El Cultivador

56 activismo Marruecos: del Rif a las monografías, con ANRAC como timón El actor que muchos subestimaron y que hoy conviene mirar con lupa se llama Marruecos. Tras legalizar en 2021 el cultivo y transformación para fines médicos, farmacéuticos e industriales, Rabat ha puesto en marcha la ANRAC (Agencia reguladora) y ha pasado del papel a la siembra: en 2023 reportó su primera cosecha legal de 294 toneladas en 277 hectáreas, con 32 cooperativas y 430 agricultores en las provincias de Alhucemas, Taounate y Chefchaouen. En 2024, el despliegue continuó con 2.169 hectáreas y 2.647 agricultores en 189 cooperativas, y en 2025 la superficie sembrada habría alcanzado 4.751 hectáreas con 5.493 agricultores y 366 cooperativas, de acuerdo con notas oficiales y prensa económica marroquí. Además, ANRAC ha certificado 7,3 millones de semillas en 2024 bajo permisos de importación gestionados por ONSSA, señal de que el eslabón agrícola se está profesionalizando. No es solo campo. Marruecos está montando transformación (laboratorios, extracción) y abriendo rutas de exportación. En 2024 se informó de primeras exportaciones legales—con Suiza como destino visible—y medios internacionales estiman que, si captura un 10-15 % del mercado europeo de aquí a 2028, la facturación podría situarse entre 400 y 600 millones de euros al año. Para un país con décadas de economía ilícita del cannabis en el Rif, volcar parte de ese circuito a cadenas formales (con fiscalidad, trazabilidad y El cannabis medicinal no es fiesta, es tratamiento… y también industria estándares) no es solo un tema de imagen; es política industrial. ¿Por qué importa esto a España? Porque Marruecos está a 14 kilómetros, comparte una frontera comercial viva y quiere vender a la misma Europa a la que España aspira a abastecer con valor farmacéutico. Si Rabat consolida volumen agrícola estandarizado a costes competitivos y acompasa calidad GMP en transformación, podría convertirse en socio (materia prima para extracción en la UE) o en competidor directo (productos terminados), según cómo se mueva el tablero regulatorio europeo… y el español. Europa en cifras: el pastel crece (sobre todo el trozo médico) El peso económico del cannabis (CBD, medicinal y adulto) no es ciencia ficción. Estimaciones de mercado apuntaban ya en 2022 a 45.000 millones de dólares globales, con proyecciones que superan los 100.000 millones a medio plazo si las reformas continúan. Europa, aunque es todavía una porción modesta del total, concentra una parte creciente del segmento médico: informes recientes esperan que Europa represente el 16 % de las ventas médicas mundiales en 2028. Traducido al idioma de Hacienda: miles de millones en actividad regulada, impuestos y empleo cualificado. La locomotora, como vimos, es Alemania: sus importaciones se multiplicaron tras CanG 2024, y el Gobierno está ajustando reglas (limitación de venta online, consulta presencial) para canalizar la demanda sin perder el control sanitario. Eso no cambia el dato de fondo: hay un mercado enorme que compra. Y mientras compra, reordena la industria europea: Portugal exporta como si no hubiera un mañana, Dinamarca y Países Bajos mantienen capacidad, Canadá defiende su cuota, Australia asoma… y Marruecos se cuela por la puerta de materias primas y derivados con aspiración de cumplir estándares europeos. ¿Y España? Ventajas naturales, inercia regulatoria España no parte de cero. Tiene: · Clúster farmacéutico potente (formulación, ensayos, distribución). · Agro competitivo con know-how en invernadero y buenas horas de luz. TeriVirbickis (depositphotos)

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