46 cultivo profesional En cultivo interior, marzo a junio no es “primavera”: es la antesala del problema grande. Suben las temperaturas exteriores, cambia la humedad ambiental, aumentan las horas de luz diurna (y con ellas el calor en envolventes y techos), y se estrecha el margen para mantener estabilidad térmica y de humedad sin disparar costes. A nivel profesional, la diferencia entre terminar bien o entrar en una espiral de estrés, patógenos y pérdidas no suele estar en “pequeños trucos”, sino en tres disciplinas: cálculo de cargas, control psicrométrico (temperatura + humedad como sistema único) y estrategia operativa (horarios, escalonado, redundancias). Si tu sala no está diseñada para verano, el objetivo por Beto Cuevas Los mejores consejos para el cultivo de cannabis interior de marzo–junio es reducir el riesgo: o bien climatizas de verdad, o bien diseñas un plan de salida que minimice exposición a mayo/junio. Marzo–abril: el problema se diseña (o se corrige) Marzo suele ser el mes en el que la sala “todavía aguanta” y por eso se toman malas decisiones: se asume que lo que funcionó en enero funcionará en mayo. En realidad, marzo es el mejor momento para medir y preparar, porque aún puedes intervenir sin que el sistema esté al límite. Lo primero es entender tu carga térmica. En cultivo interior, una parte enorme del calor acaba siendo una traducción directa de potencia eléctrica a calor dentro del cuarto: ventiladores,
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