enero de 2026 - publicación para adultos 113 El mundo acelera, España duda El cannabis en España: entre el avance tímido y el retraso político El chamán en acción Luz de enero Mientras países de todos los continentes avanzan hacia modelos más racionales de regulación medicinal y recreativa, España sigue atrapada en su propio inmovilismo. La actualidad cannábica global marca un ritmo que ya no espera a nadie. págs. 26-32 Cuando el invierno aprieta y la intemperie es inviable, el autocultivo indoor se convierte en el corazón verde del cannabis español. Un espacio técnico, político y emocional donde enero deja de ser frío para convertirse en.… págs. 18-24 Manejo de plagas y hongos en exterior En los meses fríos, cuando el jardín descansa y los cannabicultores disfrutamos por fin de un respiro tras la cosecha, se abre una oportunidad ideal para aprender sobre aquello que suele darnos más quebraderos... págs. 12-16 En la entrevista anterior, Stephane nos hablaba de la importancia del animal de poder en el mundo chamánico y el mundo en el que habitan, el mundo de abajo. En esta ocasión, profundizamos un poco más en el tema ampliándolo con.... págs. 60-67 Entre una regulación medicinal de mínimos y un debate recreativo que sigue encallado, el activismo cannábico encara un periodo decisivo para que España deje de mirar de... págs. 54-58
3 editorial Hay meses que exigen más coraje que otros, y el invierno, con su luz corta y sus silencios largos, siempre obliga a mirar hacia dentro. No es casual que en esta época surjan los propósitos, las promesas íntimas y colectivas que nos recuerdan que el año no se construye solo con esperanza, sino también con voluntad; y en la comunidad cannábica española, esa voluntad vuelve a concentrarse en un mismo punto: seguir empujando para que la regulación deje de ser un espejismo político y se convierta, por fin, en una realidad útil. Mientras el país intenta convencerse de que ha avanzado lo suficiente con una regulación medicinal mínima, la realidad sigue desmintiéndolo a diario. Hay pacientes que continúan sin acceso, clubs sociales que sobreviven en un limbo jurídico insostenible, autocultivadores que viven pendientes de interpretaciones policiales contradictorias y un uso adulto que la política sigue evitando nombrar, como si no existiera. La distancia entre la vida real y la ley es ya un abismo. El invierno no hace más duro ese contraste, pero sí lo hace más evidente. Porque mientras fuera el frío aprieta, dentro de miles de casas se encienden focos, se afinan temporizadores, se revisan macetas y se planean nuevos cultivos. No es un gesto clandestino, es pura coherencia: cuando la Administración no ofrece soluciones, la ciudadanía encuentra las suyas; y esa práctica —cuidadosa, responsable, silenciosa…— debería servir al Estado como espejo, no como amenaza. Este nuevo año no necesita grandes discursos para saber hacia dónde debe dirigirse. La evidencia científica es abrumadora, el consenso social es amplio, la regulación internacional avanza sin mirar atrás y la economía verde llama a la puerta. España tiene todo para ser protagonista, pero sigue interpretándose como espectadora. Quizá por eso este invierno pesa más: porque sabemos que el futuro ya no está tan lejos; y porque cada propósito formulado hoy —regular, proteger, garantizar o normalizar— puede ser la semilla de un cambio que el país lleva demasiado tiempo aplazando. La cuestión no es si llegará la regulación. La cuestión es si España querrá llegar a tiempo. El Cultivador no se hace responsable de las opiniones y fotografías enviadas por los colaboradores. Prohibida la reproducción total o parcial de textos, fotos o ilustraciones de esta publicación sin laautorización escrita de Feria del Cáñamo, S.L. Noticias 6 Música 34 Las primeras notas del humo Cultivo exterior 12 Manejo de plagas y hongos en exterior Actualidad cannábica 26 El mundo acelera, España duda Cultivo profesional 46 Informe de cultivo de Orange Bud 2.0 de la semilla a la cosecha Cultivo básico 18 Luz de enero Activismo 54 El cannabis en España: entre el avance tímido y el retraso político Voces conscientes 60 El chamán en acción Macrohuana 42, 52 y 69 Directorio 70 Cómics 76 y 77 Sumario Redactor jefe: Xosé F. Barge Maquetación: J. Alberto Martín (maquetadores.org) Contenidos y edición web: Raúl del Pino Publicidad: Manuel Álvarez Colaboradores: A. Flores Verdes, Brígida Aránega, ConFAC, Darius, Fernando Caudevilla, Gato, Green Born Identity, Gusi, Isabel Peláez, Jorge Bergua, Jose Afuera, Luis Campillo, Lupe Casillas, Macrohuana, Mari SH, Nvidia, profesor Singthestone, Raro Genetics, Ronald Glas, Toni13, Tony, Víctor G. Romano y Virginia Montañés Redacción y publicidad: Ap. de correos 25086 28080 Madrid - ESPAÑA Tel.: +34 91 658 45 20 Fax: +34 91 790 38 98 www.cannabismagazine.net info@cannabismagazine.es Edita: Feria del Cáñamo, S. L. Imprime: Calprint, S.L. Dep. Legal: M-18.576-2012
6 noticias Brasil da un paso decisivo: el cannabis veterinario abandona la clandestinidad normativa La historia de la regulación del cannabis en Brasil acaba de sumar un capítulo que, aunque pueda parecer técnico, es de enorme relevancia cultural y política. La Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) ha formalizado algo que venía fraguándose silenciosamente desde hace años: la autorización explícita para que veterinarios puedan prescribir derivados del cannabis en tratamientos animales. Un gesto regulatorio que, además de llenar un vacío legal, reconoce una realidad ya instalada en la práctica clínica. Brasil, país gigantesco en población, extensión y biodiversidad, está dejando claro que el cannabis medicinal —y ahora también el veterinario— no es una excentricidad ni una improvisación, sino un instrumento sanitario con demanda creciente y evidencia en expansión. Lo que Anvisa ha hecho no es abrir una puerta; es admitir que la puerta llevaba mucho tiempo usada y que lo sensato era regularla. La actualización normativa incorpora a la Ordenanza 344/1998 (el marco que regula sustancias controladas) lo ya establecido en la RDC 327/2019, que organiza los productos de cannabis para uso humano. Con este movimiento, Brasil abandona la zona gris y establece que los animales podrán acceder a tratamientos cannábicos bajo supervisión veterinaria, con controles y trazabilidad idénticos a los del uso humano. Este paso, aunque parezca modesto, es un reflejo de algo más amplio: el ecosistema regulador brasileño empieza a moverse con más comodidad en torno al cannabis. Y cada avance veterinario suele anticipar avances humanos; así ocurrió PromesaStudio (depositphotos)
