El Cultivador

42 cultura cannábica Rosin de hachís Hace ya siete años que se publicó la segunda parte de la serie de “Rosin con plancha de pelo”, que puede leerse en El Cultivador N.º44, donde nos centramos en cómo hacer rosin de hachís con una plancha de pelo y la ayuda de un gato de presión. Dicho artículo puede tener relevancia todavía hoy en día para quienes empiezan a hacer rosin, y quieren aprender los conceptos básicos. En esta edición, nos enfocamos en algunas particularidades del rosin de hachís y su versatilidad, al ser un tipo de extracción que es fácil de hacer y que nos permite filtrar las impurezas de cualquier hachís, para poder probarlo en forma de dabs. por A. Flores Verdes, macrohuana@gmail.com Antes flores, ahora hachís Desde 2015 hasta 2020, todas mis cosechas de flores fueron destinadas para hacer rosin. El secado de las flores debía de ser riguroso para que no perdieran la frescura, ni toda la humedad, y quedasen con un poco de esponjosidad para embotarlas y conservarlas en la nevera, con sobres de control de humedad, y así evitar que se curasen. La idea era conservar los aromas frescos, para tratar que no aparecieran aromas curados o evolucionados y así conseguir un rosin de flores de una calidad aceptable. El rosin es una extracción mecánica donde, gracias a la temperatura, la humedad, los diferentes compuestos aromáticos y la presión, conseguimos una resina aceitosa que intentaremos que sea lo más pura y fragante posible. Al prensar flores también estaremos arrastrando todo lo que hay encima de las mismas, igual que lo que hay de más entre el hachís. Si observamos nuestras plantas de cerca, vemos que la superficie de las brácteas y las hojas que las rodean están recubiertas de ceras epicuticulares (“epi”, encima y cutícula, la superficie más externa de las partes herbáceas de las plantas), que están formadas por diferentes compuestos que también son aromáticos. Algunas de estas ceras protegen a las plantas de ataques de ciertos herbívoros o de los rayos ultravioleta, y hacen que sus hojas brillen cuando están vivas o que tengan propiedades hidrófobas. El problema con estas ceras es que se quedan ahí cuando las flores se secan y, al prensarlas, acaban disueltas en el rosin de flores, dejando un sabor particular en el producto final. Puede que, además, los compuestos que forman estas ceras sean los que causan que el rosin de flores se deteriore con más rapidez o facilidad y que tienda a enranciarse mucho antes que un rosin de hachís. Por estas peculiaridades, y muchas otras, entre ellas la logística de secar las plantas, dejé de hacer y consumir rosin de flores, para pasar a congelar todas mis cosechas en fresco para hacer hachís, y después rosin de ese hachís. Lo que tratamos de conseguir al prensar hachís en lugar de flores es obtener una resina más purificada, que es más estable en el tiempo, y que Un dab de rosin de hachís puede ser más efectivo a la hora de vaporizarse Degustar un buen rosin de hachís de nuestras propias plantas es fácil de hacer y muy satisfactorio

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