie de factores que van más allá de la simple productividad. Ambos tipos de abono cumplen la misma función básica —aportar nutrientes esenciales a las plantas—, pero lo hacen de maneras muy distintas, y esa diferencia repercute tanto en el rendimiento inmediato como en la salud del suelo a largo plazo. La microbiota es esencial en los cultivos en tierra madre

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