7 noticias históricamente con analgésicos, antiinflamatorios y decenas de moléculas hoy consideradas esenciales. Una práctica extendida que por fin recibe nombre y marco Hasta hoy, la prescripción veterinaria de cannabinoides existía en un limbo conceptual: no estaba prohibida, pero tampoco reconocida. Los cuidadores de mascotas, especialmente en grandes zonas urbanas, llevaban años buscando alternativas para tratar epilepsias refractarias, dolores crónicos, inflamaciones severas, dermatitis persistentes o episodios de ansiedad extrema en perros y gatos. Y muchos veterinarios, ante esa demanda, comenzaron a recomendar productos basándose en estudios internacionales y jurisprudencia dispersa. La práctica era clínica; la legalidad, difusa. La decisión de Anvisa convierte esa improvisación prudente en política pública real. A partir de ahora: – Los veterinarios pueden prescribir cannabis legalmente, con respaldo explícito de la legislación sanitaria. – Los productos deberán seguir los mismos requisitos que los destinados a humanos, desde control en la Ordenanza 344 hasta prescripción adecuada y trazabilidad. – Se garantiza más seguridad para los cuidadores, que podrán adquirir productos regulados sin riesgos innecesarios. – Se abre un nuevo mercado veterinario formal, que permitirá importar, desarrollar y producir formulaciones específicas para distintas especies. Este reconocimiento, que llega décadas después de que EE. UU. y Canadá avanzaran en líneas veterinarias sólidas, tiene un efecto claro: Brasil empieza a competir en un sector que, según varios estudios, crecerá de manera explosiva en los próximos años. La medicina veterinaria ya había dado el paso: faltaba la ley Para entender la importancia de esta decisión conviene mirar la práctica clínica real. El cannabis ya se utilizaba en tratamientos veterinarios en situaciones donde otros fármacos fallaban o producían efectos secundarios inasumibles. Los cannabinoides demostraron utilidad para aliviar convulsiones en animales con epilepsia que no respondían a medicamentos tradicionales. Las terapias con CBD, en particular, se expandieron con rapidez entre cuidadores que buscaban tratamientos menos agresivos y más personalizados. Pero este uso estaba acompañado por la inseguridad jurídica: productos importados con autorizaciones ad hoc, compuestos artesanales sin regulación formal, dosis ajustadas con el mejor criterio posible, pero sin una normativa que fijara estándares. El gesto de Anvisa termina con ese escenario frágil y obliga al Estado a ofrecer garantías de calidad. Además, deja claro un mensaje político que en Brasil hacía falta desde hace tiempo: el cannabis medicinal —humano o veterinario— no puede seguir dependiendo del vacío regulatorio ni del miedo institucional. Necesita un marco robusto, técnico y transparente. Un mercado en expansión y un país que no quiere quedarse atrás La aprobación de Anvisa llega en un momento en el que el sector de mascotas es uno de los motores económicos más dinámicos del país. Brasil tiene uno de los mayores mercados veterinarios del mundo y una cultura de cuidado animal cada vez más sofisticada. Es un país donde el afecto hacia perros y gatos tiene un peso emocional enorme y donde el gasto en salud animal no para de crecer. Los analistas prevén que la entrada del cannabis en este segmento acelere la innovación. Podrán surgir: – Productos de administración específica para animales (aceites en dosis ajustadas, snacks terapéuticos, formulaciones para pelaje y piel). – Empresas dedicadas exclusivamente al cannabis veterinario, con laboratorios propios. – Programas clínicos de investigación, algo impensable sin un marco regulado. – Nuevas oportunidades en el sector agrícola, que podría abastecer parte de la producción mediante cultivos autorizados. Un estudio reciente estima que solo el cannabis veterinario podría mover unos 288 millones de dólares en Brasil en los próximos años. Y esta previsión es conservadora: a medida que se profesionalice el sector, la cifra podría crecer mucho más rápido. El siguiente paso: regulación fina y ciencia aplicada No todo está resuelto. La decisión de Anvisa abre el camino, pero todavía quedan vacíos que exigirán nuevas resoluciones. Brasil deberá definir: – Cómo se registran los productos veterinarios específicos. – Qué protocolos clínicos deben seguir los profesionales. – Cuáles son las dosis adecuadas según especie, tamaño y patología. – Cómo se supervisará la seguridad a largo plazo. Pero el movimiento principal ya está hecho. El cannabis veterinario ha dejado de vivir en la sombra normativa. Brasil entra así en una nueva etapa, donde el debate deja de ser si debe o no debe usarse cannabis en animales, para convertirse en una conversación sensata sobre cómo hacerlo de la manera más segura, profesional y eficaz. Una señal política que trasciende los animales La decisión también es simbólica. Cuando un país reconoce el valor terapéutico del cannabis en veterinaria, está admitiendo indirectamente algo más profundo: que la planta no es una amenaza, sino una herramienta. Una herramienta que debe tratarse con rigor, pero no con prejuicios. Que debe estar regulada, pero no demonizada. Que puede mejorar vidas —humanas y animales— si se deja trabajar a la ciencia. Brasil, que lleva años debatiendo con altibajos su relación con el cannabis medicinal, ha dado un paso que empuja al país hacia un futuro más racional. Un futuro en el que el cannabis no es tabú ni contracultura, sino política sanitaria. Y, aunque suene paradójico, han sido los animales quienes han abierto esta puerta. jpgon (depositphotos)
