El Cultivador

31 cultivo exterior El entorno de cultivo influye de manera medible en el perfil químico de los cogollos noción de calidad. Si entendemos la calidad como complejidad química, estabilidad de compuestos y riqueza terpénica, el debate deja de centrarse únicamente en la potencia. Y es precisamente en ese punto donde el cultivo bajo sol natural parece tener argumentos científicos sólidos. Más allá del THC: diversidad química frente a potencia aislada Durante mucho tiempo, el porcentaje de THC se ha convertido en el indicador casi exclusivo de calidad en el mercado cannábico. En catálogos de semillas y envases de productos cannábicos, la cifra destacada en la etiqueta suele ser la concentración de tetrahidrocannabinol, como si este único fitocannabinoide pudiera resumir por sí solo la experiencia completa. Sin embargo, quienes cultivamos y probamos distintas cosechas sabemos que dos flores con porcentajes similares pueden generar efectos notablemente distintos. El delta-9-tetrahidrocannabinol es el principal compuesto psicoactivo de la marihuana. No obstante, la planta produce más de un centenar de fitocannabinoides identificados, como el CBD, CBG, CBC o THCV, además de una amplia gama de terpenos y flavonoides. Esta combinación constituye una matriz química compleja cuya interacción determina no solo la intensidad de la experiencia, sino también sus cualidades. Aquí entra en juego el concepto de efecto séquito. Se conoce con este nombre a la acción sinérgica de diversos cannabinoides y terpenos sobre el organismo. Raphael Mechoulam, padre de la investigación cannábica y descubridor del THC como principio activo de la marihuana, fue quien acuñó la expresión “entourage effect”, que se ha traducido al castellano como efecto séquito. Cuando, como parte de una de sus investigaciones, se encontraba estudiando los efectos del cannabinoide 2-AG, él y su equipo se dieron cuenta de que dos ácidos grasos potenciaban su efecto, aun sin acoplarse a los receptores endocannabinoides. Es decir, descubrieron que había dos compuestos del cannabis que, sin ser cannabinoides, potenciaban la acción de otro que sí lo era. En 1998, se publicó el resultado de dicha investigación, siendo la primera publicación donde se menciona el efecto séquito3. Por tanto, desde una perspectiva bioquímica, no estamos ante una suma aritmética de moléculas, sino ante un sistema interactivo. Un perfil rico en sesquiterpenos, por ejemplo, puede aportar profundidad aromática y, potencialmente, matices en el efecto que no se reflejan en un simple análisis porcentual de THC. Del mismo modo, pequeñas variaciones en cannabinoides minoritarios pueden modificar la percepción subjetiva de claridad mental, relajación o estimulación. Yo misma he cultivado variedades que, sin alcanzar cifras espectaculares de THC, destacaban por su complejidad aromática y por un efecto más suave, menos abrupto y mejor tolerado. Cogollo de exterior Tricomas

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