El Cultivador

54 activismo Una oportunidad económica mirando a Europa… y a Marruecos Cannabis medicinal en España España ha regulado, por fin, el uso medicinal del cannabis. Aplauso, confeti… y un jarro de agua fría: se podrá prescribir solo en el ámbito hospitalario, por especialistas, y las fórmulas se elaboran y dispensan—con carácter general—desde la farmacia hospitalaria. El texto no es un chiste malo: está en el Real Decreto 903/2025 publicado en el BOE el 7 de octubre de 2025. La propia norma abre la puerta, con pinzas, a que, en situaciones especiales (dependencia, vulnerabilidad o distancia), las comunidades autónomas puedan habilitar circuitos que acerquen la dispensación, pero el diseño base es hospitalario y restrictivo. por Antía Varela ¿Por qué empezar así un artículo sobre activismo y potencial económico de una medida como esta? Porque la arquitectura regulatoria determina el tamaño del mercado, las inversiones y el impacto fiscal y laboral. Si el grifo se abre con miedo, el caudal es pequeño. Y si el caudal es pequeño, la economía bosteza. El cannabis medicinal no es una varita mágica, pero tampoco es un potosí imaginario: es una cadena de valor (I+D, cultivo estandarizado, extracción, formulación, logística, prescripción y dispensación) que ya está generando miles de empleos y cientos de millones en varios países europeos. España, con su tradición farmacéutica, agrícola y logística, podría estar en la foto. De momento, sale un poco movida. A continuación, repasamos el punto de partida español y, sobre todo, dibujamos el mapa económico europeo—con foco en Alemania, Portugal y, crucialmente, Marruecos, que ha pasado de ser sinónimo de hachís ilícito a construir una industria legal que quiere vender a Europa. Al final, la pregunta no es “si” habrá mercado; es qué trozo del pastel quiere España y cómo piensa conseguirlo. El marco español: bien por llegar, justo por ambición El Real Decreto español delimita el cannabis medicinal a fórmulas magistrales tipificadas preparadas en servicios de farmacia hospitalaria y con prescripción por especialistas. Traducido: nada de aceites o flores “comerciales” en boticas de barrio; el circuito es hospitalario y a la carta, con preparados estandarizados y bajo monografías técnicas de la AEMPS. Es un modelo con ventajas (control, trazabilidad) y peajes (cuellos de botella, acceso geográficamente desigual). La letra pequeña admite que, en casos justificados, las comunidades amplíen medidas para acercar la dispensación fuera del hospital, pero no es la regla. En paralelo, la AEMPS ultima monografías con indicaciones y condiciones (espasticidad en esclerosis múltiple, epilepsias refractarias, náuseas por quimioterapia y dolor crónico refractario, entre otras), lo que cerrará el círculo clínico. Económicamente, un circuito tan estrecho acota el número de pacientes y, por tanto, reduce el tamaño del mercado interno a corto plazo. Menos pacientes = menos demanda = menos producción local y menos tracción industrial. No es ideología; es aritmética. Mientras tanto, otros países—algunos a un vuelo y dos cafés de distancia—han hecho lo contrario: facilitar el acceso y atraer inversiones agrícolas y farmacéuticas orientadas a la exportación. Veamos. Alemania: cuando abres el grifo, el mercado responde (y de qué manera) Alemania es, hoy, el motor económico del cannabis medicinal europeo. Tras su Ley CanG (abril de 2024), el país ha vivido un salto en

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