8 noticias Maryland avanza hacia una regulación médica de los psicodélicos con cautela y ambición Maryland se prepara para dar un paso que, durante décadas, parecía impensable en Estados Unidos: diseñar un marco regulado para el uso terapéutico de psicodélicos naturales. Lo hace sin estridencias, con una mezcla de prudencia y determinación, apoyándose en la evidencia científica acumulada en los últimos años y dejando claro que el objetivo no es abrir una puerta al consumo recreativo, sino dotarse de herramientas clínicas para casos donde la medicina tradicional se ha quedado sin respuestas. En el centro del debate está la psilocibina, el principio activo de ciertos hongos, cuya reputación contracultural ha quedado a un lado ante los resultados de estudios clínicos serios. La Johns Hopkins University, referente mundial en este campo, lleva tiempo documentando mejoras significativas en pacientes con depresión resistente, traumas profundos o ansiedad asociada a enfermedades terminales. No se habla de experimentos improvisados, sino de intervenciones guiadas, acompañadas por profesionales formados y bajo protocolos estrictos. La legisladora estatal Pam Lanman Guzzone reconoce que la motivación del proyecto no es ideológica, sino sanitaria: hay personas atrapadas en sufrimientos que no ceden ante las terapias convencionales, y negarles un posible recurso solo por miedo al estigma sería, en sus palabras, cerrar los ojos ante la ciencia. Sin embargo, el entusiasmo está lejos de ser mayoritario. Desde la Sociedad Médica de Maryland se insiste en la necesidad de avanzar con cautela. Los psicodélicos, recuerdan, no son sustancias inocuas; pueden provocar experiencias psicológicas intensas, confusión o malestar si se emplean sin supervisión profesional. Por ello, el grupo de trabajo propone un camino gradual que combine ambición y responsabilidad. Un plan por etapas para evitar precipicios La propuesta de Maryland se articula en tres fases sucesivas. Primero, una etapa educativa que incluiría campañas públicas, formación para profesionales y una despenalización limitada que permita avanzar sin criminalizar a quienes buscan información o ayuda. Después, la implantación de un modelo clínico: centros acreditados, terapeutas formados específicamente y seguimiento exhaustivo de cada paciente. Por último, una fase de evaluación que permita valorar si otras sustancias naturales —como la mescalina o la DMT— podrían incorporarse al sistema con garantías. Es un calendario calmado, sin promesas grandilocuentes, en el que los plazos no se fuerzan. “Esto llevará años”, admiten los impulsores. Pero es precisamente esa falta de prisa la que aporta credibilidad a la iniciativa. Una corriente global que empieza a tomar forma Maryland no está sola en este movimiento. Oregón, Colorado, Canadá o Australia ya han iniciado trayectos propios hacia la regulación médica de los psicodélicos. Lo significativo es que, en todos los casos, la motivación no surge del consumo recreativo, sino de los resultados clínicos y del testimonio de pacientes que han encontrado alivio donde la psiquiatría clásica no había logrado avanzar. También existen temores legítimos: cómo evitar la entrada de intereses comerciales demasiado agresivos, cómo garantizar que los tratamientos sean accesibles y no un lujo, cómo impedir que la industria diluya el componente terapéutico en favor de un mercado de promesas fáciles. Todas esas preguntas siguen abiertas, y Maryland parece dispuesto a responderlas antes de dar el siguiente paso. Entre la esperanza clínica y la responsabilidad pública Lo que está ocurriendo en Maryland no es una revolución ruidosa, sino un cambio de enfoque. Tras décadas en las que los psicodélicos fueron reducidos a caricatura o tabú, ahora se les observa desde la medicina, con la seriedad que exige cualquier intervención que actúa sobre la mente humana. No se trata de idealizar estas sustancias, sino de explorarlas bajo la luz de la evidencia científica y dentro de un sistema regulado que priorice la seguridad. Si el proceso avanza como está previsto, es probable que en unos años hablemos de la psilocibina del mismo modo que hoy hablamos del cannabis medicinal: como una herramienta más, útil para ciertos pacientes y adecuada únicamente en entornos clínicos. Y tal vez recordemos este momento como el inicio de un cambio tranquilo, discreto, pero profundamente significativo. Una transición que, por primera vez, pone la ciencia por delante del miedo. jonbilous (depositphotos)
10 noticias Washington, psicodélicos y realpolitik: cuando la regulación deja de ser tabú En ocasiones, la política estadounidense parece escrita por un guionista con cierta afición al surrealismo. Lo que hasta hace poco era territorio exclusivo de activistas, científicos y algunos legisladores progresistas se ha convertido, de repente, en materia de conversación para figuras que representan la arquitectura misma del establishment conservador. La irrupción de los psicodélicos en la agenda de la nueva administración Trump —un tema que en otro tiempo habría provocado escándalos, parodias televisivas y editoriales apocalípticos— es hoy una pieza central del debate sobre salud mental en Estados Unidos. Y el movimiento, por improbable que resulte, revela algo más profundo: cuando la realidad social y sanitaria avanza, la política no tiene más remedio que seguirla. La clave está en una conversación que, hasta hace unas semanas, habría parecido inverosímil. La exsenadora independiente Kyrsten Sinema, situada desde hace años en el peculiar cruce entre pragmatismo centrista y espíritu libertario, ha confirmado contactos fluidos con dos miembros esenciales del nuevo gabinete republicano: Robert F. Kennedy Jr., al mando de Salud y Servicios Humanos, y Doug Collins, secretario de Asuntos de los Veteranos. Ambos, desde posiciones tradicionalmente asociadas a un conservadurismo rígido, parecen ahora abiertos a explorar una reforma que, en esencia, implica admitir que las políticas antidroga del último medio siglo han fracasado estrepitosamente. Sinema lo expresó con una contundencia que no necesita traducción: cuando le preguntaron si veía posible avanzar en la regulación de los
