22 activismo El fuego que no se apaga El activismo cannábico en 2026 y la deuda histórica de España El activismo cannábico ha experimentado una metamorfosis radical en la última década. Lo que comenzó en los márgenes de la sociedad, liderado por pacientes desesperados, autocultivadores clandestinos y defensores de las libertades civiles, se ha convertido hoy en un debate central en los parlamentos de todo el mundo. Sin embargo, en pleno 2026, la victoria es agridulce. A medida que la “ola verde” avanza y los mercados multimillonarios se consolidan, el espíritu original del activismo corre el riesgo de ser devorado por el corporativismo. Se legaliza el capital, pero en demasiados lugares, se sigue criminalizando a la persona. por Antía Varela Mientras haya una sola persona enfrentando multas por cultivar en su balcón, el activismo cannábico es una obligación moral En este artículo hablamos un poco de la situación actual, un recorrido que va desde las dinámicas internacionales hasta la sangrante paradoja del modelo español. Es, ante todo, un recordatorio de que la normalización no es lo mismo que la justicia social. Mientras haya una sola persona enfrentando penas de prisión o multas desorbitadas por cultivar una planta en su balcón, el activismo cannábico no solo es necesario, sino que es una obligación moral. La metamorfosis del activismo global: derechos humanos frente a monopolios A nivel internacional, el activismo cannábico de 2026 se enfrenta a un enemigo diferente. Ya no se trata solo de convencer a la sociedad de que el cannabis no es el demonio retratado por la propaganda del siglo XX. Ese debate, a nivel científico y social, se ha ganado. El nuevo campo de batalla es el modelo de regulación. En Norteamérica, pionera en la legalización comercial, los activistas de primera línea han tenido que cambiar sus pancartas. En Estados Unidos y Canadá, la lucha actual se centra en la “equidad social” y en evitar la creación de oligopolios. Los pioneros que arriesgaron su libertad para proveer a los enfermos durante los años de plomo de la prohibición han sido sistemáticamente apartados del mercado legal por barreras burocráticas y costes de licencia inasumibles. El activismo internacional exige hoy amnistías para los presos por delitos no violentos de drogas y la eliminación de las barreras de entrada para las minorías y los pequeños cultivadores (“legacy market”). No se puede celebrar una industria que enriquece a fondos de inversión mientras mantiene antecedentes penales a quienes abrieron el camino. En América Latina, el enfoque es aún más profundo y está intrínsecamente ligado a los derechos humanos y la desmilitarización. Países como Colombia o México han visto cómo sus legislaciones avanzan a trompicones, atrapadas entre el deseo de convertirse en potencias
RkJQdWJsaXNoZXIy NTU4MzA1