El Cultivador

7 noticias históricamente con analgésicos, antiinflamatorios y decenas de moléculas hoy consideradas esenciales. Una práctica extendida que por fin recibe nombre y marco Hasta hoy, la prescripción veterinaria de cannabinoides existía en un limbo conceptual: no estaba prohibida, pero tampoco reconocida. Los cuidadores de mascotas, especialmente en grandes zonas urbanas, llevaban años buscando alternativas para tratar epilepsias refractarias, dolores crónicos, inflamaciones severas, dermatitis persistentes o episodios de ansiedad extrema en perros y gatos. Y muchos veterinarios, ante esa demanda, comenzaron a recomendar productos basándose en estudios internacionales y jurisprudencia dispersa. La práctica era clínica; la legalidad, difusa. La decisión de Anvisa convierte esa improvisación prudente en política pública real. A partir de ahora: – Los veterinarios pueden prescribir cannabis legalmente, con respaldo explícito de la legislación sanitaria. – Los productos deberán seguir los mismos requisitos que los destinados a humanos, desde control en la Ordenanza 344 hasta prescripción adecuada y trazabilidad. – Se garantiza más seguridad para los cuidadores, que podrán adquirir productos regulados sin riesgos innecesarios. – Se abre un nuevo mercado veterinario formal, que permitirá importar, desarrollar y producir formulaciones específicas para distintas especies. Este reconocimiento, que llega décadas después de que EE. UU. y Canadá avanzaran en líneas veterinarias sólidas, tiene un efecto claro: Brasil empieza a competir en un sector que, según varios estudios, crecerá de manera explosiva en los próximos años. La medicina veterinaria ya había dado el paso: faltaba la ley Para entender la importancia de esta decisión conviene mirar la práctica clínica real. El cannabis ya se utilizaba en tratamientos veterinarios en situaciones donde otros fármacos fallaban o producían efectos secundarios inasumibles. Los cannabinoides demostraron utilidad para aliviar convulsiones en animales con epilepsia que no respondían a medicamentos tradicionales. Las terapias con CBD, en particular, se expandieron con rapidez entre cuidadores que buscaban tratamientos menos agresivos y más personalizados. Pero este uso estaba acompañado por la inseguridad jurídica: productos importados con autorizaciones ad hoc, compuestos artesanales sin regulación formal, dosis ajustadas con el mejor criterio posible, pero sin una normativa que fijara estándares. El gesto de Anvisa termina con ese escenario frágil y obliga al Estado a ofrecer garantías de calidad. Además, deja claro un mensaje político que en Brasil hacía falta desde hace tiempo: el cannabis medicinal —humano o veterinario— no puede seguir dependiendo del vacío regulatorio ni del miedo institucional. Necesita un marco robusto, técnico y transparente. Un mercado en expansión y un país que no quiere quedarse atrás La aprobación de Anvisa llega en un momento en el que el sector de mascotas es uno de los motores económicos más dinámicos del país. Brasil tiene uno de los mayores mercados veterinarios del mundo y una cultura de cuidado animal cada vez más sofisticada. Es un país donde el afecto hacia perros y gatos tiene un peso emocional enorme y donde el gasto en salud animal no para de crecer. Los analistas prevén que la entrada del cannabis en este segmento acelere la innovación. Podrán surgir: – Productos de administración específica para animales (aceites en dosis ajustadas, snacks terapéuticos, formulaciones para pelaje y piel). – Empresas dedicadas exclusivamente al cannabis veterinario, con laboratorios propios. – Programas clínicos de investigación, algo impensable sin un marco regulado. – Nuevas oportunidades en el sector agrícola, que podría abastecer parte de la producción mediante cultivos autorizados. Un estudio reciente estima que solo el cannabis veterinario podría mover unos 288 millones de dólares en Brasil en los próximos años. Y esta previsión es conservadora: a medida que se profesionalice el sector, la cifra podría crecer mucho más rápido. El siguiente paso: regulación fina y ciencia aplicada No todo está resuelto. La decisión de Anvisa abre el camino, pero todavía quedan vacíos que exigirán nuevas resoluciones. Brasil deberá definir: – Cómo se registran los productos veterinarios específicos. – Qué protocolos clínicos deben seguir los profesionales. – Cuáles son las dosis adecuadas según especie, tamaño y patología. – Cómo se supervisará la seguridad a largo plazo. Pero el movimiento principal ya está hecho. El cannabis veterinario ha dejado de vivir en la sombra normativa. Brasil entra así en una nueva etapa, donde el debate deja de ser si debe o no debe usarse cannabis en animales, para convertirse en una conversación sensata sobre cómo hacerlo de la manera más segura, profesional y eficaz. Una señal política que trasciende los animales La decisión también es simbólica. Cuando un país reconoce el valor terapéutico del cannabis en veterinaria, está admitiendo indirectamente algo más profundo: que la planta no es una amenaza, sino una herramienta. Una herramienta que debe tratarse con rigor, pero no con prejuicios. Que debe estar regulada, pero no demonizada. Que puede mejorar vidas —humanas y animales— si se deja trabajar a la ciencia. Brasil, que lleva años debatiendo con altibajos su relación con el cannabis medicinal, ha dado un paso que empuja al país hacia un futuro más racional. Un futuro en el que el cannabis no es tabú ni contracultura, sino política sanitaria. Y, aunque suene paradójico, han sido los animales quienes han abierto esta puerta. jpgon (depositphotos)

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