11 noticias psicodélicos para usos terapéuticos, respondió un rotundo “¡Diablos, sí!”. Y esa frase, informal y directa, refleja un fenómeno cultural que está dejando sin argumentos a los guardianes del prohibicionismo: desde Oregon hasta Texas, desde laboratorios universitarios hasta clínicas de salud mental, la evidencia científica sobre el potencial terapéutico de sustancias como la psilocibina o el MDMA crece a un ritmo imposible de ignorar. Paradójicamente, el nuevo conservadurismo trumpista parece haber asumido esta realidad por puro pragmatismo: no se trata de un giro ideológico, sino de la constatación de que los veteranos —un grupo políticamente decisivo para el Partido Republicano— necesitan alternativas reales para tratar traumas profundos que la medicina convencional lleva décadas manejando con herramientas insuficientes. Cuando las estadísticas de suicidio entre exmilitares claman al cielo, la pregunta no es si estas terapias resultan “alternativas” o “arriesgadas”, sino si funcionan. Y los datos apuntan claramente a que sí. Minnesota desafía la incoherencia federal Mientras en Washington se abre esta inesperada ventana de racionalidad, a miles de kilómetros otro estado estadounidense libra una batalla completamente distinta: la de la inconsistencia normativa. Minnesota, que había construido un modelo sólido en torno a los productos derivados del cáñamo con THC —una industria emergente, innovadora y con fuerte arraigo agrícola—, se ha visto súbitamente golpeado por una prohibición federal que llega tarde, mal y sin justificación científica alguna. El gobernador demócrata Tim Walz lo ha dicho con claridad: la medida es una “sorpresa para todos” y tendrá efectos “profundamente disruptivos”. Incluso entre republicanos locales, como el influyente líder de la mayoría Tom Emmer, se extiende la preocupación. Nadie entiende que el Gobierno federal permita flores enteras de cannabis en mercados regulados estatales, pero penalice extractos de bajo THC obtenidos del cáñamo industrial. Es una contradicción que, lejos de proteger a los consumidores, alimenta la inseguridad jurídica y debilita a pequeños productores que apostaron por un sector que los propios legisladores estatales les habían animado a construir. Minnesota está enviando un mensaje claro a Washington: o se moderniza la legislación federal o continuará el desorden normativo que convierte a EE. UU. en un mosaico incoherente, donde un producto puede ser legal en un condado y perseguido en el siguiente. Y ese caos, más que cualquier terapia psicodélica, es lo que realmente debería preocupar a quienes diseñan políticas públicas. Cuando la carretera se convierte en un campo de batalla cultural En medio de este debate nacional, la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico (NHTSA) ha decidido lanzarse a la arena con una campaña contundente. El mensaje es simple: “conducir mejor colocado” es un mito peligroso. El spot muestra a un conductor convencido de sentirse “más relajado y cuidadoso” tras fumar cannabis, justo antes de provocar un accidente fatal. Un recordatorio, quizá demasiado obvio, de que la normalización del cannabis no puede confundirse con la ausencia de regulación responsable. La iniciativa tiene varias lecturas. Por un lado, confirma que la legalización —sea medicinal o recreativa— necesita ir acompañada de campañas de educación pública sólidas, porque una política madura no consiste solo en permitir, sino en orientar. Pero también refleja que el debate cultural avanza más rápido que las instituciones: la mayoría de los estados con cannabis legal ya cuentan con normativas estrictas sobre conducción y drogas, mientras que el Gobierno federal mantiene, de puertas adentro, el mismo marco prohibicionista de 1971. Virginia y Texas: dos caminos distintos hacia el mismo futuro Si hay un estado dispuesto a asumir la modernidad reguladora sin complejos, ese es Virginia. La Comisión Conjunta del estado ha fijado 2026 como fecha para el lanzamiento del mercado recreativo, una hoja de ruta que cuenta con el apoyo explícito de la gobernadora electa Abigail Spanberger. La intención es clara: construir un modelo que combine acceso legal, seguridad del consumidor y un sistema fiscal que deje atrás la economía informal. En Texas, el proceso es menos espectacular pero no menos significativo. En un territorio profundamente conservador, la ampliación de condiciones médicas para recomendar cannabis y la regulación de dispositivos de inhalación representan un paso de madurez. El gigante sureño no da saltos bruscos, pero tampoco retrocede. Su trayectoria demuestra algo importante: incluso los estados más reacios están abandonando paulatinamente el paradigma prohibicionista. La ciencia sigue empujando el muro Mientras la política tantea, la ciencia continúa avanzando. Un nuevo estudio revela que perros tratados con CBD reducen comportamientos agresivos, un dato que, más allá de lo anecdótico, muestra cómo los cannabinoides interactúan con sistemas biológicos de forma más compleja y beneficiosa de lo que durante décadas se nos hizo creer. La evidencia científica ya no es marginal ni especulativa: es amplia, robusta y constante. Y frente a esa evidencia, lo razonable es regular, no prohibir. La pregunta, por tanto, no es si estos compuestos son útiles, sino cuándo los gobiernos se atreverán a abrazar la evidencia con la misma naturalidad que lo hacen sus ciudadanos. Un país en transición cultural Estados Unidos está redefiniendo su relación con las drogas. Y aunque el proceso es caótico, contradictorio y profundamente político, también es inevitable. El mapa regulador del país ya no responde a las lógicas morales del siglo pasado, sino a un principio simple: regular es más seguro que prohibir, y acompañar es más eficaz que castigar. Que una administración Trump hable abiertamente de psicodélicos no es una anécdota: es un síntoma del cambio cultural profundo que atraviesa el país. Mientras Minnesota desafía al Gobierno federal, Virginia programa su futuro recreativo y Texas amplía su acceso medicinal, el viejo paradigma cae por su propio peso. La regulación ya no es una utopía progresista ni una extravagancia libertaria. Es, sencillamente, la dirección hacia la que avanza el mundo. PromesaStudio (depositphotos)
