10 noticias Washington, psicodélicos y realpolitik: cuando la regulación deja de ser tabú En ocasiones, la política estadounidense parece escrita por un guionista con cierta afición al surrealismo. Lo que hasta hace poco era territorio exclusivo de activistas, científicos y algunos legisladores progresistas se ha convertido, de repente, en materia de conversación para figuras que representan la arquitectura misma del establishment conservador. La irrupción de los psicodélicos en la agenda de la nueva administración Trump —un tema que en otro tiempo habría provocado escándalos, parodias televisivas y editoriales apocalípticos— es hoy una pieza central del debate sobre salud mental en Estados Unidos. Y el movimiento, por improbable que resulte, revela algo más profundo: cuando la realidad social y sanitaria avanza, la política no tiene más remedio que seguirla. La clave está en una conversación que, hasta hace unas semanas, habría parecido inverosímil. La exsenadora independiente Kyrsten Sinema, situada desde hace años en el peculiar cruce entre pragmatismo centrista y espíritu libertario, ha confirmado contactos fluidos con dos miembros esenciales del nuevo gabinete republicano: Robert F. Kennedy Jr., al mando de Salud y Servicios Humanos, y Doug Collins, secretario de Asuntos de los Veteranos. Ambos, desde posiciones tradicionalmente asociadas a un conservadurismo rígido, parecen ahora abiertos a explorar una reforma que, en esencia, implica admitir que las políticas antidroga del último medio siglo han fracasado estrepitosamente. Sinema lo expresó con una contundencia que no necesita traducción: cuando le preguntaron si veía posible avanzar en la regulación de los
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