56 activismo más eficaz, rápida y ajustable para tratar síntomas fluctuantes. El activismo sabe que la batalla por la flor no es una batalla menor. Es la batalla por la normalidad terapéutica, por el reconocimiento de que el cannabis no es únicamente un compuesto químico descontextualizado, sino una planta con múltiples principios activos que actúan en sinergia. Relegarla en nombre de una supuesta “seguridad” es condenar a los pacientes a tratamientos incompletos y a un mercado negro que seguirá existiendo mientras el Estado niegue lo evidente. Si España quiere evitar que miles de pacientes sigan dependiendo de autocultivos clandestinos, clubes alegalmente tolerados o proveedores sin control sanitario, debe plantear una regulación que incluya la flor y permita su dispensación en farmacias comunitarias. De lo contrario, la ley nacerá vieja, insuficiente y desconectada de la realidad. La farmacia hospitalaria: un callejón sin salida El activismo ha señalado con claridad otro problema central: la elección de la farmacia hospitalaria como único punto de dispensación crea una estructura rígida, vertical y profundamente ineficiente. Ni los hospitales tienen la capacidad para asumir miles de prescripciones adicionales, ni los pacientes pueden depender Lo aprobado en España es una regulación medicinal que nace vieja, estrecha y desconectada de la realidad clínica de desplazamientos constantes para obtener un medicamento que deberá formar parte de su vida cotidiana. La farmacia comunitaria no solo es más accesible: es el espacio natural de la política sanitaria de proximidad. Es ahí donde se resuelven dudas, donde se ajustan tratamientos, donde se construye el vínculo cotidiano entre profesionales de la salud y ciudadanía. Bloquear ese acceso es una decisión política, no sanitaria. Mientras Alemania avanza hacia un modelo mixto que combina dispensación regulada, autocultivo y clubes sociales, España insiste en la rigidez. Y la rigidez, en política pública, suele ser el camino más rápido hacia el fracaso. Las patologías olvidadas La regulación actual se ha construido sobre un listado mínimo de indicaciones terapéuticas. Es comprensible como punto inicial, pero inaceptable como marco permanente. Enfermedades como la fibromialgia, la migraña crónica, la ansiedad resistente, ciertos trastornos neurodegenerativos, el dolor no oncológico y numerosas condiciones inflamatorias están fuera del alcance de la regulación. Y, sin embargo, son precisamente esas patologías las que más pacientes llevan años tratando con cannabis de forma autónoma. La lucha del activismo pasa ahora por presionar al legislador y a las autoridades sanitarias para ampliar ese abanico. La ciencia es clara: el cannabis no es una panacea, pero su eficacia potencial abarca un espectro mucho más amplio del que se ha reconocido. Y mientras España dimaberkut (depositphotos) IMG visuals icons (depositphotos)
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