12 cultivo exterior En los meses fríos, cuando el jardín descansa y los cannabicultores disfrutamos por fin de un respiro tras la cosecha, se abre una oportunidad ideal para aprender sobre aquello que suele darnos más quebraderos de cabeza durante la temporada: las plagas y los hongos. Aunque en invierno la actividad biológica se reduce al mínimo y la mayoría de las amenazas permanecen latentes, este parón natural nos brinda el tiempo y la calma necesarios para comprender mejor cómo se comportan estos organismos a lo largo del año. Manejo de plagas y hongos en exterior Las plagas más habituales en la marihuana, como pulgones, trips o araña roja, permanecen latentes durante el invierno Desde los primeros pulgones de la primavera hasta la temida botritis otoñal, cada estación presenta riesgos específicos que conviene conocer. Comprender este ciclo estacional nos permite planificar con antelación, reforzar la salud del suelo y aplicar medidas preventivas antes de que los problemas se manifiesten. A lo largo de estas páginas exploraremos las principales plagas y enfermedades del cultivo exterior y cómo evoluciona su presencia durante la temporada. Comprendiendo el ciclo estacional de plagas y hongos Uno de los factores que más condiciona la salud de las plantas es el comportamiento estacional de las plagas y los hongos. Estos organismos no aparecen de forma aleatoria: su presencia responde a ciclos biológicos muy definidos, estrechamente vinculados a la temperatura, la humedad ambiental y la luz solar. Conocer estas por Mari SH dinámicas nos permite anticiparnos a los momentos críticos del año y actuar con previsión, en lugar de reaccionar solo cuando el daño ya es evidente. Las plagas más habituales en la marihuana, como pulgones, trips o araña roja, permanecen latentes durante el invierno, refugiándose en la vegetación circundante, en restos orgánicos o en estructuras de madera cercanas a nuestro huerto. Cuando las temperaturas comienzan a ascender en primavera, estos insectos reactivan su metabolismo y aceleran su reproducción. En cuanto a los hongos fitopatógenos, ocurre algo similar: géneros tan conocidos por los cannabicultores como Botrytis cinerea u oídio inician su actividad cuando se produce una combinación favorable de humedad y temperatura. Como cultivadores de exterior, dependemos casi por completo del entorno, de modo que un buen conocimiento de estos patrones
13 cultivo exterior Son polillas nocturnas que depositan sus huevos en nuestras plantas y, tras la eclosión, las larvas comienzan a alimentarse de ellas Los pulgones pueden ser verdes, entre otros colores
14 cultivo exterior Como cultivadores de exterior, dependemos casi por completo del entorno nos permite reducir riesgos, planificar tratamientos preventivos y fortalecer nuestras plantas antes de que llegue la época de mayor incidencia. Primavera: el despertar biológico Con la llegada de la primavera, el huerto vuelve a cobrar vida y, con ella, también se reactivan las primeras amenazas para nuestros cultivos. Tras los meses fríos, en los que la mayoría de los insectos y patógenos han permanecido en un letargo invernal, el aumento progresivo de las temperaturas convierte a esta estación en un periodo especialmente delicado. Los cannabicultores lo sabemos bien: es en estas semanas cuando debemos observar con mayor atención, porque cualquier problema que pase desapercibido puede multiplicarse rápidamente a lo largo del ciclo vital de las plantas. Una de las plagas más comunes en esta estación son los áfidos o pulgones. Esta familia de insectos, llamada Aphididae, agrupa a más de 4.700 especies. Los pulgones presentan una amplia variedad cromática, incluyendo tonos verdes, amarillos, negros y rojos, y habitualmente se localizan en grupos sobre tallos u hojas. Se caracterizan por ser polífagos, afectando a múltiples especies vegetales. Su método de alimentación consiste en extraer la savia elaborada de hojas y tallos, lo que provoca decoloración, lesiones y puede afectar al desarrollo vegetal. En casos de infestación severa, generan un residuo azucarado conocido como melaza, que puede atraer hormigas, con las que mantienen una relación simbiótica, y facilitar el desarrollo de hongos. Adicionalmente, los áfidos son vectores de transmisión de virus en plantas. Asimismo, cuando regresa el buen tiempo, también lo hace la mosca blanca. Tal como indica su nombre, se trata de un insecto alado de color blanco. Es una plaga que afecta a numerosos cultivos, con más de 1.500 especies identificadas. Las más comunes en la marihuana son la mosca blanca del tabaco (Bemisia tabaci) y la de los invernaderos (Trialeurodes vaporariorum). Estos artrópodos causan daño directo al cultivo al instalarse en las plantas y alimentarse de ellas, principalmente mediante picaduras para extraer la savia. Además, durante su digestión, expulsan una melaza rica en azúcares que vuelve pegajosas a las hojas. Este residuo no solo afecta el aspecto del cultivo, sino que favorece el desarrollo de hongos como la negrilla, que obstaculizan la fotosíntesis y la transpiración. Todos estos factores juntos pueden estresar a las plantas, provocar alteraciones fisiológicas y reducir significativamente su capacidad productiva. Asimismo, la mosca blanca puede transmitir virus a través de sus picaduras. Otra plaga que regresa con la primavera son los trips o tisanópteros. Se trata de pequeños La araña roja crea una especie de telaraña que recubre y estropea las plantas La lluvia favorece al mildiu
15 cultivo exterior La mosca blanca puede transmitir virus a través de sus picaduras insectos alados, generalmente de vuelo torpe, por lo que su dispersión se da con la ayuda del viento. Con tamaños que van de 1 a 4 milímetros y cuerpo alargado, estos insectos pueden ser negros, amarillos o grisáceos. El primer indicio de su presencia suele ser las marcas que dejan en las hojas al rasparlas para alimentarse: manchas grisáceas o de color verde claro. Estas lesiones dificultan el desarrollo normal de las plantas y pueden llegar a afectar a la producción en infestaciones graves. Además, los trips también transmiten virus entre diferentes especies vegetales. Por otra parte, en lo relativo a las enfermedades fúngicas, la primavera es también una fase de riesgo. Tanto el mildiu como el oídio pueden aparecer en esta época por las condiciones ambientales. Por tanto, conviene vigilar la presencia de manchas amarillentas o blanquecinas en las hojas, especialmente tras periodos de lluvia persistente. La mejor estrategia para el manejo de plagas y enfermedades en la época primaveral consiste en combinar vigilancia con prevención. Favorecer