19 cultivo básico Si germinas en mayo, tienes por delante unos meses de crecimiento ininterrumpido que prepararán a tus plantas para una floración explosiva debes asegurarte de obtener tus esquejes de una fuente de absoluta confianza para no introducir plagas invisibles en tu jardín. El reloj interno: fotoperiódicas frente a autoflorecientes Una vez decidido el origen, toca elegir el comportamiento de la planta. Esta es, quizás, la decisión que más impactará en tu calendario y en la gestión de tu cultivo. Las plantas fotoperiódicas son aquellas que dependen de las horas de luz para saber en qué fase de su vida se encuentran. Mientras los días son largos (primavera y principios de verano), la planta se dedica exclusivamente a crecer y ganar tamaño. Cuando los días empiezan a acortarse a finales de verano, la planta recibe la señal de que el invierno se acerca y comienza a florecer para reproducirse antes de morir. Si plantas una variedad fotoperiódica en mayo, tendrás una planta en fase de crecimiento durante casi tres meses. Esto se traduce en plantas grandes, muy productivas y con un sistema radicular masivo. Son ideales si tienes espacio, buscas una gran cosecha y no tienes prisa, ya que estarás cortando entre septiembre y octubre. Las plantas autoflorecientes, por el contrario, no dependen del sol para florecer, sino de su propia edad. Tienen un reloj genético interno (heredado de la subespecie Ruderalis) que las hace empezar a florecer automáticamente tras unas 3 o 4 semanas de crecimiento, independientemente de las horas de luz que reciban. Su ciclo de vida completo, desde la semilla hasta la cosecha, suele durar entre 2 y 3 meses. Para un cultivador principiante en mayo, las autoflorecientes son una herramienta fantástica. Al no crecer durante meses, mantienen un tamaño compacto y discreto, perfecto para balcones o terrazas. Además, te permiten esquivar las lluvias otoñales, ya que si plantas en mayo, estarás cosechando en pleno julio o agosto. La clave con las autoflorecientes es que no tienen tiempo para recuperarse de los errores; necesitan un sustrato muy esponjoso, macetas definitivas desde el principio (los trasplantes las estresan y frenan) y un riego muy cuidadoso durante sus primeras semanas. Preparando el entorno: sustrato, macetas y ubicación El éxito de tu cultivo en exterior depende en gran medida de dónde y cómo albergues las raíces. El cannabis ama el sol directo. Busca el rincón de tu terraza, balcón o jardín que reciba el mayor número de horas de sol directo al día; un mínimo de 6 horas es esencial, pero cuantas más, mejor. El sustrato es el hogar de tus plantas y escatimar en él es el error más caro que puede cometer un principiante. Olvida la tierra barata de los bazares; es densa, retiene demasiada humedad
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