58 activismo 4. Cohesión social y respeto a los derechos. El consumo de cannabis no desaparecerá por prohibirlo. Regularlo implica reconocer una realidad social y abordarla con madurez. Significa confiar en los adultos para tomar decisiones informadas y ofrecer alternativas seguras a quienes lo usan con fines recreativos, medicinales o espirituales. Los frentes que España debe abordar Para ponerse al día con Europa, España deberá afrontar varios retos en los próximos años: · Ampliar el acceso medicinal: permitir la prescripción y dispensación en farmacias comunitarias, y no solo hospitalarias. · Crear un marco para el uso adulto: con licencias para clubes y dispensarios, límites claros y trazabilidad completa del producto. · Permitir el autocultivo responsable: hasta cierto número de plantas por hogar, con control sanitario básico. · Fomentar la investigación y la formación médica: la evidencia científica debe guiar las políticas, no los prejuicios. · Integrar al tejido asociativo y a los pequeños productores: reconocer su papel histórico y permitirles una transición legal. · Destinar parte de los impuestos a prevención y salud pública: un compromiso ético que refuerce la legitimidad del modelo. Lo que se juega España La regulación del cannabis ya no es una cuestión marginal: es un asunto de Estado. Afecta a la salud, la economía, la justicia y la libertad individual. España puede elegir entre seguir atrapada en la contradicción —exportando cannabis mientras multa a sus ciudadanos por consumirlo— o liderar un cambio responsable y moderno. Una ley integral que regule el uso terapéutico, recreativo y el autocultivo sería coherente con nuestra realidad social y con las tendencias internacionales. Los beneficios serían claros: más seguridad, menos mercado negro, mejor control sanitario y un nuevo motor económico basado en la sostenibilidad y la innovación. El camino está trazado. Solo falta voluntad política. Resumiendo Durante más de dos décadas, la sociedad civil española ha hecho el trabajo que el Estado evitó: educar, acompañar y proteger. Las asociaciones, ferias y medios especializados han mantenido viva la conversación y han demostrado que el cannabis puede ser un elemento de progreso, no de conflicto. Ahora toca dar el salto hacia una regulación completa, que reconozca el derecho de los pacientes a su tratamiento, de los adultos a su libertad y de la sociedad a un modelo más justo, transparente y beneficioso para todos. Regular no es rendirse, es evolucionar. El 70 % de los alemanes apoya la legalización del cannabis: los temores no se cumplieron bovaaart (depositphotos)
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