la aireación mediante una poda temprana, fertilizar adecuadamente para prevenir carencias y excesos y pulverizar infusión de cola de caballo nos ayudará a prevenir y controlar a los hongos. Asimismo, revisar el envés de las hojas, y recurrir a preparados suaves como el jabón potásico o los extractos vegetales, antes de que las plagas se consoliden, suele marcar la diferencia entre una temporada tranquila y un problema que arrastraremos durante meses. Verano: época de máxima actividad y plagas voraces A medida que el verano avanza y las temperaturas alcanzan su pico anual, el cultivo exterior entra en una fase tan vigorosa como vulnerable. El calor intenso, la radiación solar elevada y la reducción de la humedad relativa crean un escenario ideal para la proliferación de algunas de las plagas más problemáticas del cannabis. En esta etapa, no solo se puede observar un aumento exponencial de poblaciones de plagas anteriormente explicadas, sino que, además, también pueden manifestar su presencia otras más dañinas como las descritas a continuación. La araña roja es una de las principales amenazas durante los veranos calurosos y secos. A pesar de su nombre, no es realmente una araña ni siempre tiene color rojo: se trata de un diminuto ácaro que puede ser rojo, marrón, verde o amarillo. Esta plaga es muy dañina y ataca numerosas especies vegetales. Además, ha desarrollado resistencia a más plaguicidas que cualquier otro organismo, lo que dificulta su control porque los productos para combatirla pierden eficacia rápidamente. Su virulencia proviene de su alta capacidad reproductiva, ya que, aunque un individuo causa daños mínimos, en pocos días, decenas de miles de estos ácaros pueden afectar seriamente a un cultivo al parasitarlo. Se alimentan extrayendo jugos celulares mediante una picadura que mata a cada célula dañada. Adicionalmente, la araña roja suele cubrir los ápices de las plantas con una especie de telaraña para refugiarse, arruinando completamente los cogollos. Su poder destructivo aumenta si hay sequía y calor extremo, razón por la que resulta especialmente perjudicial en las regiones más cálidas de la península. Otra plaga que prospera durante el verano son las orugas, sobre todo las pertenecientes a géneros como Helicoverpa o Spodoptera. Estos lepidópteros son polillas nocturnas que depositan sus huevos en nuestras plantas y, tras la eclosión, las larvas comienzan a alimentarse de ellas con voracidad. Aparte de este daño directo, pueden causar otros indirectos, ya que las lesiones que provocan son aprovechadas por algunos hongos para penetrar en los tejidos vegetales. Por otro lado, en lo referente a los hongos, el riesgo de padecerlos disminuye por la baja humedad ambiental de esta estación en la mayor parte de la península. No obstante, en las regiones más húmedas del norte peninsular, no se debe bajar la guardia, porque, dadas las condiciones Una plaga detectada a tiempo no impide obtener una buena cosecha Las orugas son comunes en verano y principios de otoño
16 cultivo exterior ambientales, pueden suponer una amenaza mayor que cualquier plaga. La estrategia veraniega para el manejo de plagas y enfermedades se basa en el equilibrio. Como cultivadores, debemos asegurarnos de que nuestras plantas cuenten riegos adecuados, evitando tanto el exceso como el déficit hídrico, ya que cualquier estrés favorece la vulnerabilidad frente a artrópodos y patógenos. Las plantas acompañantes que atraigan depredadores naturales como las mariquitas, la revisión frecuente del cultivo y el uso de tratamientos biológicos específicos, como Bacillus thuringiensis (BT) para las orugas, o extractos vegetales, como el de canela, para los primeros brotes de ácaros, puede marcar la diferencia entre una temporada controlada y una complicada. Otoño: época de cosecha y de amenazas fúngicas Con la llegada del otoño, el cultivo exterior entra en su fase más delicada y, a la vez, más decisiva. Las plantas concentran su energía en la producción de cogollos, aumentando su densidad, lo que reduce su aireación conforme avanza la estación. Esto, en combinación con noches más frías y húmedas, crea un microclima ideal para la expansión de hongos. Por tanto, al ser en esta etapa cuando más cerca estamos de la cosecha, debemos extremar las precauciones. La botritis, enfermedad causada por el hongo Botrytis cinerea, es sin duda la amenaza más conocida y temida del final de la temporada de cultivo. Sus esporas, presentes en el ambiente durante todo el año, germinan con facilidad cuando coinciden humedad elevada, tejidos densos y una ventilación natural insuficiente. Los cogollos compactos de índicas (BLD) e híbridos suelen ser especialmente vulnerables, por lo que hay que revisarlos con frecuencia, incluso abriéndolos ligeramente para comprobar su interior. El oídio, aunque más frecuente en primavera y verano, también puede reaparecer en otoño, sobre todo en zonas con días cálidos y noches frías. Este hongo avanzará con rapidez si no se controla y, aunque a estas alturas no suela comprometer La araña roja es una de las principales amenazas durante los veranos calurosos y secos la estructura vegetal, sí puede afectar a la calidad final de la cosecha si alcanza a los cogollos. Finalmente, en lo que respecta a plagas, el otoño suele traer un repunte de orugas. Septiembre es un mes crítico en muchas regiones, así que debemos permanecer atentos a ellas. El manejo otoñal de plagas y enfermedades requiere precisión y constancia. Debemos favorecer una aireación natural óptima mediante la retirada moderada de hojas interiores, evitar que los cogollos permanezcan mojados durante demasiadas horas y actuar de inmediato ante cualquier signo sospechoso de botritis. Si encontramos algún cogollo afectado, debemos cortarlo y tirarlo lejos del cultivo, ya que esta enfermedad no se puede tratar. En cuanto al oídio y las orugas, los controlaremos como se ha explicado en líneas anteriores: infusión de cola de caballo para el primero y BT para las segundas. Espero que te haya gustado el artículo y que te sea útil en el manejo de plagas y enfermedades en exterior. ¡Muy buenos humos y hasta el próximo número! Revisar frecuentemente los cogollos nos permite actuar rápidamente ante cualquier contratiempo La humedad otoñal favorece la dispersión del hongo botrytis
