15 cultivo exterior La mosca blanca puede transmitir virus a través de sus picaduras insectos alados, generalmente de vuelo torpe, por lo que su dispersión se da con la ayuda del viento. Con tamaños que van de 1 a 4 milímetros y cuerpo alargado, estos insectos pueden ser negros, amarillos o grisáceos. El primer indicio de su presencia suele ser las marcas que dejan en las hojas al rasparlas para alimentarse: manchas grisáceas o de color verde claro. Estas lesiones dificultan el desarrollo normal de las plantas y pueden llegar a afectar a la producción en infestaciones graves. Además, los trips también transmiten virus entre diferentes especies vegetales. Por otra parte, en lo relativo a las enfermedades fúngicas, la primavera es también una fase de riesgo. Tanto el mildiu como el oídio pueden aparecer en esta época por las condiciones ambientales. Por tanto, conviene vigilar la presencia de manchas amarillentas o blanquecinas en las hojas, especialmente tras periodos de lluvia persistente. La mejor estrategia para el manejo de plagas y enfermedades en la época primaveral consiste en combinar vigilancia con prevención. Favorecer la aireación mediante una poda temprana, fertilizar adecuadamente para prevenir carencias y excesos y pulverizar infusión de cola de caballo nos ayudará a prevenir y controlar a los hongos. Asimismo, revisar el envés de las hojas, y recurrir a preparados suaves como el jabón potásico o los extractos vegetales, antes de que las plagas se consoliden, suele marcar la diferencia entre una temporada tranquila y un problema que arrastraremos durante meses. Verano: época de máxima actividad y plagas voraces A medida que el verano avanza y las temperaturas alcanzan su pico anual, el cultivo exterior entra en una fase tan vigorosa como vulnerable. El calor intenso, la radiación solar elevada y la reducción de la humedad relativa crean un escenario ideal para la proliferación de algunas de las plagas más problemáticas del cannabis. En esta etapa, no solo se puede observar un aumento exponencial de poblaciones de plagas anteriormente explicadas, sino que, además, también pueden manifestar su presencia otras más dañinas como las descritas a continuación. La araña roja es una de las principales amenazas durante los veranos calurosos y secos. A pesar de su nombre, no es realmente una araña ni siempre tiene color rojo: se trata de un diminuto ácaro que puede ser rojo, marrón, verde o amarillo. Esta plaga es muy dañina y ataca numerosas especies vegetales. Además, ha desarrollado resistencia a más plaguicidas que cualquier otro organismo, lo que dificulta su control porque los productos para combatirla pierden eficacia rápidamente. Su virulencia proviene de su alta capacidad reproductiva, ya que, aunque un individuo causa daños mínimos, en pocos días, decenas de miles de estos ácaros pueden afectar seriamente a un cultivo al parasitarlo. Se alimentan extrayendo jugos celulares mediante una picadura que mata a cada célula dañada. Adicionalmente, la araña roja suele cubrir los ápices de las plantas con una especie de telaraña para refugiarse, arruinando completamente los cogollos. Su poder destructivo aumenta si hay sequía y calor extremo, razón por la que resulta especialmente perjudicial en las regiones más cálidas de la península. Otra plaga que prospera durante el verano son las orugas, sobre todo las pertenecientes a géneros como Helicoverpa o Spodoptera. Estos lepidópteros son polillas nocturnas que depositan sus huevos en nuestras plantas y, tras la eclosión, las larvas comienzan a alimentarse de ellas con voracidad. Aparte de este daño directo, pueden causar otros indirectos, ya que las lesiones que provocan son aprovechadas por algunos hongos para penetrar en los tejidos vegetales. Por otro lado, en lo referente a los hongos, el riesgo de padecerlos disminuye por la baja humedad ambiental de esta estación en la mayor parte de la península. No obstante, en las regiones más húmedas del norte peninsular, no se debe bajar la guardia, porque, dadas las condiciones Una plaga detectada a tiempo no impide obtener una buena cosecha Las orugas son comunes en verano y principios de otoño
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