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18 cultivo básico Luz de enero por Alba Torres Cuando el invierno aprieta y la intemperie es inviable, el autocultivo indoor se convierte en el corazón verde del cannabis español. Un espacio técnico, político y emocional donde enero deja de ser frío para convertirse en promesa. En este artículo hacemos un repaso narrativo de un momento crucial, y también os damos tips muy concretos para el trabajo que se avecina como conclusión. Enero siempre ha sido un mes extraño para el autocultivo en España. Mientras el país entero vive envuelto en mantas, calefactores y nieblas matutinas, miles de cultivadores encuentran refugio en un espacio completamente distinto: el interior iluminado de sus cuartos de cultivo. Allí, en esa penumbra tibia donde la luz no depende del sol y la temperatura no obedece a las estaciones, el calendario se escribe de otra manera. Enero no es un mes muerto; es un mes de preparación, de arranque silencioso, de decisiones técnicas que marcarán todo lo que vendrá después. Si el cultivo exterior es una novela abierta al clima, el cultivo indoor de enero es una obra cuidadosamente dirigida. Pero este artículo no trata solo de técnica. El autocultivo, especialmente el indoor invernal, no es únicamente una actividad agrícola: es también un acto político, una afirmación de autonomía, una relación íntima con la planta que desafía décadas de prohibicionismo. Cultivar en enero no significa únicamente poner semillas a germinar; significa sostener la continuidad de una tradición que ha sobrevivido gracias a la constancia, la paciencia y la resiliencia de una comunidad que nunca dejó de creer en su derecho a cultivar. Por eso este mes es importante. Porque obliga a pensar, a planificar y a recordar que, aunque la planta parezca dormida fuera, dentro sigue latiendo un ciclo que nada tiene que ver con el invierno. El silencio de enero y la preparación del entorno El primer mes del año tiene una particularidad que lo distingue de todos los demás: es el mes en que más cultivadores revisan su espacio. Enero es sinónimo de diagnóstico. Se evalúan las bombillas o los paneles LED, se revisan los extractores, se limpian los filtros de carbón activo, se esterilizan las superficies. Todo ese ritual previo es mucho más que mantenimiento; es la base sobre la cual se sostiene todo el cultivo. Los errores que no se corrigen ahora suelen convertirse en problemas más adelante. La razón es sencilla: el indoor no perdona. Cada variable, desde la intensidad lumínica hasta la humedad relativa, impacta directamente en el vigor de las plantas. En exterior hay margen para que la naturaleza corrija; en interior, el cultivador es la naturaleza. Y esa responsabilidad convierte enero en el mes clave para calibrar cada detalle. En España, además, el frío invernal obliga a una atención especial. La amplitud térmica entre el cuarto de cultivo y la habitación en la que se encuentra a veces llega a ser extrema, lo que genera condensaciones, corrientes de aire no deseadas o alteraciones bruscas de temperatura cuando las luces se apagan. Ese momento —el apagón diario— es uno de los puntos críticos. Muchos cultivadores aprovechan enero para instalar pequeños calefactores regulados, mantas térmicas o sistemas de control digital que reducen la oscilación nocturna. La planta, como todo ser vivo, agradece la estabilidad. Y ahí está otra de las virtudes del indoor de enero: exige al cultivador una actitud meticulosa, casi meditativa, que crea una relación especial con la planta. En otros momentos del año el cultivo puede dejarse llevar; en enero se observa con lupa. Esa observación, ese cuidado, es también una forma de resistencia. La germinación como promesa Mientras la ciudad celebra el año nuevo con fuegos artificiales, en miles de hogares españoles se produce un ritual mucho más silencioso: la germinación de las semillas. Enero es, para muchos autocultivadores, el mes perfecto para iniciar un ciclo completo de interior que se extienda hasta abril o mayo. En ese sentido, el mes
19 cultivo básico En enero, el indoor convierte la oscuridad del invierno en un acto de resistencia luminosa cendeced (depositphotos)
20 cultivo básico funciona como prólogo natural: marca un inicio que no depende del sol sino de la voluntad. Germinar en enero no es solo una decisión técnica; es una declaración emocional. Es confiar en que, en pleno invierno, puede comenzar un proceso que acabará transformándose en una planta robusta a pesar de la estación. Esa idea siempre ha tenido algo de subversión poética. La germinación es también el momento que más conecta al cultivador con las posibilidades del año: ¿qué variedades sembrar? ¿Qué perfiles aromáticos, qué estructuras, qué tiempos de El autocultivo español vive en una frontera difusa: entre la normalidad cotidiana y la inseguridad jurídica floración? Enero es un mes de decisiones. Los catálogos de semillas se convierten en mapas imaginarios; cada genética es una promesa. Y esa promesa se vuelve más íntima cuando el cultivo es indoor, porque la genética expresa su potencial depende casi por completo de la mano humana. En España, donde la comunidad cannábica tiene una cultura especialmente arraigada en el intercambio, enero suele ser también el mes en que circulan esquejes entre amigos o asociaciones. El frío exterior obliga a encuentros rápidos, discretos, pero el espíritu
21 cultivo básico La germinación invernal es más que técnica: es una promesa que desafía al clima es el mismo: compartir genética es compartir futuro. La luz artificial: un sol doméstico Si hay un elemento que define el cultivo indoor —y especialmente el cultivo de enero— es la luz. En un mes en el que las horas solares son escasas, el interior se convierte en un pequeño universo cerrado donde la luz se diseña, se administra y se controla al milímetro. España ha vivido en los últimos años una auténtica revolución tecnológica en iluminación. Los LED de espectro completo han desplazado casi por completo a los antiguos halogenuros y sodios. La reducción de consumo, la menor generación de calor y la calidad del espectro han transformado la forma de cultivar en invierno. Antes, muchos cultivadores aprovechaban el calor del sodio para combatir el frío; ahora se disfruta de la precisión lumínica sin renunciar a una temperatura controlada. Enero es el mes perfecto para ajustar la altura de las luminarias, calibrar su intensidad y preparar el fotoperiodo que marcará la fase de crecimiento. La luz artificial, en este momento del año, es más que un estímulo: es el propio pulso del cultivo. Cuando fuera amanece tarde y anochece temprano, muchos cultivadores sitúan el horario de luz de su indoor durante la noche, aprovechando las temperaturas más frías para estabilizar el entorno. La luz, en enero, no es solo técnica: es filosofía. Es el recordatorio de que el autocultivo indoor permite desafiar al invierno. Y ese desafío tiene también un componente de libertad. Enero y la política del autocultivo Hablar de indoor en enero es hablar de resistencia, pero también de contexto político. En España, el autocultivo sigue viviendo en una frontera difusa, a medio camino entre la tolerancia y la inseguridad jurídica. Esa ambigüedad convierte el cultivo interior en un acto todavía más significativo: es un ejercicio de autonomía que, aun siendo pacífico, implica riesgo. El cultivador español de enero vive en un país donde el uso medicinal apenas acaba de ser reconocido de manera mínima, donde el uso adulto sigue sin regulación y donde la policía puede interpretar un cultivo doméstico de forma tan variable que la misma situación puede resolverse con una sanción administrativa o con una imputación penal. Esa incoherencia normativa hace que cada cuarto de cultivo sea, en cierto modo, una trinchera silenciosa, un espacio donde se ejerce un derecho no escrito. Por eso enero, con su calma invernal, es también un mes introspectivo para la comunidad cannábica. Un mes en el que se habla menos de floración y más de futuro. De si España seguirá posponiendo el debate o si, por fin, asumirá que el autocultivo no es un problema, sino parte de la solución: una vía de acceso segura, económica y libre para pacientes y usuarios adultos. El indoor, en ese sentido, simboliza una paradoja: lo que debería ser normalidad se vive como clandestinidad; y sin embargo, la normalización no avanza solo en el Parlamento; avanza también en esos miles de habitaciones donde alguien ajusta un temporizador o revisa un pH sin hacer ruido. El corazón verde del invierno Para quienes cultivan, enero no es un mes yermo. Es un mes lleno de actividad invisible: raíces que se expanden, brotes que buscan la luz artificial, sistemas de riego que se ajustan, ambientes que se equilibran. La vida vegetal, en interior, tiene su propio ritmo. Y ese ritmo, lejos del frío de la calle, crea una atmósfera emocional particular. El cultivador de enero vive una relación íntima con la planta porque el indoor lo exige: hay que entrar más a menudo al cuarto, observar más, prevenir más. La humedad relativa, por ejemplo, tiende a bajar en invierno debido a la calefacción de las viviendas. Esto obliga a incorporar humidificadores o cambiar rutinas de riego. La ventilación debe mantenerse constante para evitar bolsas de aire frío o caliente. El sustrato se seca Yarygin (depositphotos) FotoArtist (depositphotos)
22 cultivo básico más lentamente. Todo esto convierte enero en un mes de aprendizaje técnico continuo. Y, entre tantos ajustes y cuidados, hay una sensación de refugio. Quien ha entrado a su cuarto de cultivo en pleno invierno lo sabe: esa luz cálida, ese olor húmedo, esa quietud verde… generan un contraste emocional que es difícil de describir, pero fácil de entender para quien lo vive. En enero, el cuarto de cultivo es una isla en la mitad del invierno. Un lugar donde la vida vegetal desafía la estación, donde la luz manda y el tiempo se amolda a la biología. La comunidad que sostiene el cultivo El autocultivo indoor español en enero no es solo una práctica individual: es un fenómeno colectivo, aunque cada cultivo esté encerrado entre paredes. Cientos de foros, grupos, asociaciones y canales de comunicación hierven de actividad durante este mes. Cultivadores experimentados comparten sus parámetros de riego para los días más fríos, recomiendan nutrientes más suaves para plantones, advierten sobre plagas que tienden a aparecer cuando la ventilación es escasa. Enero es un mes de conversación. La comunidad cannábica española ha conseguido algo admirable: construir un conocimiento compartido sin necesidad de estructuras oficiales. Ese conocimiento colectivo es uno de los pilares que han permitido que el autocultivo sobreviva en un país con leyes ambiguas. Y enero, al ser uno de los meses más técnicos del indoor, es también uno de los meses donde ese conocimiento se vuelve más valioso. Pero esta comunidad hace algo más que resolver dudas: crea identidad. Cada cultivador indoor de enero forma parte, sin saberlo, de una enorme red invisible que sostiene una práctica cultural y política que España lleva demasiado tiempo posponiendo. Esa red es resistencia, pero también tradición. La luz artificial de enero no es solo un recurso: es un sol doméstico que marca el pulso del cultivo Mirando hacia adelante El cultivo indoor de enero es un microcosmos que explica, en gran medida, la madurez del movimiento cannábico español. Es técnico, pero también emocional; es controlado, pero también rebelde; es silencioso, pero profundamente social. Enero no es un mes cualquiera: es el punto de partida, el gesto que inaugura el ciclo. Y aunque el futuro regulatorio de España siga siendo incierto, hay algo que sí está claro: el autocultivo no va a desaparecer. Ni en enero ni en ningún mes del año. Porque forma parte de una forma de vida, de una relación respetuosa con la planta, de una cultura que ha resistido siempre gracias a su capacidad de adaptarse. Cultivar en enero es un recordatorio de esa adaptabilidad, de esa perseverancia, de esa voluntad de mantener vivas las raíces incluso cuando fuera todo parece frío. El invierno pasará. La política, también. Pero el interior iluminado seguirá ahí. Enero seguirá siendo, año tras año, la prueba de que la comunidad cannábica española tiene una capacidad infinita para sostener la vida en cualquier circunstancia. BiancoBlue (depositphotos) Yarygin (depositphotos)
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